POR: JORGE ACOSTA ZEVALLOS
El centralismo peruano constituye una de las características más persistentes de la organización política y económica del país. Lima concentra el poder político, la recaudación tributaria, las sedes de las grandes empresas y bancos, así como la infraestructura estratégica, mientras las regiones, en especial la Macro Sur, padecen un olvido estructural que se traduce en pobreza, informalidad y proyectos inconclusos.
Este patrón responde a una lógica histórica que reproduce desigualdades y perpetúa la subordinación de las provincias frente a la capital. La inversión pública se concentra en Lima, mientras en el sur abundan obras inconclusas y presupuestos insuficientes. Los índices de pobreza e informalidad son más altos en Puno, Ayacucho y Apurímac, y la representación política se ve debilitada por la concentración del Congreso y los ministerios en Lima. Incluso el turismo internacional reproduce esta lógica: los visitantes ingresan por Lima antes de llegar a Cusco, reforzando la dependencia logística.
EL POTENCIAL DE LA MACRO SUR
La Macro Sur, integrada por Arequipa, Cusco, Puno, Tacna, Moquegua, Apurímac, Ayacucho y Madre de Dios, es un espacio de enorme potencial minero, energético y turístico. Sin embargo, el gas de Camisea, principal recurso energético del país, beneficia a Lima y no a la región, pues el Gasoducto Sur Peruano quedó frustrado por la corrupción y el abandono estatal.
Esta concentración también se expresa en la inversión pública: mientras la capital concentra recursos, en el sur abundan obras inconclusas y presupuestos insuficientes. Los índices de pobreza e informalidad son más altos en Puno, Ayacucho y Apurímac. A ello se suma que la representación política queda absorbida por un Congreso concentrado en Lima, mientras los ministerios sirven principalmente a la capital.
Incluso el turismo internacional reproduce esta lógica: los visitantes ingresan por Lima antes de llegar a Cusco, reforzando la dependencia logística. En el plano electoral, Lima suele votar por el continuismo del statu quo, mientras la Macro Sur se inclina hacia el cambio sustancial, mostrando percepciones divergentes sobre el centralismo.
EL CASO PARADIGMÁTICO DE MOQUEGUA
El caso de Moquegua es paradigmático del abandono estatal. Pese a su riqueza minera y portuaria, los proyectos estratégicos prometidos por el gobierno central nunca se concretan.
La reubicación de la planta de Petroperú en Las Buitreras fue anunciada, pero jamás ejecutada. El Puerto de Ilo carece de espigón de abrigo y modernización, mientras el Callao concentra las inversiones portuarias. La vía Moquegua–Omate–Arequipa permanece inconclusa, afectando la integración regional, y el proyecto ferroviario Brasil–Bolivia–Perú vía Ilo fue abandonado, debilitando la proyección internacional de la región.
La corrupción de Odebrecht frustró el Gasoducto Sur Peruano y la posibilidad de una petroquímica en Ilo, mientras el aeropuerto local sigue sin reactivarse, pese a las promesas ministeriales. En Lima, EsSalud anunció hospitales que nunca se construyeron, perpetuando el déficit en atención especializada. Las carreteras interregionales hacia Puno y Arequipa están abandonadas, afectando el comercio y la movilidad.
UN PROBLEMA ESTRUCTURAL E HISTÓRICO
Este panorama confirma que el centralismo limeño es estructural, histórico y simbólico. José Carlos Mariátegui lo denunció como uno de los vicios de la organización política, ligado al gamonalismo. Julio Cotler lo interpretó como una herencia colonial que impide la formación de una nación cohesionada. Aníbal Quijano lo vinculó con la “colonialidad del poder”, mostrando cómo Lima reproduce jerarquías coloniales y eurocéntricas que subordinan a las regiones.
En conjunto, sus aportes permiten comprender que el centralismo perpetúa desigualdades y bloquea proyectos estratégicos en territorios como la Macro Sur y Moquegua.
La crítica incisiva es clara: mientras Lima concentra recursos, poder y modernidad, las regiones del sur enfrentan un olvido sistemático que limita su desarrollo y alimenta la percepción de abandono estatal. El centralismo peruano, lejos de ser un simple problema administrativo, constituye una matriz de dominación que perpetúa las desigualdades.
EL CENTRALISMO MENTAL LIMEÑO
Lamentablemente, existen teorías e investigaciones que conceptualizan lo que se denomina “centralismo mental limeño”. Varios autores han estudiado cómo Lima se percibe como una metrópoli moderna y ajena al resto del país, reproduciendo una identidad eurocéntrica y consumista que invisibiliza las realidades regionales.
Entre los más destacados están Wiley Ludeña, Danilo Martuccelli y Pablo Vega Centeno, quienes analizan la construcción simbólica de Lima como centro y la desconexión cultural con las provincias.



