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José Cayetano Fernández Maldonado

POR: GUSTAVO VALCÁRCEL SALAS   

Nació en Moquegua en 1787. Fue hijo de Juan José Fernández Maldonado y de María del Rosario Fernández Maldonado. Luego de concluir sus primeros estudios en su ciudad natal fue colegial del seminario San Jerónimo de Arequipa donde en 1800 recibió la tonsura. Durante sus años de estudiante estuvo bajo la poderosa influencia del religioso español Pedro José Chávez de la Rosa, obispo progresista rector del instituto que introdujo las ideas liberales apoyadas en una magnífica biblioteca que trajo de su país natal.

Fernández Maldonado regresa a Moquegua e ingresa al Colegio Franciscano de Propaganda FIDE donde brilló en el púlpito con nitidez por sus dotes de orador. Por su reconocida facundia sus ingeniosos paisanos lo apodaron Pico de Oro.

Fue uno de los fundadores de la Academia Lauretana de Ciencias y Artes de Arequipa, la institución cultural más importante del sur que inspiró la creación del Colegio Independencia Americana y la Universidad Nacional de San Agustín. Tan buena fue su fama de ser el primer predicador en la región, que se le encomendó el sermón inaugural en 1821 en la catedral arequipeña y «lo desempeñó tan grandemente y a satisfacción de los oyentes, que le mereció al Exmo. Ayuntamiento el título de su capellán y predicador; y, a todos, el mayor elogio». Fue designado como uno de los 25 socios de número.

Por su capacidad oratoria fue reclamado en los más diversos actos públicos que se desarrollaban en la ciudad. Así ocurrió al estrenarse el templo del hospital de Belén, o en la ocasión que se inauguró la capilla de San Luis del Colegio de Educandas, en esta oportunidad se destacó con un sermón que dejó gratos recuerdos.

La preocupación que siempre tuvo por los más necesitados de su ciudad se hace evidente cuando en 1840 fue uno de los fundadores de la Sociedad de Beneficencia, junto a José Clemente Arguedas, Ezequiel Mendoza, Gregorio Cabello, José Santos Chocano, entre otros. Fue en nuestra ciudad una de las personas de más sólida cultura de su tiempo. Su voz se hacía escuchar desde el púlpito y en la cátedra en el Colegio Nacional de La Libertad, siempre orientadora, influyente y esperada.

No fue ajeno a los movimientos políticos que convulsionaron al país y que tuvieron como centro de operaciones nuestra ciudad. Estuvo entre los primeros en firmar un pronunciamiento en 1843, apoyando la causa iniciada y dirigida por su amigo y paisano el mariscal Nieto, «contra la facción Directorial» liderada por Vivanco, a cuyos seguidores en este escrito se les califica como «los enemigos de la santa causa de la Constitución».

En 1844, siendo rector del Colegio Nacional de La Libertad, tuvo a su cargo la célebre oración fúnebre pronunciada en las exequias del mariscal Domingo Nieto, celebradas en el templo de la Matriz.

Su preocupación por el progreso de su ciudad y natural desprendimiento se ponen de manifiesto una vez más en 1850, cuando sufraga con su propio peculio la construcción de la capilla del cementerio nuevo, que se encontraba muy descuidado.

Fue profesor muy estimado del Colegio Nacional de La Libertad. Su rector desde 1839, uno de los cargos más importantes y honrosos en la ciudad, y escrupuloso administrador de sus rentas hasta 1851, año en el que fallece, el 14 de agosto.

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