Fundación española de Moquegua — XVIII

Dentro de tres días se deshaga y derribe los pocos edificios que se han hecho en Escapagua.

ARCHIVO

POR: GUSTAVO VALCÁRCEL SALAS

ENÉRGICA REACCIÓN MOQUEGUANA

El sensible fracaso de la propuesta que entregó el obispo a los dos bandos, que les fue leída y al principio recibida con entusiasta resignación, enardeció más los ánimos. Monseñor fray Pedro de Peralta, teólogo salmantino en quien se depositaron las esperanzas de un salomónico acuerdo, se marchó desairado en sus pacíficos designios por los pobladores que no pudieron llegar al ansiado final feliz.

Pasado medio año, tiempo en el cual los moradores del pueblo de Santa Catalina de Moquegua se reunirían una y otra vez para asumir un acuerdo ante este agudo problema que alteró la paz, resuelven designar como portavoz a Juan Rodríguez de Vez, reconocido heredado y vecino del valle y pueblo de Moquegua «de la jurisdicción de Chucuito patrimonio real del Pirú», que empezó a fungir como capitán además de ejercer como teniente general.

Por medio de una carta de obligación y concierto redactada por el notario Diego Dávila, hace el recuerdo que todos los vecinos y heredados del valle, tanto del pueblo de Moquegua como los de Cochuna, que ahora llaman de Esquilache al haberse elevado a villa, en 1611 dieron un poder que reflejaba un acuerdo unánime y espontáneo, para solicitar al virrey la fundación de una villa en el pueblo de Moquegua que dependía de la Audiencia de Charcas y que ahora pasaría a la jurisdicción de Lima; pero a los pocos años, en 1614, algunos vecinos de Escapagua, llevados por sus intereses, se arrepintieron y solicitaron que la villa se haga en su asiento, conocido como lado Cochuna del partido de Colesuyo.

Reiteraba lo que alegaron en 1614, que ello traería perjuicio a todo el valle, pues por carecer de vertientes al río, se habían de perder las plantaciones, y que los de Escapagua, por negociaciones que realizaron, lograron que la villa se funde en su sitio. Con tales antecedentes, para poner remedio a esta enojosa situación, concertó con el visitador de tierras Luis Hidalgo, a quien otorgan poder para que suplique a su excelencia se cumpla el pedido que todos hicieron al virrey en 1611 ante notario: que la fundación se haga en el pueblo de Moquegua.

PEDIDO EXTREMO

El poder no solo lo hacen extensivo para insistir en que se cumpla el compromiso firmado, sino que dentro de tres días se deshaga y derribe los pocos edificios que se han hecho en Escapagua, sin admitir apelación ni súplicas; además, hacer las necesarias gestiones para que se proceda judicialmente contra aquellos que lo quisieran estorbar y se tomen medidas contra sus bienes con todo el rigor de derecho y aún ir contra el corregidor si no los favoreciera con su pedido, hasta el extremo de pedir sea depuesto de su oficio si no daba las necesarias facilidades.

A Luis Hidalgo, por sus influyentes servicios, le pagaban la suma de mil pesos, lo que solía costar una casa de vivienda. Se comprometía a ganar el caso y a «impetrar las provisiones y demás recaudos hasta que tenga cumplido efecto lo que me tienen comunicado los vecinos».

ACUSACIONES RECÍPROCAS

Las alusiones despectivas, reflejo de la enemistad que se iba acunando, ya se habían puesto de manifiesto meses antes.

Así ocurrió el 11 de diciembre de 1618, en ocasión que el cabildo de la recién fundada villa, dirigiéndose al deán y cabildo de la catedral de Arequipa, le comunica, a manera de queja, que «en el valle de Moquegua, donde se fundó la villa de San Francisco de Esquilache, hay dos jurisdicciones, la una que llaman de Chucuito —alusión al pueblo de Santa Catalina de Moquegua— y la otra de Collesuyo, en las cuales se comprenden veintiún heredados. Cuatro de la jurisdicción de Chucuito y los diecisiete de Escapagua y, antes que se fundase la villa, por violencia que ha muchos años hizo Luis Fernández Barchilón, cura y vicario del valle de Moquegua, pasó violentamente los bienes de la iglesia de Escapagua a la de Moquegua, donde él vivía», y a modo de acusación precisa que nunca las quiso devolver.

No podía ser más despectivo informar que Moquegua era un minúsculo poblado de cuatro habitantes. Es de acotar que las escrituras elevadas en esos años a propósito de este diferendo eran suscritas por una veintena de pobladores.

Fundacion espanola de Moquegua XVIII 2 Documento scaled La Prensa Regional
Los moqueguanos piden que en tres días se derriben las casas de la villa de San Francisco de Esquilache.

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