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Más allá de los 100 días

Construir un espacio de centro en dónde pueden converger la izquierda y derecha democrática podría ser una posibilidad para la gobernabilidad lo cual exige un pacto social en torno a los cambios que el país necesita en democracia.

POR: JULIO FAILOC RIVAS

Muchos apostaban que el gobierno no llegaba a los 100 días. La derecha extrema y los poderes fácticos hicieron lo imposible –desde antes que asumiera el mando– para que el presidente Castillo cayera, y aún cuanto la izquierda radical, no tuviera el mismo propósito, le hizo el juego a la derecha, entre otras cosas, para alimentar el ego de su secretario general Vladimir Cerrón, mientras que el pueblo soberano, a quienes todos decían defender, pagaban los platos rotos.

Para ser justos, consideramos que hacer un balance de los 100 días de gestión, limitado solo al Ejecutivo sería incompleto sino incorporamos al resto de actores, que para bien o para mal han tenido que ver con los resultados de la gestión gubernamental. De la misma forma, limitarlo solo a una evaluación de resultados, nos parece improductivo sino vemos los desafíos que van más allá de los 100 días.  En este marco, el Comité Editorial de Apuntes a Lápiz, convocó a todos sus columnistas para hacer un balance de los 100 días de gestión del ejecutivo y el legislativo, con resultados positivos y que nos presenta Yaneth Sánchez en suplemento especial.

Si tuviéremos que elegir una oración corta que expresara el sentimiento de la mayoría, de estos primeros cien días de gestión no habría otra que: ¡Hasta el 100! Los resultados de la encuesta son la mejor prueba: 75% desaprueba la gestión del congreso y el 48% desaprueba la gestión del presidente Castillo. Estamos seguro que si las encuestas se extendieran a evaluar el papel de la prensa concentrada, de la derecha e izquierda extrema, de los opinólogos a la medida, y hasta de las mismas encuestadoras, la desaprobación sería tan igual o mayor. Y en verdad, la percepción mayoritaria es que todos hemos fallado.

Sin embargo, lo único que le reconocen a este gobierno, a pesar de todos sus desaciertos, es el proceso de vacunación, pero para ser justos este logro es más importante de lo que se dice, porque la vacunación permitirá el retorno a clases y sobre todo a la reactivación económica, que el país necesita para retornar a la nueva normalidad.

Estos primeros 100 días, aunque parezca obvio, nos ha revelado que este gobierno es de izquierda. Nos guste o no, debemos de reconocer este acontecimiento, ciertamente respaldado por una mayoría relativa de la población que votó por el cambio, y que vio en un profesor campesino, luego de tantas decepciones, la persona más indicada para depositar su confianza y haga los cambios en democracia. Castillo no es el líder tradicional que todos esperamos, sino un símbolo del cambio de una población históricamente postergada, y eso, los demócratas, debemos respetarlo.

Empero –desde nuestra perspectiva– este no es el gobierno de un partido de izquierda, tampoco es de una coalición de izquierda y menos la de un frente de izquierda. A lo máximo es un gobierno de cuotas de izquierda alineados por un interés de cambio, pero que aún no tiene claro que es posible cambiar y como cambiarlo. De allí las tensiones y la ruptura de las izquierdas, la derrota y el aislamiento de Cerrón y de Perú Libre, que siguen sin entender que no ganó su partido, sino el rechazo a la continuidad de las políticas de la derecha, el rechazo al fujimorismo, el cansancio a la corrupción, el abuso y el abandono del Estado con los más pobres.

Haber tomado distancia de Cerrón y de Perú Libre ha sido una condición necesaria pero todavía insuficiente. Construir un espacio de centro en dónde pueden converger la izquierda y derecha democrática podría ser una posibilidad para la gobernabilidad lo cual exige un pacto social en torno a los cambios que el país necesita en democracia.

Tal vez esta sea una oportunidad y a la vez el mayor riesgo para la izquierda democrática, porque si hacen bien las cosas, podrá ser alternativa en el mediano plazo, y si fracasan como gobierno, no solo será un fracaso estratégico, sino una puerta abierta para posiciones extremistas y violentistas.

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