POR: GUSTAVO PINO ESPINOZA
A los 16 años, Rony Soto Richarti estudia en la I.E.E. Simón Bolívar, en Moquegua, entrena atletismo y acaba de conseguir el segundo lugar en el Campeonato Nacional U18, en la prueba de 110 metros con vallas. Detrás de esos 110 metros hay años de entrenamiento, derrotas, viajes, sacrificios y una familia que acompaña cada paso. Rony comenzó en el atletismo cuando tenía apenas siete años.
Su entrenadora, Fresia Vera Tudela, era entonces su auxiliar en primer grado de primaria y fue ella quien descubrió sus condiciones y lo invitó a entrenar en el estadio 25 de Noviembre junto a la profesora Belu Martínez.
“Al inicio muchas veces no se gana, a veces se pierde”, recuerda. Pero también fue en esas derrotas donde comenzó a entender la esencia de una competencia. “Es ahí, compitiendo, que te mides con otros atletas de acá o fuera de Moquegua y te esfuerzas mucho más para conseguir tus logros poco a poco”, explica.
El aprendizaje se fue convirtiendo en resultados y ahora tiene una medalla nacional que añadir a su recorrido. El podio, sin embargo, dura unos minutos. Después hay que volver a entrenar.
Rony vuelve a casa y, cuando toca entrenar nuevamente, regresa también a una realidad muy distinta a la del podio. La pista atlética del estadio 25 de Noviembre, donde entrena diariamente, está deteriorada desde hace años. Presenta grietas y zonas craqueladas; debajo del tartán hay humedad y, en algunos sectores, piedras expuestas.
Para quien observa desde fuera puede parecer una pista deteriorada; para un atleta que corre y salta sobre ella, representa un riesgo permanente, señala Rony. Una mala pisada puede terminar en una caída, una torcedura o una lesión. Y cuando aparece una lesión, surge otro gasto. «Tenemos que ir a sesiones de fisioterapia por algún malestar que hayamos sufrido», cuenta.
El atletismo tampoco termina en el entrenamiento. Están las zapatillas de clavos, la indumentaria deportiva, la alimentación, los suplementos y los viajes para competir fuera de la región. Muchas veces son los padres quienes deben asumir esos costos. En Moquegua tampoco existe un centro de alto rendimiento que permita a los jóvenes atletas desarrollar una preparación especializada.
Su entrenadora intenta compensar esa ausencia con capacitación permanente, mientras la presidenta de la Liga de Atletismo acompaña el proceso. Hay esfuerzo, disciplina y resultados, pero hay carencias que no pueden resolverse únicamente con voluntad.
Rony no habla desde el resentimiento. Cuando se le pregunta por sus logros, reconoce el esfuerzo de los atletas, sus familias, sus entrenadores y la Liga. «Los logros que obtenemos son por nosotros, por el esfuerzo de nuestra familia y de nuestros entrenadores y la presidenta de la Liga de Atletismo», sostiene.
También considera que las autoridades podrían hacer más, renovar la pista, apoyar con indumentaria deportiva y facilitar los viajes de competencia. Existe un Fondo de Apoyo a Deportistas del Gobierno Regional, comenta, pero el mecanismo de reembolso significa que las familias deben asumir inicialmente los gastos de pasajes, alojamiento y alimentación y esperar posteriormente la devolución.
“Esto hace que muchos compañeros atletas que tienen buenas oportunidades terminen dejando el atletismo», explica. Para algunas familias, ese sistema puede convertirse en una dificultad adicional. Rony ha visto cómo algunos compañeros dejan el atletismo, otros se marchan a otras ciudades y algunos buscan oportunidades profesionales lejos de Moquegua. «Esto sería diferente si acá en Moquegua hubiera mejores escenarios deportivos”, considera.
Rony acaba de correr 110 metros con vallas. Pero su historia habla de una carrera mucho más larga. Una que comenzó cuando tenía siete años y que todavía está lejos de terminar. Ahora le toca seguir saltando vallas. A Moquegua le corresponde decidir si seguirá poniendo obstáculos delante de quienes ya demostraron que pueden superarlos.


