Tan fuerte como Sol: la lealtad a prueba de todo

Cuando uno se enternece con sus travesuras y también con su inteligencia, solo queda decir: “Eres grande, Sol”.

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POR: OMAHAR TORRES

Es el primer amigo que gané cuando llegué por estos lares. Se acercó y me miró como evaluando; luego dio un par de vueltas alrededor mío y dictaminó que estaba a prueba. Él decidiría en qué momento pasaría al siguiente nivel de cercanía.

Pasó un tiempo no muy largo y cambió el veredicto: de ser el visitante, pasé a ser parte de su familia. Quizás las heridas de guerra de tus primeros meses de vida en el monte determinaron tu partida, o quizá tu espíritu decidió que quería ser libre como el viento, ese que ahora cuesta respirar al sentir la pena de tu ausencia.

Dicen que la lealtad que une a los caninos con los humanos está en sus cerebros, que liberan inmensas cantidades de la hormona de la confianza y del amor, por encima de cualquier interferencia terrenal. Sin importar el tiempo, la distancia o las circunstancias, siempre están a nuestro lado, con esa mirada que te alegra el día.

Tu temor a los rayos, truenos y lluvia fuerte lo enfrentabas porque entendías nuestro lenguaje corporal al abrazarte, el tono de la voz con que te decíamos que ya iba a pasar y la emoción de sentir tu corazón acelerado. Y al cantar en los cumpleaños eras el más entonado.

Los años se multiplican de uno a siete. Por eso la estancia se siente tan corta, y más cuando es tiempo de irte, que tengo por seguro que no lo querías hacer, pero aceptaste porque era lo correcto.

Muchos dicen que no se debe proteger a los amigos de cuatro patitas, pero es una idea errónea. Lo piensan quienes no han sentido su amistad y respaldo en nuestros momentos difíciles.

Mientras en Europa, en los últimos años, se exige documentación de propiedad, chip de identificación y protección sanitaria, en nuestro país recién estamos avanzando con la Ley 30407, Ley de Protección y Bienestar Animal, porque si decidimos tenerlos a nuestro lado, también asumimos la responsabilidad de procurarles calidad de vida. Son seres vivos y, quizás, mucho más sensibles que los humanos.

En la familia son parte de nuestra historia. Desde hace muchos años, nombres muy familiares están presentes, cada uno con identidad y personalidad propia: Ethan, Nyah, Max, Neo, Nayita, Tyra, Yaomi, Luna, Sol, Zendaya —la novia del Hombre Araña—.

Al igual que en las casas donde ellos están, nuestras mascotas nos hacen ser mejores ante la vorágine de una sociedad materialista, con altos niveles de ecpatía, con C, no con M.

En la provincia de Islay tenemos la Ordenanza Municipal N.° 450-MPI, que estableció el régimen de tenencia, protección y bienestar animal, buscando erradicar toda forma de dolor, maltrato, actos de crueldad y sufrimiento.

Es un avance, esperando que las autoridades y ciudadanos la cumplamos, porque así como hay deberes también se detallan obligaciones para todos los que asumimos tener un miembro más de la familia, a quienes prodigamos afecto en pequeñas cantidades, porque el de nuestras mascotas hacia nosotros es un millón de veces mayor.

Cuando uno redacta noticias, artículos de opinión política, económica o jurídica, no quisiera escribir sobre nuestro entorno más cercano, pero estoy seguro de que es una forma de liberarse de la congoja.

Porque quien se enternece con sus travesuras y también con su inteligencia, esa que a veces nos hace decir que solo les falta hablar, entiende lo que significa su presencia.

Solo me queda decir: “Eres grande, Sol”.

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