¡Hasta la vista, baby! Entre humanos y la inteligencia artificial

Se hace más importante valorar la humanidad de las personas, revitalizando la solidaridad con el que menos tiene, la compasión con los que más sufren y la empatía para entender a los demás.

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POR: OMAHAR TORRES

Skynet y sus T-1000 alrededor nuestro, viajando en el tiempo para evitar su eliminación, es el argumento de una premonitoria película de los años ochenta. En un mundo que cambia en forma acelerada, en el que estamos siendo dependientes de la ahora llamada inteligencia artificial, se hace más importante valorar la humanidad de las personas, revitalizando la solidaridad con el que menos tiene, la compasión con los que más sufren y la empatía para entender a los demás de forma afectiva, cognitiva o somática.

Isaac Asimov, el padre de la literatura de ciencia ficción moderna, planteó el debate de la relevancia de los humanos con las tres leyes robóticas, que se ha actualizado en el siglo XXI: cómo influye en la vida diaria el internet, con una sociedad casi mecanizada y los niveles de desarrollo educativo basados en análisis predictivos y menos sensitivos o emocionales.

En el mundo actual, incluida la provincia, apuntamos al desarrollo económico con uso de las nuevas tecnologías, solo con tareas preestablecidas en donde se miden los niveles de productividad y no de humanidad, solo como objetos de producción y estadísticas frías.

En los países que catalogamos como del primer mundo del viejo continente, se está retornando al uso de los libros, revitalizando las bibliotecas, usando lo menos posible las pantallas de celulares y laptops, para volver a formar generaciones que mejoren su comprensión lectora, se concentren en el análisis de lo que leen y retornen al formato impreso. Es muy agradable sentir el aroma de un libro con sus miles de historias y mundos que están detallados en sus textos. No hay mejor manera de formar generaciones que cuando hacen volar la imaginación con cada palabra leída.

El copia y pega es la característica muy repetitiva entre los alumnos, de forma casi automatizada, dejando de lado la investigación, lo cual resulta muy cómodo también para algunos docentes que se fusionan con la comodidad al no incentivar la capacidad analítica de sus discentes.

Retornando a la comparación entre la inteligencia artificial y los seres humanos, siempre tendremos la característica de ser mejores. Mientras que lo tecnológico, para ser productivo, requiere mucha inversión, actualizaciones permanentes de programaciones, energía eléctrica y redes de comunicación estables, las personas cumplimos el mismo fin, pero con un sentido y criterio emocional y físico, en donde el respeto a los horarios laborales, las remuneraciones dignas y el trato como seres humanos sean permanentes.

Al no ser así, estamos rumbo a un final en donde un algoritmo y un programa insensible nos digan que somos prescindibles. Así que, a reflexionar, no vaya a ser que un androide con apariencia humana nos diga: “Hasta la vista, baby”.

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