Polarización o complementariedad histórica

Lima y el norte propugnan por más inversión privada; la sierra centro y el sur requieren más Estado eficiente.

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POR: EDGARD NORBERTO “BETO” LAJO PAREDES

A las 17:00 horas del día domingo 07/06/2026, los canales de TV nacionales dieron resultados a boca de urna de la segunda vuelta electoral, proporcionados por empresas encuestadoras: Datum, Keiko Fujimori 50,53 % y Roberto Sánchez 49,47 %; Ipsos, Keiko Fujimori 50,7 % y Roberto Sánchez 49,3 %. En promedio, 1 % de diferencia a favor de Fuerza Popular. Es un empate estadístico. Políticamente, ¿es un país polarizado o de partes complementarias?

Lo de “país polarizado” se dio en las Elecciones Generales de 2011, con Keiko Fujimori y Ollanta Humala; y en 2021, con Keiko Fujimori y Pedro Castillo, entre la derecha neoliberal y la izquierda estatista. En 2016, con Keiko Fujimori y Pedro Pablo Kuczynski, se polarizó entre dos candidatos de derecha neoliberal, con planes de gobierno siameses, defensores de la Constitución de 1993 y creyentes en la inversión privada nacional y extranjera. Debieron cogobernar; sin embargo, hubo mayor confrontación, provocándose la riesgosa inestabilidad: renuncia forzada del presidente Kuczynski; sucesión constitucional de Martín Vizcarra; disolución del Congreso de la República, cierre por negación fáctica; vacancia del presidente Vizcarra por el Congreso que él propició en reemplazo del que fue cerrado; ascenso de Manuel Merino, en ese entonces presidente del Parlamento; renuncia de Merino por presión popular; y asunción de Francisco Sagasti.

El lustro 2021-2026 estuvo signado también por la inestabilidad política, dándose con la existencia de cuatro presidentes, lapso en que fueron vacados tres jefes de Estado por permanente incapacidad moral. Felizmente, la macroeconomía, con inflación de un dígito, déficit fiscal controlado, deuda pública en el rango aceptable, grado de inversión óptimo, altas reservas internacionales netas, gasto estatal razonable y sol peruano respetable, se mantiene firme, a pesar de la inestabilidad política, lo cual sigue sorprendiendo al mundo entero. En esta década, no se llegó a ningún entendimiento entre los actores de la política nacional.

A las 21:00 horas vino el conteo rápido integral, que dio ganador a JP con 50,3 % de votos, frente a FP con 49,7 %; viéndonos obligados a esperar con calma hasta que el JNE se pronuncie, proclame los resultados y declare al ganador o triunfadora de la contienda presidencial. La votación es indiscutiblemente un empate técnico, dividiendo al país exactamente en dos partes iguales. Nos preguntamos: ¿seguimos siendo un país polarizado? ¿La confrontación persistirá en las calles, denunciando fraude si gana Fuerza Popular, o en el Congreso de la República si gana Juntos por el Perú, donde abundarán las mociones de vacancia por permanente incapacidad moral?

O nos llenamos de optimismo y, aprendiendo de la historia reciente, no descartamos la posibilidad de que Fuerza Popular asuma una conducta por la gobernabilidad y Juntos por el Perú dé muestras de madurez cívica. Ello, por cuanto el Congreso electo 2026-2031, aparentemente, es mejor que el que se va, signado con la calificación popular de “pacto mafioso”. Además, los peruanos debemos decir basta ya de inestabilidad; aprendamos a coexistir en democracia.

Demos otra lectura a los resultados: Lima y el norte propugnan por más inversión privada; la sierra centro y el sur requieren más Estado eficiente. Tal hecho es un reto de complementariedad histórica para el Gobierno y Parlamento nacionales entrantes: propiciar la inversión privada descentralizada y, a la vez, la acción estadual eficiente. Esperamos lo consigan. Es imprescindible superar la década de fragilidad política, dejar de ser un país de “régimen híbrido” y convertirnos en una nación de democracia plena.

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