Todos llegaremos a ser adultos mayores

Al final, todos, si la vida nos lo permite, llegaremos a ser adultos mayores.

ARCHIVO

POR: ABOG. JESÚS MACEDO GONZALES

Se dice que, dentro de algunos años, debido a la disminución de la tasa de natalidad, nuestra población estará conformada en gran parte por adultos mayores. Frente a esta realidad, surge una pregunta importante: ¿estamos preparados para convivir, cuidar y valorar a los adultos mayores?

Pero no pensemos únicamente en el aumento de la población adulta mayor. Pensemos también en ese adulto mayor que ya vive en nuestra casa: nuestro padre, madre, abuelo o abuela. ¿Estamos preparados para tratarlos con respeto, paciencia y cariño? Y, más aún, ¿estamos preparados para llegar nosotros mismos a esa etapa de la vida?

Tener un adulto mayor en casa, o como solemos decir con afecto, un abuelito o una abuelita, requiere mucha paciencia y comprensión. Mi madre, que trabajó durante años como asistenta geriátrica, solía decirme que a los adultos mayores hay que tratarlos con mucha ternura, porque muchas veces se vuelven como niños. Puede ocurrir que nos cuenten una y otra vez la misma historia, sin recordar que ya la compartieron antes. Sin embargo, esto no debe ser motivo de burla ni molestia, sino una oportunidad para escucharlos con amor.

La vejez, etapa a la que todos llegaremos si Dios nos permite vivir más años, trae consigo diversos cambios. No solo aparece la pérdida de memoria, sino también otras dificultades propias del paso del tiempo. Los huesos se debilitan, el cuerpo pierde fuerza, el riesgo de caídas aumenta y muchas actividades que antes eran sencillas se vuelven más difíciles. Además, el oído puede disminuir, por lo que algunos adultos mayores necesitan que les hablemos con más claridad y en un tono más alto.

En ese sentido, debemos entender que las discapacidades no son una realidad ajena ni exclusiva de unas cuantas personas. Con el paso de los años, todos podemos experimentar limitaciones físicas o cognitivas. Y, si a ello se suma alguna enfermedad crónica, la necesidad de cuidado y acompañamiento será aún mayor. Por lo tanto, si llegamos a la vejez tendremos una discapacidad respecto de la cual tenemos que tomar conciencia para saber vivirla en su momento.

Sin embargo, el verdadero problema no es que los adultos mayores enfrenten estas dificultades físicas o emocionales, sino que muchas veces los familiares no tenemos la paciencia suficiente ni asumimos con responsabilidad el cuidado de nuestros padres cuando llegan a una edad avanzada. Esto deberíamos recordarlo siempre: cuando éramos pequeños, ellos tuvieron paciencia con nosotros. Se levantaron de madrugada para alimentarnos, calmarnos o hacernos dormir. Soportaron nuestras travesuras, nuestras majaderías y nuestras necesidades constantes. Nos corresponde tener la misma actitud ahora que tienen una edad avanzada nuestros padres.

Por otro lado, como sociedad necesitamos construir una cultura de revalorización del adulto mayor. No debemos verlos como una carga, sino como personas con experiencia, historia y sabiduría. En ese sentido, es destacable el programa Pensión 65, que cuenta con una línea de acción denominada “Saberes Productivos”, mediante la cual se articula con los municipios para que los adultos mayores compartan sus conocimientos sobre artesanía, textilería, gastronomía, cuentos, tradiciones y otras prácticas culturales con las nuevas generaciones.

Muchos adultos mayores necesitan algo tan sencillo y valioso como ser escuchados. Aunque repitan la misma historia varias veces, debemos brindarles atención y afecto.

Como decía mi abuelita: “Todo lo que se hace en esta vida se paga”. Si sembramos amor, respeto y cuidado hacia nuestros padres o abuelos, ese bien volverá a nosotros cuando también lleguemos a la vejez. Pero, si los tratamos mal, los abandonamos o nos olvidamos de ellos, probablemente esa indiferencia también regresará cuando seamos adultos mayores.

Por eso, cuidar a nuestros adultos mayores no debe verse como una carga, sino como un acto de gratitud, justicia y humanidad. Al final, todos, si la vida nos lo permite, llegaremos a ser adultos mayores.

LO ÚLTIMO