POR ENRIQUE RIVERA
Como siempre, antes de escribir sobre un tema periodístico, doy algunas antesalas para comprobar lo que se ha vivido sobre el tema escogido. Esta vez quiero dar a conocer que, en los cientos de artículos que he escrito, gracias a Dios, las personas de las cuales me he ocupado las he tratado personalmente, pues en mis 60 años de periodista, Dios me iluminó para hacerlo.
Comenzamos diciendo que Luis Abarca Sánchez trabajó en la Municipalidad Provincial de Islay como vigilante de las playas, destinándosele una vivienda en lo que actualmente es el malecón costero; pero su función principal, desde el año 1958, fue realizar la limpieza de las mangueras que surtían agua proveniente del mar a la piscina municipal.
Conocido por su fortaleza física y habitual trabajo acuático, le gustaba mucho el mar y, ante la falta del Cuerpo de Salvataje de la Policía Nacional en aquellos tiempos, surgió la figura de nuestro socorrista Luis Abarca, quien en muchas oportunidades salvó a varias personas, entre jóvenes y adultos, de morir ahogadas.
En ese entonces, Luis Abarca tenía una larga cabellera que, unida a sus características de osado nadador y excelente buceador, hacía que la gente lo empezara a llamar “Tarzán”, parangonándolo con el famoso personaje de las películas de la selva.
Luis Abarca salvó a varias personas y niños en la misma piscina municipal y no solo se dedicaba a llenarla prácticamente, sino que también brindaba recomendaciones a los veraneantes que llegaban de Arequipa y de otros lugares, teniendo especial cuidado con los niños.
Luis Abarca colaboró eventualmente para la Municipalidad Provincial de Islay durante muchas administraciones, lo que constituye alrededor de cuatro décadas, especialmente cuando era alcalde el Dr. Edgar Ibarcena Acosta.
Finalmente, podemos decir que nuestras playas, escenario de alegrías y tristezas, de tertulias y soledades, de falta de valores y heroicidades, nos traen a la memoria aquellos tiempos en que no existía el Cuerpo de Salvataje de la Policía Nacional del Perú y surgió la figura de Luis Abarca Sánchez como ejemplo de lealtad, honor y modestia.
Me olvidaba decirles que en esos tiempos venían muchas familias a veranear a nuestras playas, especialmente de Arequipa, y cada temporada se producían casos de ahogados, sobre todo en la Primera Playa. Nuestro “Tarzán Mollendino” salvaba entre cinco y seis personas, tanto adultos como niños, de la braveza del mar; sin embargo, nunca cobró nada y lo único que recibía de premio era un “muchas gracias”, y con esas palabras se sentía halagado.

