El día que la democracia dejó de ser masculina

Setenta años después de aquella primera participación electoral, el Perú sigue enfrentando desafíos relacionados con la igualdad de oportunidades, la violencia de género, la representación política.

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POR: GUSTAVO PINO ESPINOZA

Hasta 1956, las mujeres peruanas podían estudiar, trabajar, criar familias, sostener economías domésticas y contribuir al desarrollo del país, pero no podían decidir quién gobernaba. Eran ciudadanas a medias. La república les exigía deberes, pero les negaba el derecho fundamental de elegir a sus autoridades.

Esa situación cambió el 17 de junio de 1956, cuando más de 500 000 mujeres ejercieron por primera vez su derecho al voto en unas elecciones generales. Fue un hecho histórico que modificó para siempre la democracia peruana y amplió los límites de la ciudadanía en un país que, durante más de un siglo de vida republicana, había excluido a la mitad de su población de las decisiones políticas.

La conquista había comenzado meses antes. El 7 de septiembre de 1955, el gobierno de Manuel A. Odría promulgó la Ley N.° 12391, que reconoció el derecho al sufragio femenino. El Archivo General de la Nación conserva actualmente la Autógrafa de Ley que hizo posible este cambio trascendental para la historia política del Perú. Gracias a la preservación de este documento, hoy es posible recordar que los derechos que parecen naturales fueron, en realidad, el resultado de procesos históricos, luchas sociales y transformaciones culturales.

Sin embargo, sería un error pensar que la aprobación del voto femenino resolvió todas las desigualdades. La ley abrió una puerta, pero no eliminó de inmediato las barreras sociales, económicas y culturales que durante décadas limitaron la participación de las mujeres en la vida pública.

Aunque el Perú ha avanzado significativamente y, en los últimos años, llegó incluso a tener por primera vez una mujer en la Presidencia de la República tras la sucesión constitucional de 2022, ello no significó necesariamente la consolidación de una representación política femenina capaz de generar consensos o fortalecer la confianza ciudadana.

Hoy, cuando el país parece encaminarse nuevamente a elegir entre opciones con fuerte presencia femenina, persiste una sensación de desencanto que trasciende el género de los candidatos. La ciudadanía observa el escenario político con la incertidumbre de quien presencia el deterioro de un hogar que alguna vez creyó estable. No porque hayan desaparecido las expectativas, sino porque la confianza ha sido golpeada demasiadas veces.

Hoy el sufragio femenino parece un derecho evidente. Resulta difícil imaginar que alguna vez se discutiera si las mujeres debían o no participar en las elecciones. Pero precisamente por eso es importante recordar esta fecha.

Setenta años después de aquella primera participación electoral, el Perú sigue enfrentando desafíos relacionados con la igualdad de oportunidades, la violencia de género, la representación política y el acceso equitativo a espacios de decisión. Cada generación tiene la responsabilidad de proteger los avances alcanzados. Ese sigue siendo, setenta años después, el principal legado de las mujeres que acudieron por primera vez a las urnas en 1956.

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