POR: EDUARDO VEGAZO MIOVICH
Cuando se vive lejos de su tierra, se lleva un espacio vacío en el corazón que otra tierra u otros amigos no pueden llenar.
Quienes hace pocos o muchos años levamos anclas y pusimos la proa de nuestras naves hacia otros rumbos, nos alejamos solo físicamente de nuestra tierra, dejando en ella un pedazo de nuestros corazones. En la gran urbe, Lima, hemos luchado arduamente, contra viento y marea, para aprender a vivir, navegar y sobresalir en las tormentosas aguas de un mar desconocido, gracias al viento alimentador de temple y coraje proveniente de las familias, de los amigos y de la tierra lejana, que inflaron las velas llevándonos por aguas donde navegan las personas de bien.
Sentimos nostalgia por la familia, por los amigos, los cerros, los olivares y por todo el conglomerado de cosas, costumbres, anécdotas, parajes y hasta por sus defectos, que dan el inigualable sabor y toque muy especial a nuestra tierra.
ILO EN LA MEMORIA
Quienes visitamos la tierra que nos vio nacer y crecer, vemos las cosas de diferente manera que los que están en casa, pues contemplamos con veneración cada uno de sus rincones, tonificamos nuestros corazones con la húmeda brisa de sus aguas marinas, con el éxtasis de los frutos que nos otorga el olivo, el mar, las playas y las minas.
Los que viven en Ilo disfrutan a diario de esa bella tierra, de sus estivales, claros y soleados días y de sus tibias noches; o de invernales temporadas costeras y, al mismo tiempo, de verdes y floridas temporadas de sus lomas que regocijan vuestras almas; de la bella y romántica “Glorieta”, que invita a pasear por el gran Malecón Costero; asimismo, de las playas de arena o rocas que con sus manjares marinos deleitan los paladares; y, finalmente, del solemne silencio y recogimiento del alma entre las labradas maderas y calaminas del templo que alberga a la Virgen del Rosario y a San Gerónimo.
Aunque lejos de la tierra natal, Ilo, nosotros, los miembros de la Asociación de Ileños Residentes en Lima (AIRL), le rendimos homenaje al cumplir 56 años de existencia como provincia, expresándole nuestra constante preocupación por su bienestar y progreso.
UN MENSAJE DESDE LOS RECUERDOS
Finalmente, deseo enviar por los aires este pequeño mensaje, extraído del tonel de mis recuerdos, para todos los ileños y a los que aman a nuestra tierra: «Ilo, tierra de nuestra niñez, con no más de unos mil quinientos habitantes, en donde todos nos conocíamos, algunos con nuestros nombres propios, otros con sobrenombres, pero todos nos queríamos, nos respetábamos. Puerto pequeño, pero era mi hermoso mundo y perfecto universo. Mi valle de olivos, guayabos, chilcas, cañas de carrizo, tiquil-tiquil y callacaz. Mis playas de rocas, arena y muelle. Las lomas, de las que aún mis manos conservan la fragancia de amancaes. Aquellos cerros, desde donde mis ojos divisaban el cielo a corta distancia. Ese mar, en el que navegué en bote de calamina y paletas. Es decir, más allá de donde alcanzaba mi vista, no me interesaba. Eran los tiempos en que, junto con mis amigos, “hablábamos cantando y caminábamos bailando”. Tiempos en los que mis padres supieron dar amor y felicidad a los ocho hermanos; es decir, antes de morir, ya estuve en el cielo. Y, aunque no sea creíble, aún sigue siendo mi gran universo».
Amigas y amigos residentes en Ilo y de la Asociación de Ileños Residentes en Lima, el 26 de mayo, desde la distancia, los invito a extraer vuestros recuerdos de cada uno de sus toneles para compartir y gritar hasta el cielo: ¡Feliz aniversario, amada tierra!

