El panorama político se va definiendo: la incertidumbre latente

Estábamos calificados como régimen híbrido, confundiendo democracia con autoritarismo, lo que no era un exceso, era la descripción perfecta de un estado de cosas institucionales.

ARCHIVO

POR: VICENTE ANTONIO ZEBALLOS SALINAS

Era una mayoría aplastante de 73 congresistas, impulsados a tomar posiciones prepotentes. Anunciaron que gobernarían desde el Congreso y, bajo esa lógica, nunca reconocieron el triunfo del contrincante. El diálogo alentado por el cardenal Cipriani en su propia casa fue más una farsa política que un gesto de rectificación y compromiso.

El entonces vocero de esa bancada parlamentaria mayoritaria, Daniel Salaverry —hoy extraño opositor a su jefa de entonces—, en “Pasos Perdidos”, expresó con toda autoridad: señor presidente, o renuncia o lo vacamos.

No llegó a cumplir los dos años de mandato y tuvo que renunciar. Nos referimos a Pedro.

No llegó a cumplir los dos años de mandato y tuvo que renunciar. Nos referimos a Pedro Pablo Kuczynski. En la sombra y distancia aparente de los acontecimientos, una maliciosa sonrisa se despertaba en Keiko Fujimori.

El Congreso era parte de una maquinaria partidaria bien articulada. Las instituciones optaron por mantenerse al margen. Era un choque de trenes políticos. La prensa, como siempre, azuzaba las decisiones políticas.

SEÑALAMIENTO DE FRAUDE Y COPAMIENTO POLÍTICO

Un lustro más adelante, cundió el señalamiento de “fraude”, que incluso llegó a instituir una comisión investigadora congresal y no se encontró evidencia alguna, mas sí el berrinche de una sistemática actitud antidemocrática.

No obstante, sin tener una mayoría congresal, se estableció una hábil estrategia de copamiento. Cuenta la experiencia y las mañas, manipulando la disposición de los “novatos” y, bajo los acuerdos políticos tan usuales en estos espacios, surgió el incipiente contubernio político que duraría hasta el final del periodo parlamentario.

Por ello, no causa sorpresa encontrar en la presidencia del Congreso o de una de las comisiones ordinarias más importantes, como lo es la Comisión de Constitución, a un parlamentario de Fuerza Popular.

RESPONSABILIDAD POLÍTICA DEL CONGRESO

Sin embargo, quedarnos aquí sería aceptar un rol formalista, y es más que eso. Aquí hay una directa y clara responsabilidad política en la institucionalidad del Congreso, pues esa carencia de legitimidad ciudadana a mínimos históricos es la cosecha de las leyes sesgadas y convenencieras, de la instrumentalización de los mecanismos de control o fiscalización política, del sometimiento de la autonomía de los poderes, del blindaje corporativo para evitar sanciones éticas y penales, del menoscabo de los derechos y libertades ciudadanas.

Y, a pesar de estas manifiestas responsabilidades, el escrutinio electoral les entrega la primera mayoría como representación en ambas cámaras y, posiblemente, la presidencia de la República.

‘LA FUERZA DEL ORDEN’

La ‘fuerza del orden’ fue el eslogan de campaña, acompañado del “gobernará como su padre”. Podría quedarse en el mensaje publicitario, lo que sería ingenuo. Hay aquí un mensaje subliminal de autoritarismo.

Lo que significó su padre fue crímenes y corrupción, sin control alguno, por la toma generalizada de instituciones, sin posibilidad alguna de equilibrio y control político. Y no estamos ajenos a ese escenario. Ya están las instituciones sin independencia, unas esforzándose por mostrar su perfil propio.

La Junta Nacional de Justicia quiere dejar limpio el sistema de justicia de funcionarios que mantengan su independencia, u otros que pasaban inadvertidos, prestos acuden a ofertar sus mejores servicios al poder de turno, como la presidencia de la Academia de la Magistratura.

RÉGIMEN HÍBRIDO

Estábamos calificados como régimen híbrido, confundiendo democracia con autoritarismo, lo que no era un exceso, era la descripción perfecta de un estado de cosas institucionales. Advertidos de esas condiciones, ingresamos en una recta final donde se dará la oportunidad para desnudar sus encubiertas aspiraciones de quienes fueron poco a poco colocando los cimientos para instituir una forma de gobierno vertical, centralizada, absorbente, escasamente de apertura y con vocación déspota.

Aunado a ello, debemos ingresar a la personalidad de los futuros líderes. Hace poco, en afanes indulgentes y tampoco alejados de sus propios intereses personales, el excongresista Juan Sheput expresa en un medio que Keiko Fujimori le pide que visite a Alejandro Toledo, lo que él entiende como “un gesto de grandeza de una persona que ha estado presa en tres oportunidades por más de 500 días”.

Pero no tuvo esa grandeza para disponer el apoyo político a su hermano, para plantear el indulto humanitario a su padre, cuando tenía una vasta mayoría parlamentaria y más bien fue diligente para que se lo sancione. Lo que debe entenderse como un personaje frío, calculador, carente de sensibilidad y muy predispuesta a la rentabilidad política para decidir. Aun desde la posición dirigencial de su partido ha tenido una autoridad impositiva. Los acuerdos o consensos, particulares en la escena política, no están en su acervo.

ENTORNO DE DECISIONES

Ni qué decir de tres personajes gravitantes y que son parte de su entorno inmediato. Dos la acompañan como vicepresidentes, nos referimos a Luis Galarreta y Miguel Torres. Ambos tienen el mismo ADN de su jefa, y lo mostraron cuando el primero fue presidente del Congreso y el segundo, en su calidad de vocero.

Ahora estarán en el Ejecutivo, mejor tribuna para poner de manifiesto su singular soberbia política. A ellos se suma el inefable Fernando Rospigliosi, que no amerita mayor comentario, porque incidiríamos en los descalificativos.

En consecuencia, el entorno de decisiones, para lo que se propone como realidad consumada, es de un reforzado autoritarismo con nula disposición al diálogo democrático y propenso a la imposición, lo que se facilitará con el abierto apoyo mostrado por los grupos empresariales —poderes salvajes, les llama Ferrajoli—, los medios de comunicación y esa alentada participación política de nuestras Fuerzas Armadas y policiales, pese a no ser deliberantes.

DESCONFIANZA CIUDADANA

Vale precisar que los resultados electorales, tal como se vienen publicitando, no dan un margen contundente de confianza ciudadana. Un tercio no votó, otro tercio es opositor y solo un tercio es su apoyo; un apoyo artificioso, consecuencia de las alianzas forzadas para la definición en segunda vuelta o de los temores sembrados alegándose las amenazas comunistas u otras adjetivaciones.

Lo que implica partir con una desconfianza ciudadana, que deberá redoblar el análisis e impacto de las decisiones que se asuman como gestión, debiendo ser cautelosos en la despierta sensibilidad ciudadana de sentirse defraudada, cuando solo Lima y siete regiones les brindaron su apoyo.

INCERTIDUMBRE POLÍTICA

Somos incrédulos del escenario político futuro, lo que no nos hace renunciar a la posibilidad de una gestión con sentido humano, apegada a la justicia y la solidaridad, respetando instituciones, defendiendo los fueros constitucionales y no permitiendo que las graves brechas de desigualdad se profundicen y que incidamos en un Estado fracturado e irreconciliable.

Sí, claro que nuestras ilusiones son atrevidas.

LO ÚLTIMO