En Moquegua también hay pobreza

La existencia de 30 mil pobres en una región rica es un recordatorio de que el crecimiento económico no equivale automáticamente a bienestar social.

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POR: ECO. JORGE ACOSTA ZEVALLOS

En la estadística del INEI, Moquegua aparece como uno de los departamentos con menor incidencia de pobreza monetaria del Perú. En 2026, su tasa oficial es de 14,5 %, apenas por encima de Lima Metropolitana, con 13,8 %. A primera vista, estas cifras podrían sugerir que Moquegua es una región privilegiada. Sin embargo, detrás de los indicadores se revela una realidad más compleja: en Moquegua también hay pobreza.

La explicación inicial parece evidente: Lima concentra la economía nacional, mientras que Moquegua se beneficia de la minería, la metalurgia, los servicios portuarios y logísticos, además de la presencia de proveedores y operadores vinculados al sector extractivo. El ingreso regional per cápita supera los S/ 1 600 mensuales, muy por encima del promedio nacional. Pero este crecimiento no se distribuye de manera equitativa. Según el INEI, alrededor de 30 mil moqueguanos viven en pobreza monetaria.

CRECIMIENTO SIN DISTRIBUCIÓN EQUITATIVA

El cálculo es ilustrativo: la canasta básica familiar en Moquegua bordea los S/ 458 mensuales por persona, aproximadamente S/ 1 835 para un hogar de cuatro miembros. Sin embargo, los pobres de la región apenas ganan S/ 400 por persona, lo que significa que una familia de cuatro integrantes dispone de menos de S/ 1 600 mensuales, monto insuficiente para cubrir necesidades esenciales.

¿Por qué ocurre esto en una región minera con ingresos elevados? Los factores son múltiples. Primero, la desigualdad social: los beneficios de la minería y de los servicios conectados se concentran en empresas, élites gerenciales y funcionarios públicos, mientras que las zonas rurales permanecen rezagadas. Segundo, la mala gestión pública: el canon y las regalías mineras han incrementado el presupuesto regional, pero gran parte de la inversión pública carece de impacto y sostenibilidad. Tercero, la escasa diversificación productiva: la agricultura, la industria y la logística no han recibido suficiente impulso, lo que limita las oportunidades fuera del sector extractivo.

LA PARADOJA MINERA

La teoría económica ayuda a comprender esta paradoja. La curva de Kuznets plantea que en las primeras fases del crecimiento la desigualdad aumenta y solo en etapas posteriores tiende a disminuir. En Moquegua, pese al auge minero, la pobreza persiste porque el desarrollo aún no ha alcanzado un nivel de diversificación que permita reducir las brechas sociales. Además, los científicos sociales sostienen que toda economía mantiene un mínimo estructural inevitable de pobreza, entre 5 % y 10 %. En Moquegua, con 14,5 %, todavía estamos lejos de ese umbral.

Los pobres de Moquegua se concentran principalmente en el sector rural, donde la falta de inversión productiva y la migración juvenil hacia Lima y Arequipa profundizan la vulnerabilidad. La región necesita atraer inversión privada en agricultura, industria y logística, y reemplazar la inversión pública sin trascendencia por proyectos que multipliquen el desarrollo.

Moquegua no puede considerarse una isla. Sus vecinos andinos mantienen tasas de pobreza superiores al 30 %, y la interdependencia territorial hace que la desigualdad se extienda más allá de las fronteras departamentales. Por ello, aunque Moquegua exhiba uno de los menores índices de pobreza del país, no debemos vanagloriarnos demasiado: la existencia de 30 mil pobres en una región rica es un recordatorio de que el crecimiento económico no equivale automáticamente a bienestar social.

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