POR: MG. ADM. DAVID DIEGO OVIEDO TURPO
El Perú entra al 2027 con una mezcla poco habitual de buenas noticias y advertencias. Por un lado, la inversión privada acumuló tres trimestres consecutivos de crecimiento de dos dígitos y el empleo formal continúa en alza. Por otro, el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) recortó a 3 % su proyección de crecimiento para el próximo año, mientras que el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) se mantiene en 3,4 %. La distancia entre ambas cifras dice mucho: el país tiene con qué avanzar, pero todavía depende de factores que no controla. Es el retrato de una economía sólida, aunque expuesta a los vaivenes externos.
La primera tendencia llega desde el mar. El fenómeno de El Niño amenaza a la pesca y a la agroexportación, y el Instituto Peruano de Economía (IPE) calcula que, si resulta fuerte, podría restar hasta ocho décimas al crecimiento del próximo año. Las empresas que resistan mejor no serán necesariamente las más grandes, sino las que aprendieron a planificar con el clima en la mano: seguros, diversificación de zonas de cultivo e inventarios flexibles. Prevenir dejó de ser un gasto para convertirse en ventaja competitiva.
La segunda tendencia está bajo tierra. La cartera minera suma unos 64 000 millones de dólares, pero cerca del 70 % de ese monto aún no tiene fecha definida de inicio. Ahí se juega buena parte del año. Si el nuevo gobierno logra destrabar permisos y convivir mejor con las comunidades, el cobre volverá a ser el gran motor; si no, seguirá siendo una promesa que se repite en cada discurso.
La tercera es la conexión con el mundo. Con la segunda etapa del puerto de Chancay proyectada a partir de 2027, el comercio con Asia promete costos menores y rutas más cortas para quien exporta paltas, arándanos o uvas. Pero un puerto moderno sirve de poco si a él llegan carreteras deficientes y trámites lentos. La logística, ese eslabón poco glamoroso, decidirá quién aprovecha la oportunidad.
Queda una cuarta tendencia, quizá la más silenciosa: la de los pequeños negocios que se digitalizan y se formalizan. La mayoría de los trabajadores peruanos sigue en la informalidad, y los cambios anunciados al Nuevo Régimen Único Simplificado (Nuevo RUS), régimen que usan más de dos millones de contribuyentes, mostrarán si el Estado logra ser aliado del emprendedor o solo su recaudador. El bodeguero que cobra con billetera digital ya forma parte del futuro, aunque nadie lo anuncie en una conferencia. Ahí, y no en los grandes titulares, se define la fortaleza de un país.
El Instituto Peruano de Economía recuerda que, creciendo apenas 3 % anual, el Perú tardaría hasta alrededor del 2060 en alcanzar el ingreso por habitante que hoy tiene Chile. Es una cifra incómoda y, por eso mismo, útil. Los negocios del 2027 no se ganarán con optimismo ni con pesimismo, sino con preparación. Las tendencias están a la vista; falta que empresas, gobierno y ciudadanos dejen de mirarlas desde la vereda.

