109 años de historia y memoria de nuestra entrañable Glorieta

Desde tu trono frente al mar, contemplas el esplendor del puerto y el horizonte donde cada tarde el sol se despide en un ocaso de fuego y gloria, y das un sello personal al atardecer ileño.

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POR: NICOLÁS VALDEZ CASO

Han transcurrido los años y este 4 de mayo, se conmemoró el legado vivo de un sueño y la curiosidad visionaria de aquellos vecinos de 1917. Fue entonces cuando, en el Peñón de Playa de la Poza, frente al hotel Miramar y junto a la palmera de la plaza Billinghurst, que apenas comenzaba a crecer, se levantó esta Glorieta que hoy abraza al tiempo.

Oh, entrañable Glorieta, obra de los primeros ileños, naciste de la voluntad y el empeño de hombres y mujeres que, bajo la mirada atenta del alcalde Augusto Díaz Peñaloza, decidieron construir un puente que condujera a ti, como un faro de encuentro y esperanza.

Desde tu trono frente al mar, contemplas el esplendor del puerto y el horizonte donde cada tarde el sol se despide en un ocaso de fuego y gloria, y das un sello personal al atardecer ileño.

Aquella vez, entre tus artífices estuvieron el alférez de fragata Luis Colmenares, el ingeniero Carlos Sotomayor, con sus rieles y manos obreras de la estación ferroviaria, y los capitanes Guillermo Martínez y Samuel Prieto. Luis Ghersi y Pedro Valle, con sus pinceles y manos hábiles, dieron color y vida a tu alma. Este grupo humano, con pasión y esfuerzo, organizó a la comunidad para hacer realidad el sueño que hoy palpita aún en el tiempo y es orgullo de los ileños.

En la década de los 30, el “Puente Venus” se erigió imponente para albergar a las damas que jugaban y observaban a los veraneantes de “la Poza”; es ahí donde se unieron bancos y gradas para marcar la evolución de un pueblo que crece y se recuerda en cada rincón.

Hoy, querida Glorieta, celebras un cumpleaños más. Eres más que piedra y estructura; eres vida y energía que atrae con tu magia singular a quienes te rodean. Estoy seguro de que ahora, en este instante, te acompañan sonrisas sinceras, frescura y libertad de sus visitantes, y el alegre vuelo de gaviotas que vuelan a tu alrededor.

Feliz cumpleaños, entrañable Glorieta de Ilo. Hoy, con respeto y cariño, comparto contigo unos minutos de presencia y gratitud. Espero que te conserves inmortal en el tiempo para el bien de todos los ileños.

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