POR: DRA. FANNY REAÑO BAYONA (*)
El cierre del mes de agosto convoca a una profunda solemnidad en la salud pública y la identidad nacional del Perú. Con el trasfondo histórico del 30 de agosto —fecha cívica y religiosa en la que se conmemora el Día de la Enfermera Peruana y la festividad de Santa Rosa de Lima, patrona de las enfermeras peruanas y de la Policía Nacional del Perú— y la conmemoración del 31 de agosto, consagrada al Día Internacional de la Obstetra bajo la advocación de nuestro patrono San Ramón Nonato, es propicio reflexionar desde la trinchera profesional.
“La salud no se administra desde el aislamiento, sino desde la trinchera de la coautoría profesional.”
Como obstetra que ejerce y vive esta vocación diariamente, considero imperativo analizar el impacto de nuestras carreras y la urgencia de desterrar falsas discrepancias gremiales para abrazar una verdadera labor en equipo.
RAÍCES HISTÓRICAS Y EL MARCO LEGAL
La historia de la obstetricia en el Perú está cimentada en hitos de profunda transformación social. En los albores de la vida republicana, la profesionalización de la partería dio un giro fundamental con la llegada de la destacada matrona francesa Benita Paulina Cadeau de Fessel (Madame Fessel), quien llegó al país en 1826 para sentar las bases de la primera Casa de Maternidad y Escuela de Partos, antecedente histórico de la actual Escuela Profesional de Obstetricia de la Facultad de Medicina de San Fernando de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
Hoy en día, este legado histórico se traduce en disciplinas científicas sólidamente respaldadas por normativas nacionales. Por un lado, el ejercicio de la enfermería está amparado por la Ley N.° 27669, Ley del Trabajo de la Enfermera(o), garantizando su intervención transversal en todas las etapas del ciclo vital. Por otro lado, la obstetricia está reconocida como profesión médica por la Ley N.° 23346, mientras que la Ley N.° 27853, Ley de Trabajo de la Obstetriz, regula su ejercicio profesional.
LOS CINCO PILARES DEL EJERCICIO OBSTÉTRICO
Desde mi perspectiva como obstetra y abogada, es fundamental educar a la sociedad sobre la amplitud de nuestra competencia profesional. El rol del obstetra trasciende con creces el momento del parto; nuestra labor impacta directamente en el desarrollo demográfico y sanitario a través de cinco grandes funciones o aspectos contemplados en la norma.
La función asistencial comprende un enfoque clínico riguroso en la salud sexual y reproductiva, abarcando las etapas preconcepcional, concepcional y postconcepcional; la preventivo-promocional, la educación comunitaria constante, orientando a la población sobre la premisa de que la salud del niño y la reproducción no son una carga exclusiva de la gestante, sino una responsabilidad compartida de la familia y el entorno social; la administrativa, el liderazgo en la gestión de servicios de salud, planificación estratégica de recursos y optimización de la calidad asistencial; la docencia, la formación de las nuevas generaciones de profesionales de la salud y capacitación continua a la comunidad; y la investigación, la producción de conocimiento científico y evidencia empírica orientada a la mejora continua de los protocolos de atención materno-infantil.
EL VALOR TRANSVERSAL DE LA ENFERMERÍA Y LOS TÉCNICOS EN ENFERMERÍA
Si la obstetricia resguarda el milagro del origen y la salud reproductiva, la enfermería constituye la columna vertebral del cuidado clínico continuo. Desde la atención en áreas críticas y neonatología hasta la salud comunitaria, las enfermeras actúan con destreza en cada proceso vital.
A este engranaje vital debemos sumar necesariamente a las técnicas y técnicos en enfermería, un eslabón operativo de valor inconmensurable en los hospitales y centros de salud del país. Su entrega diaria, empatía y soporte incondicional en la primera línea de atención hacen posible que los servicios de salud operen con humanidad y eficacia.
UN SOLO EQUIPO MULTIDISCIPLINARIO: LA CLAVE DEL ÉXITO ASISTENCIAL
En la práctica diaria de los establecimientos de salud, a menudo surgen fricciones históricas y debates gremiales entre enfermeras y obstetras en torno a delimitaciones de espacios.
“Ningún título nobiliario ni ninguna norma sectorial reemplaza el valor de saber trabajar engranados por un mismo paciente.”
No obstante, ninguna profesión en el ámbito sanitario constituye una isla autosuficiente. Los médicos más especializados no podrían sostener la operatividad de un nosocomio sin el concurso de las obstetras, ni las obstetras concebiríamos una atención integral sin la labor de las enfermeras. A su vez, todo este sistema requiere del concurso indispensable de técnicos en enfermería, psicólogos, nutricionistas, tecnólogos médicos y trabajadores sociales. Somos, ante todo, un equipo multidisciplinario, donde cada pieza es vital.
Al celebrar estas fechas del calendario nacional, hago llegar mi más calurosa felicitación a todas mis queridas colegas obstetras a lo largo y ancho del Perú y del mundo en este su día internacional. Asimismo, extiendo un reconocimiento especial y fraterno a las enfermeras peruanas por su incansable entrega, y a la Policía Nacional del Perú por su labor impecable y constante en salvaguardar la seguridad de nuestra patria. Que la bendición de nuestra patrona, Santa Rosa de Lima, guíe siempre el camino de vocación, sacrificio y servicio que caracteriza a nuestro país. Sin importar el color del uniforme o el articulado de una norma, nuestro compromiso ético, jurídico y humano sigue siendo uno solo: la defensa irrestricta de la vida y la salud de nuestros pacientes.
(*) Obstetra, abogada, doctora en Derecho y Ciencias Políticas (UNMSM), doctora en Salud Pública y magíster en Administración de Servicios en Salud.

