Equus troianus politicus: Caballo de Troya, verdades ocultas 

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POR: OMAHAR TORRES MENDOZA

Los poemas épicos de la Ilíada y la Odisea narran aventuras inverosímiles sobre los sortilegios de los dioses con los humanos, sus aventuras y sus tragedias. Después de ver una extraordinaria película del director Christopher Nolan con uno de los títulos de la obra del aedo griego Homero, según estudios del tema ponen en duda su existencia. Otros indican que era ciego y recorría la Grecia antigua cantando epopeyas con una cítara, las cuales se transmitían de forma oral y recién fueron escritas entre los años 850 y 700 antes de Cristo cuando comenzó a utilizarse el alfabeto griego, es decir, unos 400 años después de la supuesta muerte del vate heleno.

De las referencias de ambas historias tenemos muy presente el ardid utilizado por los griegos para ganar la guerra, planteado por Ulises: el Caballo de Troya. El orador romano Cicerón utilizó esta referencia para aludir a los enemigos políticos ocultos que intimidaban a la República, o como una metáfora de un peligro oculto y de las intrigas destinadas a destruir desde dentro.

En estas épocas postelectorales presidenciales nos preguntamos si la decisión de los votantes era la correcta o si estaba enmarcada en la estratagema griega para que, una vez asumido el cargo máximo del Estado peruano, empezaran a salir del vientre equino los verdaderos intereses políticos y económicos, dejando de lado el bienestar de la población. O si todo ello ya estaba establecido desde mucho antes, sin importar quién ocupara el sillón de Pizarro.

Existe un documento titulado Marco Macroeconómico Multianual 2026-2029 y, aunque parezca coincidencia, forma parte del contexto de los posibles pedidos de facultades legislativas que busca obtener la recién estrenada mandataria nacional en temas de seguridad ciudadana, formalización y pequeña empresa, normativa laboral, simplificación administrativa, desarrollo productivo, tributación, aduanas y comercio, así como de reforma estructural y organizativa del Estado. Durante la campaña, estos temas no se explicaron con claridad y fueron disimulados, como el artificio helénico.

Apoyar, de forma difícil de comprender, inversiones que solo generan exportación primaria, sin otorgarles valor agregado ni incentivar la industrialización nacional, junto con la eliminación de regulaciones, especialmente las de carácter medioambiental, permite que los funcionarios públicos busquen destrabar cuestionados proyectos extractivos mediante el programa Ejecuta+, sin advertir las consecuencias que podrían producirse a corto y mediano plazo. Entre ellas figuran mayores niveles de contaminación y la afectación de otras actividades productivas fundamentales, como la agricultura, además del impulso de asociaciones público-privadas sin la intervención ni la fiscalización de las organizaciones civiles formalmente constituidas.

Se piensa únicamente en el corto plazo. En minería, por ejemplo, el actual gobierno tiene en cartera 67 proyectos distribuidos en 19 departamentos. Los más notorios se ubican en Cajamarca (8), Apurímac (7), Áncash (7), Arequipa (6) y Moquegua (5). Todos están respaldados por la Ley General de Minería, aprobada mediante el Decreto Supremo N.° 014-92-EM y publicada el 4 de junio de 1992, que, comparada con la normativa vigente en otros países donde se prioriza la protección del medio ambiente, puede considerarse obsoleta.

Sin olvidar a Homero y sus cantares de La Odisea, con la cita insigne: «Odioso para mí, como las puertas del Hades, es la persona que oculta una cosa en su corazón y dice otra». O la de Virgilio en La Eneida: «Temo a los dánaos incluso cuando traen regalos». Ambas resultan especialmente actuales en estos tiempos de hipocresía y conveniencias políticas, sin dejar de lado las buenas intenciones o los intereses que puedan estar presentes en las próximas elecciones regionales y municipales de 2026.

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