Electroencefalograma: qué puede detectar, cómo se realiza y por qué es importante en niños y adultos

Se trata de un examen seguro, indoloro y no invasivo. Los electrodos no envían electricidad al cerebro: simplemente captan y registran las señales eléctricas producidas por la actividad neuronal.

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POR: PH.D. ING. AVID ROMAN-GONZALEZ

El electroencefalograma (EEG) registra la actividad eléctrica del cerebro y es una de las principales herramientas para estudiar convulsiones y epilepsia. La preparación y la forma de realizarlo pueden variar considerablemente según la edad del paciente.

A diferencia de una tomografía o una resonancia magnética, que permiten obtener imágenes de la estructura cerebral, el electroencefalograma registra la actividad eléctrica cerebral a través de electrodos colocados sobre el cuero cabelludo. Las neuronas producen actividad eléctrica continuamente, incluso mientras dormimos, y el EEG permite representar esa actividad en forma de ondas.

Se trata de un examen seguro, indoloro y no invasivo. Los electrodos no envían electricidad al cerebro: simplemente captan y registran las señales eléctricas producidas por la actividad neuronal.

¿QUÉ PUEDE DETECTAR?

El EEG puede detectar patrones anormales de actividad eléctrica que ayudan al especialista a determinar si un episodio puede estar relacionado con epilepsia, aportar información sobre el tipo de crisis y contribuir a orientar el diagnóstico y tratamiento.

Pero sus aplicaciones son más amplias. Dependiendo del contexto clínico, un electroencefalograma puede utilizarse para estudiar epilepsia y diferentes tipos de crisis convulsivas; episodios de pérdida de conciencia o desconexión que necesitan una evaluación neurológica; alteraciones del estado de conciencia; algunas encefalopatías, es decir, alteraciones del funcionamiento cerebral producidas por diferentes causas; determinadas alteraciones del sueño; algunas enfermedades o lesiones que afectan el funcionamiento cerebral, y pacientes en estado de coma, incluyendo situaciones en las que se requiere evaluar la actividad cerebral.

¿CÓMO SE REALIZA?

El procedimiento comienza con la colocación de pequeños electrodos sobre el cuero cabelludo. Primero, el técnico mide la cabeza y marca los puntos donde serán colocados los electrodos. Posteriormente, puede utilizarse una pequeña cantidad de material abrasivo para mejorar el contacto con la piel y después se colocan los electrodos mediante una pasta o adhesivo especial. Los sensores se conectan al equipo que amplifica y registra las señales eléctricas del cerebro.

Durante el examen, el paciente permanece sentado o recostado en una posición cómoda. Habitualmente se solicita que mantenga los ojos cerrados y, en determinados momentos, que los abra y cierre, respire profundamente o mire una luz intermitente.

Un EEG convencional suele registrar aproximadamente entre 20 y 40 minutos, aunque el tiempo total de la cita puede ser mayor debido a la preparación y colocación de los electrodos. Cuando se necesita registrar el sueño, el examen puede prolongarse.

En algunos casos se utiliza además un video-EEG, que sincroniza el registro eléctrico con una grabación de video. Esto permite comparar lo que ocurre físicamente durante un episodio con la actividad eléctrica cerebral registrada simultáneamente.

PREPARACIÓN PARA EL EXAMEN

La preparación para el examen de EEG suele ser sencilla:

Cabello limpio: lavar el cabello la noche anterior o el mismo día del examen y evitar acondicionadores, cremas, aceites, espráis o geles. Estos productos pueden dificultar que los electrodos se adhieran correctamente al cuero cabelludo.

Medicamentos: el paciente debe continuar tomando sus medicamentos habituales, salvo que el médico indique expresamente lo contrario.

Sueño: si se ha programado un EEG durante el sueño, el equipo puede indicar una reducción controlada de las horas de sueño.

Alimentación: generalmente no es necesario acudir en ayunas para un EEG convencional, salvo que el centro o el médico indique otra cosa.

Niños pequeños: en ellos la preparación puede ser diferente porque el principal desafío es conseguir que permanezcan tranquilos o que se duerman durante el registro.

DIFERENCIAS SEGÚN LA EDAD

Aunque el principio científico es el mismo, la estrategia para realizar el EEG cambia considerablemente según la edad.

Lactantes: aprovechar el sueño natural. En los bebés, el objetivo suele ser obtener un registro de la actividad cerebral lo más completo posible durante el sueño, cuando este aporta información adicional. Por ello, el equipo puede recomendar modificar ligeramente los horarios de sueño y alimentación para favorecer que el bebé se duerma durante el examen. En algunos casos, la alimentación antes del procedimiento también puede ayudar a conseguir un periodo de sueño tranquilo. La colaboración de los padres es fundamental. Llevar al bebé con ropa cómoda, tener sus elementos habituales de alimentación y confort y seguir exactamente las instrucciones del centro puede facilitar mucho el procedimiento.

Niños pequeños: el principal desafío puede ser conseguir que permanezcan quietos durante la colocación de los electrodos y el registro. El procedimiento sigue siendo indoloro, pero algunos niños pueden sentirse incómodos al tener sensores y cables alrededor de la cabeza. Por eso, el personal puede utilizar estrategias de distracción y explicar el procedimiento de acuerdo con la edad. En determinados estudios se busca también que el niño duerma durante una parte del registro. Si se requiere sedación, esta no debe asumirse como parte rutinaria del EEG; debe ser indicada y supervisada por profesionales de salud según las características del paciente y del procedimiento.

Escolares y adolescentes: normalmente es más sencillo explicar lo que ocurrirá durante el examen. Pueden seguir instrucciones como abrir y cerrar los ojos, realizar determinadas tareas, respirar profundamente o permanecer relajados durante el registro. Cuando el médico considera necesario realizar un EEG con privación de sueño, el adolescente puede recibir instrucciones específicas sobre cuánto debe dormir la noche anterior.

Adultos: un EEG convencional suele requerir poca preparación especial: cabello limpio, evitar productos capilares y continuar la medicación habitual, salvo indicación médica diferente. Durante el examen, el paciente permanece relajado mientras los electrodos registran la actividad cerebral. En determinados casos se realiza un estudio durante el sueño, un EEG prolongado, ambulatorio o un video-EEG para aumentar las posibilidades de registrar un episodio.

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