POR: PHD. AVID ROMÁN GONZALES
En el mes de la independencia, debemos destacar que la investigación científica, la tecnología y la innovación son tan importantes para el desarrollo nacional como la infraestructura, la economía o la educación. Apostar por la ciencia es fortalecer la soberanía, la competitividad y la calidad de vida de los peruanos.
Cada 28 de julio, el Perú celebra un año más de independencia, recordando a quienes forjaron la República. Sin embargo, en pleno siglo XXI, los desafíos para consolidar un país próspero ya no se libran únicamente en los campos político o económico. Hoy, una parte importante del futuro nacional se construye en los laboratorios, centros de investigación, universidades y empresas de base tecnológica, donde la ciencia y la innovación se convierten en motores del desarrollo.
Los países que actualmente lideran la economía mundial comparten una característica común: invierten de manera sostenida en investigación, desarrollo e innovación —I+D+i—. Estados Unidos, Alemania, Corea del Sur, Japón e Israel han demostrado que la generación de conocimiento científico es una inversión estratégica que impulsa industrias de alto valor agregado, mejora los servicios públicos y fortalece la competitividad internacional.
En contraste, el Perú continúa enfrentando importantes desafíos. La inversión nacional en investigación y desarrollo sigue siendo una de las más bajas de América Latina, situándose por debajo del 0.2 % del producto bruto interno —PBI—.
Esta cifra limita la capacidad del país para generar tecnología propia, desarrollar industrias basadas en el conocimiento y responder con mayor autonomía a problemas nacionales relacionados con la salud, la agricultura, la minería, el medioambiente, la energía o la seguridad.
Sin embargo, el potencial científico peruano es enorme. Durante los últimos años, los investigadores nacionales han incrementado significativamente su producción científica en revistas internacionales, mientras que las universidades han fortalecido sus capacidades de investigación y colaboración con instituciones de todo el mundo.
Además, cada vez más jóvenes peruanos participan en proyectos de inteligencia artificial, biotecnología, ingeniería biomédica, nanotecnología, observación de la Tierra mediante satélites y exploración espacial.
En este contexto, el Perú necesita consolidar un verdadero ecosistema nacional de ciencia, tecnología e innovación. Esto implica incrementar progresivamente el financiamiento destinado a la investigación, fortalecer la articulación entre las universidades, las empresas, la sociedad y el Estado, impulsar la transferencia tecnológica, apoyar el emprendimiento innovador y generar oportunidades para que el talento peruano pueda desarrollarse sin verse obligado a emigrar.
Asimismo, resulta fundamental despertar vocaciones científicas desde la educación básica. Promover el pensamiento crítico, la experimentación, la robótica, la programación y la exploración espacial entre niños y jóvenes permitirá formar a la próxima generación de investigadores e innovadores que liderarán el desarrollo del país durante las próximas décadas.
Las Fiestas Patrias representan una oportunidad para reflexionar sobre el modelo de país que queremos construir. La independencia no solo se mide por la autonomía política, sino también por la capacidad de generar conocimiento propio, desarrollar tecnologías nacionales y formar profesionales capaces de competir en un mundo cada vez más basado en la innovación.
Invertir en ciencia no es un lujo reservado para los países desarrollados. Es una condición indispensable para alcanzar un crecimiento económico sostenible, mejorar la calidad de vida de la población y garantizar la soberanía tecnológica del Perú.
En este nuevo aniversario patrio, el mayor homenaje que puede hacerse al futuro del país es apostar decididamente por la educación, la investigación y la innovación. Porque un Perú que investiga, innova y crea conocimiento es un Perú más libre, más competitivo y mejor preparado para enfrentar los grandes desafíos del siglo XXI.

