Carmen

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Por: Arnulfo Benavente Díaz

Lo que ocurrió en Radio Mollendo Enrad Perú, hace décadas, fue interesante en nuestra evolución juvenil. Fueron varios momentos románticos y anécdotas con diferentes musas y emisoras.

Gané un buen premio de dinero en un bingo organizado por Pesca Perú y fui a conocer Arica, Chile. Compré una casaca verde, una radio y una grabadora. En mi hogar grababa mi voz a diario.

Luego conocí Radio Mollendo y pasé a ser un integrante de comunicadores clásicos de Mollendo y el sur, en amplitud modulada. Todas las noches, de 8 a 10, proyectaba al aire nuestro programa musical informativo. La música del recuerdo giraba en los tocadiscos, como remolinos, hacia mi izquierda y derecha. Al programa ingresaban varias personas para conocerme y saludarme.

Una noche apareció una mujer delgada y sorprendió su presencia, porque la puerta de la calle estaba cerrada. ¿Cómo ingresó ella? Me saludó con una sonrisa y dijo que se llamaba Carmen y que su familia escuchaba siempre la radio. Yo me encontraba sentado y desarrollando la programación y ella a mi lado izquierdo. Iniciamos un diálogo rápido en el tierno ambiente. Entonces observé que se agachó para recoger un objeto del piso. En esa penumbra nos unimos en cortejo y fuimos enamorados.

Pasaron unos días y a la semana me dijo que tenía un pequeño hijito. En el transcurso de otra semana mencionó lo mismo, es decir, dos nenes. También confesó que era separada. Las noches de verano, la alegría, las promesas de amor, era nuestro mundo.

Una cumbia estaba de moda, «Carmen, se me perdió la cadenita…», era parte de la letra; el autor y cantante, Lucho Argain con La Sonora Dinamita.

Al término del programa la acompañaba a su casa, y de la mano, por la principal avenida de la ciudad. Mi madre me dijo en casa por qué las canciones se repetían y se rayaban. En realidad, colocaba un disco grande LP para amarnos y nos olvidamos del disco. Solo Cupido sabe lo que hicimos ella y yo.

Los meses pasaron y una noche, cerca de su casa, nos despedimos y no la volví a ver más. Como dicen en Mollendo: «No entendí ni chochos su procedimiento».

Con el tiempo, me pasaron los amigos el dato de que ella se había ido a la costa de Moquegua. Y ahora no sé de su vida. ¿Estará en el cielo o ardiendo en el infierno?

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