No fue culpa tuya, ni tampoco mía

POR: FERNANDO VALDIVIA CORREA   

El Artículo 115° de nuestra Carta Política reza que “por impedimento temporal o permanente del presidente de la República, asume sus funciones el primer vicepresidente. En defecto de éste, el segundo vicepresidente. Por impedimento de ambos, el presidente del Congreso. Si el impedimento es permanente, el presidente del Congreso convoca de inmediato a elecciones”.

Y eso fue lo que ocurrió -en parte- cuando el pasado 7 de diciembre fue vacado el golpista Pedro Castillo. De inmediato, y contrariamente a lo prometido, asumió las riendas Dina Boluarte, en su condición de primera -y única- vicepresidente. Sabido es que ni bien juramentó, sus primeras palabras no fueron de “agradecimiento y no los defraudaré pueblo peruano”, sino de envalentonamiento: ¡Me quedo hasta el 2026! Así de simple, borrón y cuenta nueva. Error u horror, por donde se le aprecie. Y esas palabras infortunadas, hoy le pasan la factura.

Agobiada por la permanente crisis, producto de sus imborrables e impresentables acciones (como por ejemplo invitar a la enardecida población proveniente de provincia a “tomar Lima, pero en paz”), doña Dina presentó el proyecto de ley de adelanto de elecciones generales (presidente, vicepresidentes y congresistas) para abril de 2024.

Entró a debate, y luego de varias jornadas de idas y vueltas, fue aprobada en primera instancia. Pasado los días, y previendo que no existiría quórum para una segunda votación, declaró estar dispuesta a irse este año. Fue entonces que ingresó al Pleno la moción de adelanto de elecciones para el 2023.

No alcanzaron los votos, y antes de entrar a una reconsideración, la mandataria deslizó la posibilidad de presentar dos iniciativas legislativas: de elecciones anticipadas para el próximo octubre y que el siguiente Parlamento encargue a la Comisión de Constitución la reforma total de la actual norma Suprema. Y lo hizo, aunque solo la primera de ellas. Aquí, detengámonos un momento y absolvamos la interrogante: ¿En serio quiere dejar el poder? De ser afirmativa la respuesta, ¿para cuándo?

Las incontables manifestaciones van dejando cerca de 60 fallecidos y cientos de heridos. Aunado a ello, dos valerosos policías muertos en acción y más de 700 heridos, sin contar aquellos con graves secuelas físicas y emocionales.

Además, la Sociedad Nacional de Industrias estimó en S/ 3000 millones las pérdidas económicas por los distintos bloqueos, y una inflación mensual que bordea el 9%. Siendo así, es válido traducir que las demandas de la población, marchantes o no, y dejando de lado a los vándalos, es contar con fuentes de ingreso que signifiquen llevar pan para la casa.

En los 17 meses del desgobierno de Castillo (precisamente con la señora Boluarte como Titular del MIDIS, salvo las últimas dos semanas), las expectativas de la ciudadanía en mejoras a la situación económica han caído dramáticamente. La realidad golpea aún más todavía.

A todo esto, ¿qué de bueno ha hecho a la fecha este Ejecutivo? Más allá de la retórica, las acusaciones sin sentido (como persistir en imputar a su examigo Castillo Terrones como autor de las recientes asonadas violentistas) no hacen más que empalidecer su alicaída gestión. En sencillo, en dos meses no hay nada que mostrar.

No fue culpa tuya, probablemente. Ni tampoco mía. Aunque lejos de buscar responsables, lo real es encontrar la solución al país. Y esto significa no caer en la monotonía del dejar hacer, dejar pasar, sino de tomar decisiones. Si la señora Boluarte Zegarra no es capaz siquiera de eso, es mejor evaluar el paso al costado y no seguir aferrándose antojadizamente al cargo.

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