Asesinato del presidente José Balta, gobernante del Perú

No se trata de un permanente descontento, se trata de recuperar nuestra democracia colocando como protagonista a nuestros ciudadanos y necesariamente debe establecerse con rigor nuestras debilidades.

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POR: MIGUEL ARTURO SEMINARIO OJEDA [RESPONSABLE DEL MUSEO ELECTORAL Y DE LA DEMOCRACIA DE LA DNE DEL JURADO NACIONAL DE ELECCIONES]

No son pocos los historiadores que señalan que el siglo XIX es el siglo de las ocasiones perdidas en el Perú. Se perdió la guerra de Chile contra el Perú y Bolivia, y se perdió la oportunidad de la explotación del guano y el salitre que generaría grandes ingresos al Estado. Estos episodios han sido protagonizados por peruanos y por peruanas de huella no perecible, y que hasta hoy se conservan en la memoria colectiva.

Uno de los protagonistas de ese tiempo fue quien sería presidente constitucional del Perú, don José Balta y Montero, nacido en la ciudad de Lima el 25 de abril de 1814, y murió asesinado el 26 de julio de 1872. Se le recuerda como un militar y político, gobernante del Perú de 1868 a 1872.

Eran tiempos en los que los civiles aún no habían ganado elecciones presidenciales, pese a la presentación de candidatos en algunas contiendas electorales; recién, en el año de su muerte, el civil Manuel Pardo dejaría su imagen ligada al primer civil en asumir el mando como correspondía.

Entre otros hechos que marcaron la historia del Perú del siglo XIX, se le evoca por la firma del Contrato Dreyfus para la explotación del guano y por el emprendimiento de construcción de grandes obras públicas, paralelas al endeudamiento del país; contándose entre esas obras a los ferrocarriles que interconectarían la costa y la sierra peruana. En este sentido, resulta uno de los continuadores de la obra de Ramón Castilla y Marquesado.

LA PÉRDIDA DE PRIVILEGIOS, O LA ANSIEDAD POR EL PODER POLÍTICO

En 1871 se marcó un hito trascendente en la historia democrática del Perú, con la fundación del Partido Civil, que llevó al triunfo de Manuel Pardo y Lavalle. Era la primera vez que un candidato civil ganaba la elección presidencial y, al parecer, los militares que habían tenido el mando por 50 años creyeron que se recortarían sus privilegios.

Entre 1821 y 1871 se experimentó en el Perú el primer militarismo de su historia como Estado independiente, y los caudillos militares habían actuado por todo el territorio nacional.

En medio de estos temores, y antes de que el presidente José Balta termine su mandato, el orden social se vio alterado por un nuevo golpe de Estado, a los que ya estaban acostumbrados los peruanos: restarles poder a quienes eran autoridades legales o lo habían usurpado. El golpe fue protagonizado, principalmente, por cuatro coroneles que eran los hermanos Gutiérrez. Balta fue preso e internado en un cuartel, ocurriendo su asesinato poco después.

Otro personaje que ya tenía un bien ganado prestigio para entonces era don Miguel Grau Seminario, el futuro Caballero de los Mares, reconocido por sus connacionales como El Peruano del Milenio, que había nacido en San Miguel de Piura el 27 de julio de 1834, hijo de Juan Manuel Grau y Berrío y de Luisa Seminario del Castillo; fue uno de los protagonistas de la guerra de Chile contra el Perú y Bolivia entre 1879 y 1883.

El 22 de julio de 1872 se produce el apresamiento y destitución del presidente José Balta; y el partido Independencia Electoral, después Partido Civil, encabezó la resistencia que hizo frente a los usurpadores liderados por Tomás Gutiérrez. Al día siguiente, la Armada Nacional, con Aurelio García y García y Miguel Grau a la cabeza, condenó los acontecimientos y decidió la suerte frente a la sublevación. Ese día elaboraron el “Manifiesto de la Armada Nacional”, pronunciándose contra la dictadura de Gutiérrez. Cinco días después concluyó este quiebre de la democracia, terminando con el ajusticiamiento de los sediciosos por el pueblo de Lima y el Callao.

LOS HERMANOS GUTIÉRREZ

Como lo señalamos, la elección de Manuel Pardo generó preocupación en algunos sectores del ejército, entre los que se contaba a los coroneles Gutiérrez: Tomás, Silvestre, Marceliano y Marcelino. Tomás Gutiérrez era entonces ministro de Guerra, y sus hermanos detentaban el mando en varios batallones acantonados en Lima.

El 22 de julio de 1872, Silvestre Gutiérrez, con dos compañías del batallón «Pichincha», asaltó el Palacio de Gobierno y apresó al presidente Balta, a quien condujeron a la Plaza de Armas y, con su hermano, jefe del Batallón Zepita, lo declararon destituido, proclamando a Tomás Gutiérrez como General del Ejército y Jefe Supremo de la República, lo que no duraría mucho.

Los Gutiérrez buscaron que los militares y marinos de todo el país se sumaran a su revuelta; sin embargo, por influencia de Miguel Grau Seminario y Aurelio García y García, marinos distinguidos, la Marina no apoyó a quienes se burlaban de la Constitución.

Los habitantes de Lima rechazaron el golpe militar y, habiendo muerto uno de los hermanos, Silvestre Gutiérrez, el 26 de julio, en un enfrentamiento con los defensores del orden social, Marceliano ordenó la muerte del presidente Balta, confinado en el cuartel de San Francisco.

Indignada la población, hizo justicia con sus propias manos: Tomás Gutiérrez fue capturado y linchado, su cadáver fue arrastrado y mutilado, y Marceliano Gutiérrez murió combatiendo en el puerto del Callao.

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