POR: JORGE ACOSTA ZEVALLOS
Las bolsas de valores y de los metales indican que el precio del cobre se ha elevado de manera contundente; en la semana que pasó estuvo en torno a US$ 5.74 por libra de cobre concentrado y significó en la semana un aumento de 4.2% y un aumento del 37% respecto a la misma semana del 2025.
Los analistas indican que es una de las mayores subidas en las últimas décadas. Al mismo tiempo, señalan que la causa principal de la disparada es el déficit de concentrados de cobre; suman la guerra del Medio Oriente y la demanda de las industrias de los países desarrollados, destacando la economía china.
Y, por supuesto, los impactos en el Perú son positivos: primero para las empresas mineras, después para la economía peruana, ya que el valor y la cantidad de las exportaciones aumentarán. En el corto plazo, los departamentos de Moquegua, Arequipa, Tacna y Apurímac recibirían mayor canon y regalías mineras.
Sin embargo, una de las características del mercado internacional es su volatilidad, y es la geopolítica la que está cambiando de manera violenta, modificando los aranceles, como la determinación de los EE. UU. de elevarlos para protegerse.
Y, aun así, según la analista de mercados Traders Unión, el precio de la libra de concentrado de cobre en mayo estará en US$ 5.01; en junio en US$ 5.07; en agosto se recuperará a US$ 5.52; volverá a bajar en el periodo de setiembre a octubre entre US$ 4.88 y 4.89; en diciembre repuntará a US$ 5.56. El próximo año 2027 pronostican que se elevará de US$ 5.76 en enero a US$ 6.48 la libra.
La evolución histórica del promedio de dólares por libra de cobre desde el año 2021 al 2026 es totalmente ascendente. Las estadísticas de las fuentes oficiales como ENAMI y COCHILCO lo dicen. En el 2021 la libra de cobre fue de US$ 4.20; en el 2022 de US$ 4.00; en el 2023 de US$ 4.10; en el 2024 de US$ 4.20; en el 2025 de US$ 4.24 y hasta abril del 2026 de US$ 5.74 la libra de cobre.
¿Entonces estamos premiados por esta coyuntura por el bendito cobre? La respuesta es un sí y un no. Primero, podría haber sido mejor si hubiéramos tenido una política de promover la industrialización del cobre. Actualmente, nuestras exportaciones son más del 90% cobre concentrado, que es un producto intermedio obtenido por la flotación en la mina u otro tratamiento.
Su contenido de cobre es de aproximadamente de 25 a 30% y sale del país como polvo o arena en bruto. Otro caso es el cobre refinado, que son planchas de cobre que han pasado por una fundición y refinería. Su pureza es 99.99% cobre (grado A), su precio se cotiza directamente en la Bolsa de Metales de Londres (LME) y las planchas de puro cobre están listas para industrializarlas, como es el alambrón.
El cobre refinado solo se produce en Ilo y en pequeña escala y, paralelamente, se obtiene oro, plata y molibdeno, entre otros. Lo compran los fabricantes de cables, componentes eléctricos, mecánica automotriz y la electrónica computarizada.
Por supuesto que el cobre refinado tiene un precio más elevado que el concentrado, porque este último tiene que agregar más procesos productivos para convertirse en cobre puro. En cambio, los cátodos de cobre son de precios más elevados y lo demandan directamente las industrias.
Segundo. No sabemos aprovechar la bendición de la naturaleza; el canon y las regalías mineras se invierten mal, prolifera la obra fácil y pequeña. No logramos invertir en grandes obras de impacto.
Para mejor ejemplo, pasan los años y la irrigación de Lomas de Ilo no empieza. En un balance de costos-beneficios, por la demora y la ineficiencia, los costos son más elevados que los beneficios; si algún día empieza la irrigación, los beneficios recién superan a los costos en el quinto año aproximadamente. Décadas perdidas.


