El camino hacia un Perú potencia: unidad, educación y futuro

El progreso de la patria no tiene color partidario. Necesitamos encender, con urgencia y sentido de unidad, dos nuevos motores económicos: el turismo y la industria.

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POR: H. CARLOS MELLO NALVARTE (VICEPRESIDENTE ACUPI)

Hoy, el Perú camina sobre dos grandes motores que sostienen nuestra economía: la minería y la agroindustria. Ambos sectores están creciendo con fuerza y son indispensables para el país, pero la realidad demuestra que no son suficientes para cerrar las profundas brechas sociales que aún nos dividen.

La agroindustria genera empleo masivo, pero con bajo nivel remunerativo y de especialización, condiciones que urge elevar. Por su parte, la minería ofrece empleos de alta calidad, pero es intensiva en capital y absorbe poca mano de obra.

Para transformar este crecimiento en un desarrollo real que llegue a cada hogar peruano, debemos dejar de lado las diferencias y tendencias políticas que tanto nos dividen. El progreso de la patria no tiene color partidario. Necesitamos encender, con urgencia y sentido de unidad, dos nuevos motores económicos: el turismo y la industria.

TURISMO E INDUSTRIA

El turismo es un motor descentralizador por excelencia; genera oportunidades y orgullo de nuestra identidad hasta en las zonas rurales más alejadas. Es inaceptable que recibamos menos de 4 millones de turistas al año cuando vecinos como Chile reciben el doble, o cuando el Caribe multiplica nuestras cifras. Nuestra riqueza cultural y natural da para triplicar ese objetivo con creces.

Por otro lado, la industria es la verdadera creadora de la clase media. Es la que genera empleo digno, formal y calificado.

LA BASE DE TODO: IMPULSAR LA EDUCACIÓN

Ninguno de estos cuatro motores podrá marchar si no transformamos el motor humano. La educación es el pilar fundamental de esta gran transformación.

Necesitamos educar a nuestros jóvenes, capacitar a nuestros técnicos y apostar por la innovación tecnológica. Si no elevamos el nivel educativo y técnico de nuestra gente, la agroindustria no dará el salto de calidad, el turismo no alcanzará la excelencia y la industria no tendrá la fuerza laboral que el futuro exige.

La educación es la herramienta más poderosa para cerrar las brechas y dar a cada peruano las mismas oportunidades de triunfar.

NUESTRA GRAN META GEOPOLÍTICA

El Perú se encuentra en una posición de transformación histórica para convertirse en el nodo logístico clave de la región. Sin embargo, nuestra ambición geopolítica y patriótica debe ir más allá: consolidarnos como el centro industrial, tecnológico y portuario del Pacífico Sudamericano.

Aprovechando estratégicamente nuestras Zonas Especiales de Desarrollo (ZED), potenciadas por el eje central Callao-Chancay, ZOFRATACNA y ZED Ilo, el Perú cuenta con la capacidad de atraer inversiones globales para industrializar recursos, generar valor agregado y exportar al mundo desde nuestras propias costas.

No obstante, la consolidación definitiva de esta visión nacional exige integrar de manera activa y prioritaria al sur del Perú en los flujos comerciales internacionales. El sur peruano posee una ubicación geoestratégica insustituible: es la fachada marítima natural para el Cono Sur y el centro del continente.

La interconexión con la enorme producción de la Amazonía brasileña, sumada al comercio marítimo de Bolivia, Paraguay, Uruguay y el norte argentino, encontrará en los puertos del sur su ruta más corta, económica y eficiente hacia los mercados del Asia-Pacífico.

EL EJE DEL SUR

Para dar sustento económico y operativo a esta integración, dos proyectos de infraestructura portuaria y de transporte se vuelven fundamentales.

El Corredor Ferroviario Bioceánico actuará como la columna vertebral del comercio continental, uniendo el Atlántico y el Pacífico. Permitirá que la producción agroindustrial, minera y manufacturera de Brasil, Bolivia y los países de la hidrovía Paraguay-Paraná cruce la cordillera de forma masiva y competitiva.

El Puerto de Ilo y el futuro megapuerto Almirante Grau de Tacna están llamados a ser las grandes puertas de salida de dicho corredor. Su desarrollo no solo diversificará la oferta portuaria nacional, sino que garantizará a los países mediterráneos del bloque un acceso soberano, profundo y de alta capacidad al océano de mayor dinamismo comercial del siglo XXI.

Articular el norte, centro y sur bajo esta visión integral nos permitirá dejar de ser un simple país de tránsito para convertirnos en la plataforma logística global e industrial ineludible de Sudamérica.

Este no es el proyecto de un gobierno o de un partido; es el proyecto de una nación.

Uniendo esfuerzos, trabajando como un solo puño y apostando por la mente y el talento de nuestra gente a través de la educación, dejaremos de ser un país de promesas para convertirnos en lo que estamos destinados a ser: una verdadera potencia sudamericana.

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