Halloween: cuando la ciencia explica los misterios detrás del miedo

Desde las reacciones del cerebro ante el miedo hasta la química de las calabazas y la física de los efectos especiales, Halloween también es una oportunidad para descubrir la ciencia que se esconde detrás de lo aparentemente inexplicable.

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POR: PH.D. ING. AVID ROMAN-GONZALEZ

Cada 31 de octubre, millones de personas en distintas partes del mundo celebran Halloween con disfraces, calabazas iluminadas, historias de terror y escenarios misteriosos. Aunque suele asociarse con lo sobrenatural y lo inexplicable, esta festividad también ofrece una oportunidad para explorar fenómenos que tienen una explicación científica.

Uno de los protagonistas de Halloween es el miedo. ¿Por qué sentimos temor cuando vemos una sombra, escuchamos un ruido inesperado o imaginamos que algo se esconde en la oscuridad? La respuesta está, en parte, en nuestro cerebro. Ante una posible amenaza, la amígdala cerebral participa en el procesamiento de las emociones y activa respuestas de alerta. El organismo puede aumentar el ritmo cardíaco, acelerar la respiración y preparar los músculos para reaccionar. Se trata de mecanismos de supervivencia que han acompañado a los seres humanos a lo largo de su evolución.

Pero no todo el miedo es igual. Cuando vemos una película de terror o participamos en una experiencia diseñada para asustarnos, sabemos que, en principio, estamos en un entorno seguro. Esa combinación entre peligro imaginado y seguridad real puede generar una experiencia emocionante. La psicología estudia cómo nuestras expectativas, recuerdos y percepciones influyen en la manera en que interpretamos aquello que nos parece amenazante.

La oscuridad también desempeña un papel importante. Cuando hay poca luz, nuestros ojos dependen principalmente de los bastones de la retina, células sensibles a la iluminación, pero que no permiten distinguir los colores con la misma precisión que los conos. Por eso, en ambientes oscuros perdemos detalles visuales y podemos interpretar formas poco definidas como figuras conocidas o amenazantes. En ocasiones, aquello que parece un fantasma puede ser simplemente una percepción incompleta de nuestro entorno.

Otro elemento característico de Halloween son las calabazas talladas e iluminadas. Más allá de su valor decorativo, estos frutos permiten acercarnos a la biología vegetal y a la química. Su color anaranjado se debe principalmente a pigmentos llamados carotenoides, entre ellos el betacaroteno. Estos compuestos también están presentes en otros alimentos, como las zanahorias, y participan en procesos biológicos importantes; algunos, como el betacaroteno, pueden convertirse en vitamina A en el organismo.

Los disfraces y efectos especiales también tienen mucho de ciencia. La óptica, la iluminación y la percepción visual permiten crear ilusiones que transforman rostros y espacios. La física explica cómo la luz produce sombras, cómo los espejos modifican las imágenes y cómo ciertos materiales pueden generar efectos sorprendentes. Incluso el maquillaje de caracterización combina conocimientos de química y materiales para crear heridas ficticias, transformaciones y personajes fantásticos.

Halloween también puede convertirse en una oportunidad para que niñas, niños y jóvenes experimenten con la ciencia. Observar cómo cambia una sombra al mover una fuente de luz, explorar ilusiones ópticas, estudiar los pigmentos naturales de los vegetales o comprender por qué se producen ciertos sonidos son actividades sencillas que despiertan la curiosidad y fomentan el pensamiento científico.

En una época en la que las noticias falsas, las supersticiones y la desinformación circulan con facilidad, Halloween nos recuerda la importancia de preguntar, observar y buscar explicaciones basadas en evidencias.

La ciencia también puede ser fascinante, sorprendente y, por qué no, un poco aterradora.

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