¿Qué hizo especial la campaña de Verónika?

La planificación, el trabajo territorial y la discusión de un modelo de desarrollo regional marcaron diferencias frente a la lógica de negociación de favores y cuotas de poder.

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POR: ANDY PHILLIPS ZEBALLOS

Este artículo no pretende analizar las razones de la victoria en primera vuelta de Verónika Mendoza (VM) en la región Cusco, sino subrayar los elementos diferenciadores de su campaña respecto de cómo se venían desarrollando las campañas regionales en los últimos años.

La excongresista y dos veces candidata a la Presidencia de la República por la izquierda ha provocado un terremoto político que ha remecido incluso al poder en Lima. Lógicamente, será recién a partir del 1 de enero cuando veremos cómo su gobierno, el manejo político frente a un Consejo Regional fragmentado y su posicionamiento ante la agenda nacional la perfilan dentro y fuera del Cusco.

De momento, VM será la primera gobernadora regional del Cusco y la única mujer gobernadora regional del periodo 2027-2030. Pero su victoria no constituye un hito únicamente desde el punto de vista de la participación de las mujeres en política, sino también por su planteamiento de campaña.

PLANIFICACIÓN ANTES QUE MILLONES

La campaña de VM fue planificada. Tal vez sin saber con certeza si finalmente se postularía o no, comenzó a recorrer la región del Cusco hace al menos tres años, cuando inició un trabajo de diálogo y escucha con las comunidades. El objetivo no era solo conocer sus problemas —o “retos”, como se les llama ahora—, sino también las potencias y oportunidades de desarrollo de cada territorio, de cada cadena productiva y de cada grupo poblacional.

Esto requiere planificación, tiempo, pausa y una enorme capacidad de escucha. Cualidades que no solo los millones de los “padrinos” no pueden comprar, sino que incluso pueden terminar interrumpiendo. Porque la lógica del dinero es la de la eficiencia y el cálculo del costo-beneficio, mientras que escuchar, deliberar y construir consensos requiere precisamente aquello que esa lógica suele considerar un gasto: tiempo.

TERRITORIO ANTES QUE “PRENSA A FAVOR”

La campaña de Mendoza ha tenido en contra no solo a los principales medios de comunicación del Cusco, sino también a los de Lima. De repente, la política fuera de Lima despertó el interés de Perú21 o la revista Cosas. ¿Raro, no?

No obstante, esa desventajosa relación con la “prensa” se contrarrestó con la movilización de juventudes, un notable desenvolvimiento en redes sociales y su trabajo territorial en las 13 provincias de la región.

Por supuesto, es más fácil prescindir de la “prensa a favor” cuando se trata de una figura de alcance nacional y ampliamente conocida.

SE DISCUTE EL PROGRAMA, NO SE NEGOCIAN FAVORES

Se dice que las campañas subnacionales son “menos políticas” que las nacionales. Que en ellas importa menos convencer al electorado de una determinada visión política que negociar con los distintos sectores, asegurando adhesiones.

Y, en efecto, así entienden la política muchos candidatos a políticos. Destinan grandes sumas de dinero a lo que llaman “logística” y pagan a comunicadores bajo el argumento de mantener “buenas relaciones públicas”. A cambio, ofrecen obras, contratos y puestos de trabajo a diestra y siniestra, como si gobernar consistiera solo en distribuir favores y asegurar lealtades.

En ese contexto, la competencia electoral parece reducirse a una carrera por demostrar quién está en mejores condiciones de repartir tales beneficios, antes que a una discusión sobre qué modelo de desarrollo regional se propone, cómo se financiará y cómo impactará en las mayorías sociales.

Aunque no es la primera vez que la izquierda y los movimientos populares irrumpen en un gobierno regional, la de VM sí rompe una tendencia que se ha ido consolidando desde la segunda década de este siglo con partidos que han tenido éxito en obtener gobiernos regionales, como APP, AP o Somos Perú: el progresivo abandono de la discusión sobre un modelo alternativo de desarrollo en favor de una lógica transaccional, marcada por la negociación de cuotas de poder y repartija.

Frente a todo esto, parecía que no había alternativa. Bueno, sí la hay.

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