¡Mea culpa…!

“La verdad no está de parte de quien grite más”. – Rabindranath Tagore

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POR: CÉSAR CARO JIMÉNEZ

Sé que muchos me condenarán por este artículo, comenzando por ciertos «periodistas» y medios de comunicación que se consideran desde mucho tiempo el «cuarto poder», por considerar que hoy en día el periodismo en líneas generales es mediocre: no se analiza o, si se hace, se hace mal, de prisa y se juzga y condena antes de haber comprendido, y en muchas ocasiones, la libertad de opinar se convierte o se deforma en la facultad de escoger entre uno u otro interés.

Y aquí cabe recalcar, tal y conforme lo hice en el primer artículo que publiqué hace ya muchos años, que no me consideraba ni me considero periodista, porque para sentirme como tal debería, ante todo, dominar ciertas técnicas, tener buena redacción, ética e información, sin dejar tampoco de señalar que no era primordial tener estudios especializados, dada la gran cantidad de excelentes periodistas autodidactas, a través de la historia, tanto en nuestros linderos como en el mundo. Sin embargo, ello no implica que no tenga una idea de qué significa hacer periodismo, algo muy distinto de lo que hoy en la gran mayoría de los medios y lugares se hace: escándalos, desinformación e incluso ciertas formas de ofrecer el silencio cómplice o la gritería altisonante.

Felizmente, la prensa no tiene el poder que se le atribuye, porque de ser así habría motivos para preocuparse, considerando la capacidad moral y profesional de la mayoría de los que en nuestras comarcas se consideran pomposamente «periodistas», con carné y todo, a pesar de sus limitaciones intelectuales, que la mayor parte de las veces les impide redactar un artículo correctamente o ponerse a hablar ante un micrófono con términos adecuados, sin la reflexión y el sosiego que son deseables para una adecuada labor crítica.

Porque, considerando el desencanto que se vive en casi todos los sectores sociales del país, es momento de ser nuestros más duros críticos. Si aquellos que escribimos y/u opinamos no tenemos el valor de ir más allá de las declaraciones oficiales, si no hacemos investigación o aceptamos las mentiras repetidas, es hora de dudar de lo que estamos haciendo. Dicho en otras palabras: ante el poder de ciertos intereses económicos y políticos, la obligación del periodismo, hoy más que nunca, es tratar de encuadrar cada noticia en su contexto respectivo, situar cada hecho en el marco cultural, económico o social correspondiente, de modo que las notas, el análisis o los editoriales sean las linternas que iluminen los costados oscuros de la realidad, sacando a la luz las verdades incómodas.

Y, sobre todo, seamos serios: aterricemos, no busquemos protagonismo ni nos endulcemos en la confrontación con el poder político. Seamos críticos de todo, incluso de ciertos «periodistas», y cuestionemos de vez en cuando nuestra propia ética, la cual debe tratar de darle al lector las claves que le permitan reconstruir o comprender el esquivo rompecabezas de nuestra cambiante realidad, tratando, como Sartre, de «tomar partido contra todas las injusticias, vengan de donde vengan» y contra todos los intereses.

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