POR: VICENTE ANTONIO ZEBALLOS SALINAS
La segunda vuelta electoral ensombreció evaluar los resultados electorales respecto a la nueva composición del Parlamento, más aún cuando tenemos al Senado, que no solamente viene a incrementar el número de representantes, sino que también asistimos a una redistribución de competencias, dejando la centralidad de la cámara única para pasar a un desdoblamiento de las responsabilidades y del protagonismo político.
Cerrado el escrutinio y pendientes de la proclamación oficial, pese a la casi nula aceptación ciudadana del actual Congreso, tres de las actuales agrupaciones políticas repiten participación: Fuerza Popular, Renovación Popular y Juntos por el Perú, y con un importante caudal electoral, lo que sugiere un electorado inconsecuente, pues nada trascendente ha ocurrido en el ámbito político como para permitir al elector entregar nuevamente la confianza a quien hasta hace poco deploraba. Este fenómeno se encuentra en ambas cámaras. A ello agregamos el surgimiento de tres nuevas agrupaciones: Buen Gobierno, Obras y Ahora Nación.
Resulta irónico, pero hay que anotarlo. Recuerdo que, aun cuando no teníamos en agenda las elecciones generales, el politólogo Fernando Tuesta Soldevilla manifestaba que, con las elecciones primarias —una modificación a la normativa electoral alteró su obligatoriedad—, solo cinco o seis partidos ingresarían a dichas elecciones generales. El tiempo y los propios resultados le dieron la razón. Cuánto hubieran cambiado los resultados electorales con su aplicación, evitándonos la atomización del proceso, en el que un grueso de agrupaciones no superó siquiera el 1 %. Obviamente, bajo un proceso con agrupaciones políticas más acotado, los resultados serían diferentes.
VACANCIA, JUICIO POLÍTICO Y BICAMERALIDAD
Si bien se le entrega el control político por excelencia a la Cámara de Diputados, la Cámara de Senadores asume mayor protagonismo con las significativas funciones entregadas. Lo que ha venido siendo un factor de inestabilidad y arma de bajo calibre para imponerse un poder sobre otro y mostrar su preponderancia es la instrumentalización de la vacancia presidencial y el juicio político: uno para defenestrar presidentes y otro para coartar la independencia de otros poderes.
Si bien se mantienen intactas las posibilidades de su uso político, dos factores exigirán mayor cordura y evitarán la agilidad revanchista de su aplicación: participan ambas cámaras y en ambas se exigen mayorías calificadas. El tránsito de una cámara a otra toma sus tiempos. Por otro lado, la emergente composición de las cámaras, a partir de agosto próximo, nos muestra que ninguna tiene una mayoría gravitante para lograr ese posible objetivo, pero sí la confluencia de fuerzas para evitarlo.
Veamos esto último: Fuerza Popular tiene 22 senadores, lo que evita lograr los 40 votos, el equivalente a dos tercios para la vacancia o la inhabilitación, si fuera el caso. Juntos por el Perú, si bien tiene 14 senadores, en esta última fase del proceso electoral ha mostrado confluencia de ideas con otras dos agrupaciones, sumatorias que evitarían las posibilidades de vacancia. No obstante, debemos ingresar al realismo político: nuestra representación es inestable, poco apegada a lealtades y consecuencias ideológicas; el transfuguismo es su sello, por lo que hablar de mayorías estables es ilusorio.
EL SENADO Y LOS ÓRGANOS CONSTITUCIONALES
Al restituido Senado le corresponderá la elección de los magistrados del Tribunal Constitucional y del defensor del Pueblo, cuyos mandatos están por vencer. Se trata de dos órganos constitucionales determinantes para nuestro fortalecimiento democrático, que hasta hoy han asumido una oscura labor, apegada al poder político de turno, renunciando a su independencia y al protagonismo institucional, mostrándose genuflexos con las decisiones parlamentarias.
