Fundación española de Moquegua – XXIV

En este siniestro se perdieron, entre otros documentos de enorme importancia, las actas de fundación de las dos villas y la consiguiente confirmación de la villa de Moquegua despachada por el rey.

ARCHIVO

POR: GUSTAVO VALCÁRCEL SALAS

ACTA DE FUNDACIÓN DE MOQUEGUA

El acta de fundación de la villa de Santa Catalina de Guadalcázar del valle de Moquegua se ha perdido. Hasta la fecha no ha sido ubicada.

Tenemos el acta de fundación de la villa de San Francisco de Esquilache, la primera villa española que se funda en nuestro valle. La que conocemos no es el acta original, que en su momento debió conservarse en el archivo de Cabildo, al igual que el de la fundación de Moquegua, que fue siete años después.

Contamos con un testimonio que recién fue dado a conocer en el siglo XX, documento que fue publicado por Rómulo Cúneo y, en lo sustancial, difundido por Luis Kuon, nuestro conocido historiador, en su conocido libro Retazos de la historia de Moquegua. Por mi parte, ubiqué esta acta de la que se valió Rómulo Cúneo, el canónigo Santiago Martínez y el padre Rubén Vargas Ugarte. Confiamos en que también pueda ubicarse la de Moquegua.

AUTORIZACIÓN PARA FUNDAR LA VILLA DE MOQUEGUA

Sí conocemos la autorización que dio el virrey don Diego Fernández de Córdova, marqués de Guadalcázar, para fundar la villa. Se mostró en cada ocasión que se sacó en almoneda los oficios públicos para la nueva villa, como se explicó en anteriores artículos. Lo reiteramos:

“Don Diego Fernández de Córdova, virrey del Perú. Por cuanto de pedimiento de los vecinos y moradores del valle de Moquegua, mandé que en el asiento de Sancta Catalina del dicho valle, se hiciese una población y fundación de españoles donde todos viviesen juntos y congregados. Y le di título de villa con jurisdicción civil y criminal, mero, misto, imperio, horca y cuchillo, con el nombre y apellido de Santa Catalina de Guadalcázar”.

Por la documentación consultada, estimamos que el virrey despacha la provisión de Gobierno el 5 de setiembre de 1624, por la que autoriza la fundación de la villa de Moquegua. En acatamiento de ella es que se procede a sacar en almoneda el remate de los oficios públicos y constituir el primer cabildo “para dar inicio a la fundación”.

INCENDIO DEL ARCHIVO EN 1728

Respecto al incendio del Archivo de Moquegua, tenemos el testimonio de Antonio Álvarez y Jiménez, que luego de su visita en 1791 informó que “no había instrumentos de aquella era por haberse quemado en tiempos pasados el archivo de Cabildo”.

Por su parte, Isabel Zizold señala, sin indicar la fuente, que este desastre en la iglesia Matriz ocurrió en 1670 y en él se perdieron valiosos documentos. Agrega que esto explicaría la inexistencia de partidas religiosas antes de ese año. Este siniestro sería más antiguo que el que ocurrió en el Cabildo.

Encontramos mayores precisiones en el archivo notarial. Consultamos la información de legitimidad y nobleza solicitada por don José Carlos de Mendoza, capitán de los ejércitos de su majestad, a pedido de sus hermanos, los tenientes de navío de la Real Armada don Juan y don Agustín de Mendoza y Arguedas, en 1788. Aquí hacen constar que, al no haberse encontrado varias partidas en la parroquia, se admita la declaración de nueve testigos, “todos ellos de ilustre nacimiento, tenidos por caballeros notorios sin que se les dispute”.

Las declaraciones de los testigos coinciden en que los dos archivos, de Cabildo y Público, se encontraban en la esquina de arriba de la plaza, hoy Museo Mariátegui. Cuando con la solemnidad acostumbrada se celebraba la fiesta de san Bernabé, uno de los patrones de la villa, durante la quema de fuegos artificiales, un cohete cayó en el techo, ocasionando un lamentable incendio, y se quemaron muchos registros y papeles, de lo que ha dimanado no poco daño y perjuicio a las familias acreedoras con tener el lustre que heredaron de sus antepasados.

Lo confirma el testimonio que ofrece, en 1788, el coronel Ángel Ignacio de Baraybar, de setenta años de edad. Viendo los fuegos artificiales de san Bernabé, estando los oficios públicos en la esquina de la plaza, acaeció que un cohete cayere sobre los techos de dichos oficios, lo que motivó un grande incendio, de lo que resultó haberse quemado muchos papeles sueltos y registros. Y, al apagarse el incendio, vio los papeles de los oficios tirados en la plaza, motivo por el que faltan muchos registros.

Ello ocurrió la noche del 10 de junio de 1728 y, durante algunos días, podían verse los documentos tirados en la plaza.

En este siniestro se perdieron, entre otros documentos de enorme importancia, las actas de fundación de las dos villas y la consiguiente confirmación de la villa de Moquegua despachada por el rey.

Virrey dispone fundar la villa.

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