POR: ZASHENKA VERA NINA
¿El himno de los desaparecidos? “La Cumbia de los Monjes”, interpretada por Grupo G, tiene una melodía que difícilmente haría pensar en el dolor que hoy evoca en videos de TikTok. Sin embargo, en México, Perú y otros países latinoamericanos, sus primeros acordes se han convertido en un símbolo de una realidad desgarradora: las madres buscadoras.
No buscan objetos perdidos ni pertenencias reemplazables. Buscan a sus hijos, que un día salieron de casa y nunca regresaron. Su lucha lleva años, incluso décadas, entre puertas que se tocan, respuestas que no llegan y una justicia que parece distante
Durante 2025, el Comité Internacional de la Cruz Roja registró 178 329 nuevas solicitudes de búsqueda en su red internacional. México reportó 12 037 personas desaparecidas y Brasil, 81 064 denuncias. En el Perú se registraron 20 947 denuncias, de las cuales 124 corresponden a Moquegua.
El mundo sigue en movimiento: salimos, trabajamos, estudiamos y regresamos a casa. Pero para miles de familias, la incertidumbre de no saber si volverán a ver a sus seres queridos no termina al caer la noche. Muchos creen que estas situaciones ocurren en lugares lejanos, ajenos a nuestra realidad. Están equivocados: muchas veces no somos conscientes de lo que sucede a nuestro alrededor hasta que una noticia nos enfrenta con ello.
El 14 de julio de 2026, en Arequipa, el carpintero Julio Jesús Roncal Cáceres, de 25 años, salió de su trabajo y no regresó. Según el relato de su familia, fue visto después en un hostal, en compañía de dos mujeres. Desde entonces, su madre, Luz Marina Cáceres, sigue la investigación y se aferra a cualquier información que permita encontrarlo. No se trata simplemente de alguien que decidió marcharse, como algunas respuestas parecen sugerir, sino de un hijo cuya ausencia mantiene a su madre esperando.
Según su madre, ha recibido contestaciones como: “Señora, su hijo se fue a otro lugar” o “Señora, su hijo está de fiesta”. ¿Desde cuándo una madre debe conformarse con suposiciones? ¿Desde cuándo una desaparición puede reducirse a comentarios sin pruebas? La familia denuncia, además, que el establecimiento donde Julio fue visto no ha proporcionado las grabaciones completas de sus cámaras de seguridad.
Mientras Luz Marina intenta reconstruir sus últimos pasos entre registros, testimonios y diligencias, cada día sin información aumenta la incertidumbre. No pide privilegios: pide que la investigación avance, que se agoten los medios disponibles y que pueda saber qué ocurrió con su hijo. Para algunos será un expediente más; para ella, cada jornada significa otra llamada que espera, otra puerta por tocar y una esperanza que se niega a abandonar.
Julio tiene una familia que lo espera. Las personas desaparecidas no son solo nombres en una alerta, fotografías compartidas o cifras: tienen vidas, sueños y seres queridos que desean volver a abrazarlas.
Porque hoy son ellas quienes buscan a sus hijos, pero mañana podría ser tu madre quien te busque a ti, o podrías ser tú quien busque al tuyo.

