POR: GUSTAVO VALCÁRCEL SALAS
Este tres de abril se conmemoró el bicentenario de la instalación del Colegio Nacional de Ciencias y Artes San Simón, siete meses después de que fuera fundado el 8 de setiembre de 1825 por el Libertador Simón Bolívar. Desde 1828 pasó a llamarse Colegio Nacional de La Libertad; hoy es Simón Bolívar.
Ese día, el coronel Manuel Muñoz, que se desempeñaba como gobernador intendente de la provincia de Moquegua, en consorcio con la muy ilustre Municipalidad, se reunieron en la iglesia San Francisco, convertida en capilla privada del colegio, para dar cumplimiento a la orden superior dispuesta por el general de división Antonio Gutiérrez de la Fuente, prefecto del departamento de Arequipa, que disponía la instalación del plantel en los seculares claustros del que fuera el supreso Colegio de Propaganda Fide, que a su vez heredó el inmueble del Colegio San José, encomendado a los jesuitas en 1708 por su fundador José Hurtado de Ichagoyen, una vez que estos fueron expatriados.
Nombraron como «rector en propiedad» del colegio al doctor Manuel Ignacio Hurtado y Zapata, juez de Derecho que se encontraba en Lima por haber sido elegido diputado por esta provincia al Congreso Constituyente. El día de la instalación eligieron, en su reemplazo, como rector interino al doctor Baltazar Zevallos, quien prestó el juramento de estilo ante el intendente.
En seguida, recibió el reconocimiento de toda la corporación del colegio, delante de los alumnos agraciados y pensionistas de las provincias de Moquegua, Tacna y Tarapacá que estuvieron presentes en este acto protocolar, del cual daba fe el secretario Juan Pablo Vizcarra.
Funcionaría con las rentas que dieciocho haciendas del valle pagaban desde el siglo XVII al convento de La Merced del Cusco, renta que ascendía a ocho mil quinientos dieciséis pesos y seis reales.
El plan de estudios estuvo a cargo del tesorero de la santa iglesia catedral de Arequipa, el doctor Francisco Javier Luna, que fue revisado por el doctor Manuel Hurtado Zapata, el doctor Eugenio Barrios y el doctor Mariano Barrios, quienes le dieron su aprobación.
En el colegio se enseñaba Retórica, Política, Derecho Natural y de Gentes, Matemáticas, Religión, curso de Latinidad, Lengua Francesa e Inglesa, Música, Dibujo, Baile.
Se nombró como catedrático de Latinidad al reverendo padre fray Buenaventura Polar, que fuera profesor del fenecido Colegio de Propaganda Fide, recomendado por sus ideas liberales y se esperaba influyera en sus discípulos. El curso de Lengua Francesa estuvo a cargo de Pedro Matías Gastó.
El colegio se inició con veinte colegiales agraciados; ocho de los niños debían ser de esta ciudad, seis de la provincia de Tarapacá y tres de la de Arica. Se comunicaba que, por ahora, solo los indígenas agraciados podrían ser admitidos como colegiales sin saber leer y escribir, para que aquí se les eduque.
Para ser admitido como pensionista, el alumno deberá tener de diez años hasta dieciocho; dar por una vez tres onzas de oro, dos serán para el servicio del refectorio y una para el de la capilla.
El colegio, por tener el régimen de internado, le dará casa y alimentación, además de la enseñanza, alumbrado, asistencia médica, etc. Los exámenes se darán cada siete meses.
Entre otros integrantes de la primera promoción que ingresaron en el Colegio de Ciencias y Artes de San Simón, tenemos a los hermanos Gregorio y Pedro Mariano Cabello Zapata, que se graduaron en 1829, cuando el plantel, desde el año anterior, cambió de nombre por Colegio Nacional de La Libertad. Pocas semanas después viajaron a París a seguir estudios superiores, donde brillaron como estudiantes y, a su retorno, en nuestro país, como profesionales.

