Por: Carlos Carpio Montoya
A lo largo de mi trayectoria he tenido el privilegio de vivir y trabajar en las principales ciudades del sur del Perú como gerente y jefe de Negocios del BCP. Esta experiencia me permitió aprender de la realidad cotidiana, palpar de cerca las frustraciones de su gente y compartir sus más profundas esperanzas. En Cusco apoyé al Gobierno Regional en la edición del libro Oportunidades de Inversión en la Región Inka, donde ya se destacaba el proyecto Camisea. También sufrí junto a mis compatriotas los embates de la naturaleza, como los terremotos de Ica y Moquegua, aportando un grano de arena para apoyar a los damnificados. Asimismo, comprendí lo que significa un Fenómeno de El Niño para el sector pesquero en Ilo, acompañé el centenario del primer paseo de la bandera en Tacna y llegué hasta Suana, en el lago Titicaca, donde comprendí lo que verdaderamente significa la ausencia del Estado.
Por todo ello, para mí, este 28 de julio no es solo una fecha del calendario patrio, sino un espejo en el que se reflejan nuestras deudas históricas como nación. Hoy, mientras Keiko Fujimori jura como nueva presidenta de la República, considero que el Perú se encuentra ante un punto de inflexión y una oportunidad para redimir los errores estructurales que han marginado durante siglos al sur peruano.
Hace doscientos años, la promesa republicana se estancó en el centralismo limeño, dejando a las ciudades del sur andino y costero en una desconexión que frenó su potencial. Hace cien años, los afanes modernizadores repitieron ese error, imponiendo políticas desde la capital. Hemos vivido con la paradoja de un sur inmensamente rico en cultura y recursos naturales, pero postergado en infraestructura y bienestar social.
Creo que el nuevo gobierno asume el mandato de romper ese ciclo mediante una descentralización auténtica y una mayor integración económica. El sur ya no debe ser visto como un simple enclave extractivo ni como un bastión de la polarización política. Confío en que los recursos de regiones como Arequipa, Cusco, Moquegua, Tacna, Apurímac y Puno se traduzcan, por fin, en bienestar público.
Espero que este 28 de julio de 2026 marque el comienzo de un capítulo esperanzador y que este sea el quinquenio en el que el sur del país reciba, por justicia, el lugar de grandeza y prosperidad que le corresponde. El Perú es uno solo y un futuro más justo empieza hoy.

