POR: DR. JESÚS MACEDO GONZALES
Para alegría de unos y decepción de otros, ya tenemos una presidenta electa oficialmente proclamada, quien asumirá los destinos del país este próximo 28 de julio. En ese sentido, la entrega de credenciales a Keiko Fujimori como presidenta electa del Perú marca el inicio de una nueva etapa política para el país. Más allá de las preferencias electorales, este acto representa la culminación del proceso democrático y el reconocimiento oficial de la voluntad expresada en las urnas. A partir de este momento, el desafío deja de ser electoral y pasa a ser de gobierno. Pero veamos lo bueno, lo malo y lo feo de esta situación.
LO BUENO
Lo bueno de este escenario es que el país cuenta con una autoridad legitimada por el proceso electoral, lo que puede contribuir a reducir la incertidumbre política y generar condiciones para impulsar la inversión, el empleo y la reactivación económica. Si el nuevo gobierno logra promover el diálogo con las distintas fuerzas políticas y sociales, podría abrir una etapa de mayor estabilidad institucional, tan necesaria después de años de confrontación entre los poderes del Estado.
LO MALO
Lo malo es que la nueva presidenta asumirá el cargo en un contexto de profunda polarización. Un sector importante de la población mantiene cuestionamientos políticos e históricos hacia su liderazgo, hacia el legado del fujimorismo y hacia su discurso histórico, cargado de mentiras y de oposición a los gobiernos de turno, porque ella siempre perdía y se dedicaba a sacar del cargo a todos los presidentes que hemos tenido. Esto, sin contar las leyes creadas para generar impunidad desde el gobierno congresal que hemos tenido.
Esa realidad exigirá una actitud de apertura, transparencia y capacidad para construir consensos. Gobernar para quienes votaron por ella será insuficiente; deberá demostrar que puede gobernar también para quienes no respaldaron su candidatura.
LO FEO
Lo feo sería repetir los errores que han debilitado nuestra democracia: la confrontación permanente entre los poderes del Estado, el uso político de las instituciones, la falta de transparencia, el debilitamiento de los organismos de control o cualquier práctica que favorezca la impunidad.
El Perú necesita que las decisiones públicas se adopten con respeto a la Constitución, al Estado de derecho y a los derechos fundamentales. Asimismo, la lucha contra la inseguridad ciudadana, la corrupción, la pobreza y las brechas en salud y educación no puede quedar relegada por disputas políticas.
UN VOTO VIGILANTE
Es por eso que la ciudadanía también tiene un papel fundamental. La democracia no termina con las elecciones; continúa con la vigilancia, la participación y la exigencia de rendición de cuentas. Apoyar las buenas decisiones y cuestionar las equivocadas forma parte de una sociedad democrática y responsable.
Los que no hemos votado por ella debemos asumir un voto vigilante contra el autoritarismo, la mentira y la corrupción, vengan de donde vengan.
Por eso, la entrega de credenciales no debe entenderse como un cheque en blanco, sino como el inicio de una gran responsabilidad. La responsabilidad no es solamente de Keiko Fujimori; es también de todos los peruanos, hayamos votado o no por ella. En estos momentos, una vez más, se juegan los destinos de nuestro país.
Además, el verdadero juicio sobre cualquier gobierno no se hará por sus discursos, sino por sus resultados: si mejora la calidad de vida de las personas, fortalece las instituciones democráticas y garantiza el respeto de los derechos humanos y del Estado constitucional de derecho, creando un gobierno sincero, conciliador y honesto.
EL BENEFICIO DE LA DUDA
Porque, al final, más importante que quién gobierna es cómo gobierna y si sus decisiones contribuyen al bienestar de todos los peruanos.
Y confieso que el 1 % de mi conciencia y de mi corazón me pregunta: habiendo combatido a su padre cuando yo estaba en la universidad y siendo un antivoto contra ella, ¿qué tal si decide cambiar y ser una mujer honesta, conciliadora, que promueve el diálogo, que no hace oídos sordos a las necesidades de los peruanos que la rechazan y que logra crear mecanismos para vigilar la corrupción de su partido y de quienes la acompañan? ¿Y qué tal si logra unir al país dividido en el que estamos?
Solamente diré, en todo caso: démosle el beneficio de la duda, a ver qué pasa desde el 28 de julio. Capaz que el milagro suceda, no para ella, sino para nuestro Perú.

