POR: ENRIQUE RIVERA SALAS
En esta oportunidad damos la segunda parte de este importante relato para el historial de nuestro querido Mollendo, especialmente para nuestras futuras generaciones, sobre el paso por la Fuerza Aérea Peruana de Juan Benavides Dorich.
Nueve aviones fortalezas volantes del comando USAF del Caribe, que estaban operando desde Chiclayo, se sumaron a la búsqueda.
Un avión anfibio Amauta del Instituto de Lingüística, otro de la International Petroleum Company (IPC) y uno de la compañía peruana de aviación comercial Faucett trabajaron a diario en el rastreo. La prensa nacional daba cuenta de la intensa búsqueda.
Diez días después, el 20 de octubre, un bimotor de la USAF logró ubicar al bimotor Douglas, estrellado y destruido en las faldas de la cordillera Oriental, en las laderas llamadas Campanaquiz. La zona se ubica entre los ríos Marañón y Nieva. Fue titánico el operativo de rescate, por lo agreste de la selva en esa zona.
La confirmación del hallazgo disipó toda esperanza. El mayor Benavides Dorich fue hallado sin vida. La FAP se conmocionó con el trágico final de su existencia. Hondo pesar recayó en los servicios médicos. Sentían que con Juan Benavides Dorich habían perdido a un excelente profesional de la medicina, llamado por su capacidad a cumplir jerarquías superiores. No recibió orden para viajar; era su firme deseo de servir a la FAP. Era un jefe que irradiaba corrección y voluntad de trabajo.
Admitían sus compañeros y colegas médicos que había muerto en su ley, sirviendo en los últimos confines de la patria, hasta el sacrificio.
La prensa nacional destacó su figura. La noticia golpeó también en su tierra natal, donde había gente que lo recordaba.
En su sepelio, dijo un compañero suyo: “Cumplió con su destino, se ha inmortalizado luchando por cumplir su deber, entregando un fértil producto. Es un ejemplo que recogerán las sucesivas generaciones de médicos de la FAP, a través del tiempo, hasta cumplir como él sus sagrados e ineludibles deberes”.
Años después, al cumplirse el 45.° aniversario del Hospital Central de la FAP, se quiso rescatar su ejemplo y rendirle el homenaje eterno que merece su esfuerzo y sacrificio, poniéndole su nombre a este nosocomio: Comandante DAP Médico Juan Benavides Dorich.
Dijo la nota de prensa del hospital de este instituto militar tutelar de la patria: “Nuestro nosocomio se vistió de gala para realizar la ceremonia de develación de las letras doradas que lo denomina y que nos recuerda a este mártir, que supo entregar su vida en beneficio de nuestra institución”.
La decisión de los altos mandos de la Fuerza Aérea Peruana fue un acto de justicia para el médico mollendino y un honor para su esposa, Teresa Labarthe Correa, viuda de Benavides, y su hijo, Juan Benavides Labarthe, quienes estuvieron como invitados de honor.