A ello se añade que el defensor del Pueblo preside la Comisión Especial, la misma que se encarga del proceso de elección de los miembros de la Junta Nacional de Justicia. Esta última tiene importantes competencias que, lastimosamente, han sido dispuestas para acosar la independencia de jueces y fiscales.
Fuerza Popular y Renovación Popular de López Aliaga suman 30 de 60 votos en el Senado, que, si bien con algunas deserciones se convierten en mayoría, resulta insuficiente para una mayoría calificada, necesaria para las más importantes decisiones. Dada la presencia de una representación política con propio peso político, intelectual y académico en las demás agrupaciones, obligarán a una articulación entre todas las fuerzas políticas. Entendámoslo: construcción de consensos que pueden encaminarse hacia una agenda parlamentaria con una visión de país.
LA CÁMARA DE DIPUTADOS
En el caso de la Cámara de Diputados, ya no tendrá la disposición de otorgar o no la confianza luego de la primera presentación del presidente del Consejo de Ministros, que si bien se mantiene, está exceptuada de generar votación alguna. Es la única modificación relevante recogida en la ley de reforma que restituye el Senado respecto a las relaciones Ejecutivo-Legislativo.
Sin embargo, todos los demás instrumentos de control político se mantienen habilitados, dependiendo su ejercicio de la composición de fuerzas políticas. Fuerza Popular y su natural aliado, Renovación Popular, suman 57 votos; no logran mayoría absoluta y menos calificada, y tendrán que hacer importantes esfuerzos para inducir a otros representantes a sus maquiavélicas decisiones, como lo han venido mostrando en su labor durante este último lustro parlamentario.
Juntos por el Perú tiene 32 diputados. Suponiendo que Obras le endose sus 14 diputados, estarán aún muy distantes de una mayoría decisoria. En consecuencia, un rol importante en la estabilidad política y en las relaciones Ejecutivo-Legislativo, asumiendo un verdadero rol de árbitros en la compleja escena política, será asumido por Buen Gobierno con sus 16 diputados y Ahora Nación con sus 11 diputados.
UN PARLAMENTO AUSPICIOSO, CON RESERVAS
Centrándonos en los resultados electorales y la nueva composición parlamentaria, resulta auspiciosa, aunque con reservas. No tendremos un Parlamento fraccionado en exceso. No estarán las fuerzas políticas que mercantilizaron la política. No estarán históricos partidos que, si bien podían darle el peso de la experiencia, también aportaban las mañas para la manipulación. Tampoco se trata de un Parlamento nuevo, pues muchos fueron reelegidos u otros ya tuvieron la experiencia de periodos pasados.
Es evidente que también nos encontramos con una amenaza: Fuerza Popular, con representación mayoritaria en ambas cámaras, mostrado como un partido político solvente y articulado, con estructura orgánica nacional, militancia activa, escuela de líderes, soporte técnico y propuestas de gestión, lo que contrasta con la restante representación parlamentaria, con graves debilidades internas más proclives al rompimiento. Bajo esta observación, se propone como una agrupación con capacidad para liderar políticamente el Congreso, lo que lo reduciría, una vez más, a un Congreso obsecuente, operativo a los designios de esa agrupación.
Dado el contraste electoral del que no acabamos de salir, no podemos reducir la política ni los espacios democráticos al actuar y decidir de las agrupaciones políticas. Esta coyuntura es propicia para un mayor involucramiento ciudadano, y así lo exige el momento histórico político que compartimos. A su efecto, el devenir político de nuestro país descansa en las responsabilidades que colectivamente podamos asumir.
Nuestra democracia y sus debilidades reclaman una renovación política. Vayamos construyendo esos espacios para salir de la protesta o reclamo y pasar a la responsabilidad de ser parte de las soluciones de nuestras carencias y, sobre todo, de la crisis democrática en la que estamos inmersos. La democracia no se reduce a elecciones; es eso y más que eso, y allí está el espacio necesario de participación que debemos exigirnos.

