POR: EDGARD NORBERTO “BETO” LAJO PAREDES
Donald Trump, en este su segundo mandato como presidente de los EE. UU., está realizando en América una política exterior imperialista agresiva, sin contrapeso interno; lo peor, sin capacidad de resistencia por los países ni partidos políticos, tampoco de plataformas de organizaciones y voces latinoamericanas.
Desde el inicio de la gestión de la Casa Blanca del republicano, se han dado las siguientes manifestaciones de típico imperialismo.
Anunció la recuperación del canal de Panamá, ante la presencia de China imperial en la administración de los dos puertos panameños ubicados en ambos océanos, Atlántico y Pacífico, de Colón y Balboa, respectivamente. Logró el retiro de las empresas chinas y su traspaso a empresa yanqui.
Al gobierno de México lo acusó de ser benevolente con los cárteles del narcotráfico, imponiéndole altos aranceles a sus productos de exportación para ingresar al mercado norteamericano, consiguiendo de la jefa de Estado azteca que inicie una política de represión del tráfico ilícito de drogas.
Las Fuerzas Especiales estadounidenses, transgrediendo el derecho internacional, ingresaron a Venezuela y capturaron a Nicolás Maduro, no por desconocer las elecciones generales, donde perdió el chavismo y triunfó la oposición, sino por ser líder del cártel de drogas “Los Soles”; llevándoselo a ser juzgado en Nueva York.
Ha negociado con la presidenta encargada Delcy Rodríguez, reinstalado la embajada en Caracas; está administrando el petróleo venezolano y, por ello, le da su parte económica al gobierno bolivariano de la venta del hidrocarburo.
En Perú, mediante el embajador Bernie Navarro, ha influido en el gobierno de José María Balcázar como en el Congreso de la República para la compra, por nuestro país, de 24 aviones de combate F-16 a los EE. UU., por la suma de US$ 3,500 millones.
En un instante de fugaz patriotismo, Balcázar declaró posponer el pago al siguiente gobierno elegido; contra lo cual arremetió, con amenazas, el diplomático, quien curiosamente contó con el apoyo del cuestionado Parlamento y líderes de la derecha, dando marcha atrás, cobardemente, el camarada de Palacio de Gobierno, afiliado al pseudoizquierdista Perú Libre, amigazo de Vladimir Cerrón. Abusivamente, ha recrudecido el bloqueo contra Cuba, negociando con el gobierno comunista de la isla para una “ayuda humanitaria” norteamericana, a cambio de sustanciales cambios en el régimen castrista, dándole un plazo perentorio para su aceptación.
Lo repudiable es el silencio pusilánime de los gobiernos adscritos al Foro de Sao Paulo y Grupo de Puebla, de Lula da Silva, en Brasil; Gustavo Petro, en Colombia; y Claudia Sheinbaum, en México. Hasta el Partido Aprista Peruano ha enmudecido frente a estas evidentes agresiones del imperialismo republicano, reconociendo a seguidores del “pueblo aprista” leal al antiimperialismo indoamericano, que sí levantan su voz de protesta en conferencias, entrevistas, medios de comunicación y redes sociales, salvando el honor del pueblo-continente, creación conceptual del filósofo del humanismo americano, Antenor Orrego.
Qué diferencia con las respuestas de canadienses y daneses ante las interferencias del resucitado panamericanismo trumpista. Veamos: Propuso incorporar a Canadá como parte de EE. UU. Inmediatamente, gobierno, Parlamento y pueblo canucks expresaron su unánime indignación, dejando en claro su independencia, motivando su acercamiento a los europeos.
Así lo manifestó Mark Carney, en Davos, donde sugirió: “Las potencias medianas deben actuar conjuntamente porque si no estamos en la mesa de negociaciones, seremos el plato principal”. Añadió: “Las naciones poderosas están utilizando la coerción económica para conseguir sus objetivos”.
Ofreció a Dinamarca comprar Groenlandia. Las autoridades danesas y groenlandesas, categóricamente, han declarado: “Groenlandia no está en venta”.
¿El antiimperialismo se ha trasladado de Latinoamérica a Europa? Latinoamérica antiimperialista e interamericanista durante el pasado siglo XX. ¿Qué será en el presente siglo XXI?

