¡Me duele Moquegua…!

“Un pueblo dormido puede soñar... pero un pueblo despierto puede actuar” - Anónimo

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POR: CÉSAR CARO JIMÉNEZ

Moquegua cumple este 25 de noviembre del 2020, 479º años de su fundación española. Y lo hace en unos momentos y espacios no muy gratos a decir verdad: a la pandemia provocada por el COVID 19, se suman aparte de la vacancia de Martín Vizcarra Cornejo, la inoperancia de casi todas sus autoridades que naufragan en un mar de dudas, falta de visión y liderazgo, aparte de que en muchos casos pareciera que existen evidentes signos de corrupción.

Y sin embargo ello no es nada nuevo. Creo que se repite desde hace décadas el mismo sentimiento y actuar: celebramos la fecha evocando glorias y prosperidad pasadas, para luego caer  en el ritual de siempre: una que otra inauguración intrascendente casi siempre, desfiles, discursos, condecoraciones, diplomas, ferias y brindis en una atmósfera de alegrías y risas  totalmente irreales con toques fantasmagóricos al recordar nuestras glorias pasadas, que permiten que no tengamos una visión real de nuestras limitaciones  y lo que es posible intentar lograr.

Intento que no se dio en los últimos meses a pesar –más para mal que para bien–, de haber “tenido” un presidente y un primer ministro “moqueguanos”, los cuales en la práctica poco o nada hicieron no solo por la ciudad capital sino por el departamento tanto en lo relacionado a normas y/u obras de infraestructura. (Espero que, si Vizcarra postula al Congreso, lo haga por Moquegua, donde el voto será claro bien con una aprobación o un rechazo mayoritario, dado que aquí se lo conoce bien).

Pero dejemos de lado el presente que a decir verdad no es muy grato y sumémonos a un aniversario más de mi pueblo… él que me vio nacer y crecer, el que me vio irme y regresar, sin olvidar recuerdos y amigos como por ejemplo al moqueguano más ejemplar a carta cabal que he conocido: Ismael Pinto Vargas, que hizo de su vida y obra un pensar, sentir y rememorar el amor a Moquegua y al cual aún se le debe un reconocimiento mayor.

Es cierto: el lugar que uno nace no se elige. Pero uno escribe en sus recuerdos las alegrías y tristezas vividas en la casa de sus ancestros, donde en la infancia y la adolescencia temprana muchos años compartió con los abuelos, tíos y primos queridos el preparar la comida, los dulces y la chicha, escuchando al gallo mañanero o los ladridos de los perros salchicha de mi abuela Gumercinda.

Y recuerdo algunos atardeceres húmedos de rocío y cuando salía la luna detrás de los ficus de la plaza amada. Y recuerdo cada aroma, cada vivencia de mi niñez y algunas de mi mocedad como una de las mejores épocas, una etapa feliz llena de cuentos de duendes, hadas y glorias pasadas cada 25 de noviembre.

Extraño profundamente a mis padres, a mis tíos y mis abuelos, sus consejos oportunos, su mirada serena y las largas sobremesas…donde nos contaban mil historias de personajes y leyendas que nos inculcaron el amor a Moquegua. Cuentos e historias que conserva muy bien mi primo Eduardo.

Moquegua está linda, siempre lo estuvo para nosotros… aun cuando antaño las calles eran polvorientas, habían pocas horas de luz y escasez de agua potable y servicios adecuados, pero todos nos conocíamos, todos la amábamos a pesar de sus carencias, que en mucho aun perduran y que nos obligaron y obligan a que muchos de sus hijos emigren a otros lares en busca de mejores oportunidades tanto en la educación como en las posibilidades de trabajo.

Este 25 de noviembre es el cumpleaños de mi pueblo y lo vamos a festejar con modestia, pero con orgullo. ¡Saldremos a celebrar su historia y la esperanza de los nuevos aires!

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