POR: EDGARD NORBERTO “BETO” LAJO PAREDES
En la sesión de instalación del nuevo Parlamento Bicameral —estructuralmente hablando—, que reemplaza al Congreso unicameral, los sesenta senadores y ciento treinta diputados, en su mayoría, han jurado diciendo “sí, juro”; y un puñado de padres y madres de la patria ha jurado por Alberto Fujimori y Pedro Castillo, extremos de la derecha neoliberal y la izquierda estatista, respectivamente.
Esperamos que sea nuevo en conducta ética, capacidad política, eficiencia legislativa, efectividad fiscalizadora y representatividad ciudadana.
JURAMENTOS Y PRIVILEGIOS
En el Congreso del año 2000, uno de los integrantes de la bancada de Perú Posible —toledista— juró “por la plata”. El hecho se hizo viral y su protagonista, sin rubor, dijo haber jurado por la plata para hacer obras en su región.
Un programa dominical, este año, emitió un reportaje revelador sobre el uso de una ingente suma de dinero para el pago de privilegios a los parlamentarios y al personal de sus despachos congresales. El Congreso del periodo 2021-2026 es calificado por la mayoría de los peruanos como el “peor Congreso” y el del “pacto mafioso”.
Sin embargo, ningún senador ni diputado ha jurado por la austeridad del Parlamento, en respeto al pueblo peruano que vive del día a día; sin consideración hacia los trabajadores CAS, injustamente carentes de escolaridad y gratificaciones; sin condolerse de los jubilados con pensiones irrisorias; y sin mostrar rubor ante los ninis —jóvenes que ni estudian ni trabajan—.
Nadie ha jurado por la verdadera descentralización y regionalización. Ningún congresista ha jurado contra el “pacto mafioso congresal” que se fue. Ese hubiera sido el preludio de un Poder Legislativo para el periodo 2026-2031 realmente nuevo, diferente y superior a los parlamentos precedentes.
¿Significa que tendremos más de lo mismo? ¿Habrá bancadas de nuevos mochasueldos, nuevos “niños y babys”, nuevos turistas con el dinero de todos los peruanos, nuevos cortaúñas, etc.?
EL EJEMPLO DE LOS PRIMEROS PARLAMENTARIOS
Los congresistas del primer Congreso peruano de 1822 ejercieron sus cargos ad honorem: no cobraban sueldo. Los convocaban el fervor patriótico, el modelo republicano, la convicción democrática, el anhelo de independencia, la bandera de la libertad y el principio de igualdad ante Dios y la ley.
En la Asamblea Constituyente de 1978, redactora de la Constitución Política del Estado de 1979, se dieron gestos de desprendimiento material y vocación moral. Por ejemplo, su presidente, Víctor Raúl Haya de la Torre, rechazó la remuneración y se le asignó el pago mensual de S/ 1,00 —un sol con 00/100—.
La directiva del Poder Constituyente renunció a los vehículos oficiales y los devolvió al gobierno militar; suprimió los gastos de cafetería; prohibió los licores en los actos protocolares y estableció que los consumos personales fueran pagados por los propios constituyentes.
El resultado fue un superávit de 50 millones de soles, caso único en la historia parlamentaria del Perú, al no haberse despilfarrado los recursos económicos del pueblo.
VOCACIÓN POLÍTICA Y AUSTERIDAD
Cabe destacar lo siguiente: los constituyentes de 1978 y 1979 no tuvieron asesores ni secretarias. Esas labores las realizaban los propios constituyentes, organizados en células —en el caso del APRA— o en bancadas —en los demás grupos—, con el apoyo de militantes de sus partidos políticos.
Ellos asumieron dichas responsabilidades con vocación política, en aras de un Perú justo, libre y culto, y de un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.
Fueron grandes los integrantes de la Asamblea Constituyente de 1978. Cómo quisiéramos que fueran emulados por los congresistas de hoy. ¿Será sueño o realidad?

