La casa de Atreo y Moquegua: murallas y madurez democrática en segunda vuelta

¿Están los candidatos preparados para gobernar o solo para conquistar el poder regional?

ARCHIVO

POR: ABOG. MILAR ZENTENO MEJÍA

Cuando Agamenón regresó victorioso de la Troya vencida, nunca imaginó que la verdadera guerra no solo estaba frente a sus murallas, sino dentro de su propia casa. Pues, a solo unos días de su llegada, fue víctima de una traición que lo llevó a la muerte, quedando claro que una victoria exterior no garantiza ni prepara necesariamente a quien la obtiene para afrontar los desafíos de poder que lo esperan después.

Hoy, Moquegua se encuentra ante un dilema electoral que exige un ejercicio de madurez política. Más de 12 mil jóvenes votaron por primera vez en las Elecciones Regionales y Municipales (ERM) 2026, el pasado 4 de octubre, una cifra cercana a la población electoral de la provincia General Sánchez Cerro. Para ellos, esta segunda vuelta debe representar una oportunidad para exigir que los candidatos expongan en debates públicos sus propuestas sobre el empleo juvenil, proveedores y mano de obra local, y otros aspectos, para que emitan un voto informado y consciente. Este 6 de diciembre, su decisión será determinante para el rumbo de la región.

Una alternativa para alcanzar esa anhelada madurez política en Moquegua quizás sea construir simbólicamente, desde la sociedad civil, una muralla de límites éticos al poder, cimentada sobre valores humanos, principios y convicciones democráticas, sin discriminación ni prejuicios.

No ha de tratarse de una muralla en el sentido de exclusión, sino de establecer límites y defensas éticas que impidan que el poder y los recursos de la región se conviertan en privilegio de algunos.

Estos límites éticos deben traducirse en exigencias concretas para Abraham Cárdenas Romero y Juan Luis Herrera Chejo, quienes deben mostrar abiertamente sus posiciones frente a problemas controvertidos para la región, tales como los usos y reservas de agua y territorio para agricultura, depredación de campiña, metales pesados y minería, no únicamente para buscar la aprobación electoral, sino para demostrar que comprenden y respetan las preocupaciones de una ciudadanía activa y una sociedad civil legítima, autónoma y vigilante.

En este contexto, el más alto riesgo en esta recta final electoral radica en que ambos candidatos confundan la conquista del poder regional con la capacidad de ejercerlo. Por ello, la población debe exigir, como prueba decisiva, que eleven el nivel de sus propuestas, transparenten sus equipos técnicos con los que pretenden administrar los recursos del pueblo y, en resumen, demuestren que están preparados no solo para asumir la victoria electoral, sino también para tener la sabiduría de reconstruir nuestra región en igualdad y sin prebendas, sin mezquindad ni egoísmos, y de manera transparente.

Porque Moquegua no necesita conquistadores de su voluntad popular. Necesita gobernantes capaces de comprender que la democracia regional no termina el día del sufragio: comienza, precisamente, cuando llega la hora de gobernar y administrar el poder.

LO ÚLTIMO