POR: DRA. FANNY REAÑO BAYONA (*)
A propósito del 10 de septiembre, Día Mundial para la Prevención del Suicidio, la discusión pública suele centrarse en cifras globales y llamadas generales a la prevención. Si bien el Estado dio un paso histórico al promulgar el marco normativo de la Ley N.° 30947 en 2019 y su reglamento en 2020, tras décadas de postergación legislativa, la realidad actual demuestra que la crisis de salud mental pospandemia continúa agudizándose de manera alarmante. Como profesional de la salud y del derecho, resulta imperativo visibilizar cómo la hiperconectividad tecnológica, la precarización laboral y, de manera crítica, las persistentes omisiones en la atención a la salud mental materna y perinatal configuran una tragedia silenciosa que exige una revisión urgente de nuestras políticas públicas.
EL PANORAMA EPIDEMIOLÓGICO: UNA POBLACIÓN JOVEN EN RIESGO
Los datos oficiales revelan una tendencia preocupante que amerita intervención inmediata. De acuerdo con las estadísticas del Sistema Informático Nacional de Defunciones (SINADEF) y los reportes del Ministerio de Salud (MINSA), la población más afectada por la conducta suicida se concentra en el tramo etario de 15 a 34 años (MINSA, 2025; SINADEF, 2026). Este sector representa parte importante de la fuerza laboral y reproductiva del país, lo que evidencia que el estrés crónico, la falta de expectativas económicas y la presión social están quebrando la salud mental de las nuevas generaciones.
Asimismo, estudios de EsSalud reportan un incremento sostenido en las atenciones por salud mental, con predominio de trastornos ansiosos, depresivos y del sueño, evidenciando una creciente demanda asistencial.
“El tramo etario de 15 a 34 años sostiene la fuerza productiva del país, pero también concentra una alta vulnerabilidad ante el suicidio.”
LA TRAGEDIA INVISIBLE: EL SUICIDIO Y LA SALUD MENTAL EN GESTANTES
Uno de los problemas más graves y menos visibilizados en las políticas públicas de salud materno-infantil es la ideación suicida y el suicidio consumado durante la gestación y el puerperio.
La vulnerabilidad biológica y psicosocial se manifiesta en las importantes fluctuaciones hormonales del embarazo y el posparto, sumadas a la privación del sueño y al mito cultural de la “madre eternamente feliz”, factores que pueden profundizar el aislamiento de la mujer.
En el ámbito de la atención institucional, aunque el Perú cuenta desde 2024 con una directiva sanitaria específica para el cuidado integral de la salud mental de gestantes y madres, persiste el desafío de lograr que el tamizaje de salud mental, depresión gestacional y factores de riesgo psicosocial tenga una aplicación efectiva y oportuna en la atención prenatal.
Desde la perspectiva de la correlación legal y los derechos humanos, la ausencia de una detección y atención tempranas de trastornos psiquiátricos severos en gestantes constituye una grave omisión del sistema sanitario. La muerte por suicidio de una mujer gestante o en etapa perinatal no es un hecho aislado; representa el resultado extremo de un sistema que no puede fragmentar el bienestar físico del bienestar emocional.
“Cuidar exclusivamente el bienestar físico del feto mientras se ignora la salud mental de la gestante es una grave omisión del sistema sanitario.”
ENTORNO LABORAL, HIPERCONECTIVIDAD Y EL CASTIGO INVISIBLE A LA MATERNIDAD
El malestar contemporáneo también encuentra un caldo de cultivo en la hiperconectividad tecnológica y las exigencias del entorno laboral moderno. Las demandas de disponibilidad 24/7 a través de herramientas digitales han borrado la frontera entre el descanso y el trabajo, generando cuadros de desgaste profesional (burnout) profundo. A esto se suma el impacto de las redes sociales en los jóvenes, donde la exposición a estándares de vida irreales alimenta la sensación de fracaso e insuficiencia.
Sin embargo, el ámbito laboral es especialmente hostil para la mujer en edad reproductiva. Cuando una madre gestante culmina su periodo de descanso por parto y lactancia, o cuando se reincorpora al mercado tras una pausa forzada por las exigencias de la crianza, se enfrenta a una cultura corporativa punitiva. Es común que los empleadores cuestionen con recelo: “¿Qué pasó aquí? ¿Por qué tienes este hueco en tu trayectoria?”, patologizando o penalizando indirectamente el tiempo dedicado a la maternidad y desatendiendo por completo el enorme impacto físico y emocional que la gestación y la crianza temprana suponen. La falta de estabilidad laboral y la estigmatización de estos procesos agravan el aislamiento y la vulnerabilidad psicológica de las mujeres.
“Penalizar el ‘hueco’ en la trayectoria laboral por maternidad es ignorar el valor social de la crianza y castigar la salud mental de las mujeres.”
REFLEXIÓN FINAL Y EXIGENCIA NORMATIVA PARA EL NUEVO PARLAMENTO
Para abordar esta problemática desde la administración de servicios de salud y el marco jurídico, es imperativo interpelar a quienes tienen en sus manos la conducción del Estado. Hacemos un llamado urgente a los padres de la patria, a las comisiones del nuevo Parlamento —diputados y senadores—: es tiempo de mirar hacia las verdaderas urgencias de la sociedad sin dilatar su atención. No se puede legislar de espaldas a una estadística tan dolorosa ni ignorar a los grupos etarios más vulnerables y a las gestantes que sostienen el futuro del país.
Es necesario fortalecer los protocolos obligatorios, garantizando por ley y en la práctica la evaluación de salud mental y riesgo suicida durante la atención prenatal a nivel nacional.
Asimismo, se requiere una protección laboral efectiva, reforzando la prevención y sanción del sesgo laboral y la discriminación vinculada a la maternidad, así como garantizando redes de apoyo institucionales que reconozcan el valor social de la crianza y la salud perinatal.
Finalmente, resulta indispensable garantizar presupuesto y articulación intersectorial, de manera que las normas de salud mental cuenten con recursos ejecutables que permitan descentralizar la atención psiquiátrica y psicológica, entendiendo que la prevención del suicidio es, ante todo, un asunto impostergable de derechos humanos.
“Legislar de espaldas a las estadísticas de salud mental es perpetuar una deuda invisible con las próximas generaciones.”
“La crisis de salud mental no es solo una estadística clínica; es el reflejo de un Estado que fragmenta el bienestar emocional del bienestar físico.”
(*) Doctora en Derecho y Ciencia Política (UNMSM); doctora en Salud Pública; magíster en Administración de Servicios de Salud; obstetra y abogada.

