Tiempos recios, autoritarismo sobreviniente

Ante las amenazas y temores autoritarios, no cabe el silencio cómplice ni menos la complacencia oportunista; solo corresponde dignidad y carácter.

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POR: VICENTE ANTONIO ZEBALLOS SALINAS

PRESCRIPCIÓN, AMNISTÍA Y FUERO MILITAR

Prescripción, amnistía y fuero militar son temas en la agenda pública que nos colocan subrepticiamente en el contexto histórico de los años 90, un marco normativo pretencioso determinado a una estratégica alianza cívico-militar, mostrado con la exteriorización de una voluntad política excepcional no solo para limpiar la imagen comprometida con los latrocinios y las graves violaciones a los derechos humanos de aquellos años, sino también para recabar un encubierto activismo político, a sabiendas de la previsión constitucional de que “no son deliberantes”, con el interesado argumento de defender la democracia, mejor dicho, la democracia como la conciben aquellos, excluyente y con sesgos autoritarios.

No es extraño a esta circunstancia aquel llamado público a un golpe de Estado, cuando se percibía el posicionamiento de grupos políticos distantes a los poderes fácticos en nuestro país.

FUJIMORISMO Y PODER POLÍTICO

Consolidándose los resultados de la segunda vuelta electoral y la posibilidad cierta de que el fujimorismo retome el gobierno de manera formal, no cabe discutir que fue el eje gravitante de las decisiones políticas más relevantes de estos últimos años, particularmente en aquellas decisiones que generan aún inestabilidad política.

El Congreso saliente, con la parsimonia de los gobiernos de turno, le deja sobre la mesa los instrumentos necesarios para, sin rubor alguno, asumir un ejercicio de autoridad prepotente y arbitrario: leyes procrimen, independencia de los demás poderes estatales menoscabada, imposibilidad de iniciativas de reforma constitucional por ejercicio ciudadano, un Parlamento entronizado, un ejercicio de la protesta afectado por el acoso sistemático a las libertades; pues solo les corresponderá a los futuros gobernantes liberarse de culpas, señalando con agilidad que no son sus leyes y que simplemente les corresponde ejecutarlas, por lo que asumirán autoridad con el marco legal y político que necesitaban.

EL ARGUMENTO DEL ORDEN

El velado argumento de “recuperar el orden”, que todo lo que no encuadra bajo la subjetividad de sus prioridades partidistas e intereses está fuera de esa premisa, va evocando y advirtiendo de un gobierno autoritario, bajo el paño de nuestra democracia; el comportamiento político y las decisiones en la escena nacional sobre su bancada parlamentaria de su lideresa no hacen más que corroborar esta lectura. Y claro, bajo estas perspectivas, no es osado ir deslindando cuál será el futuro de nuestra relación con la Convención Americana de Derechos Humanos y su brazo jurisdiccional, la Corte Interamericana, como en aquellos años pretenderán sacudirse de la independencia de un órgano de control sobre los Estados y el respeto a los derechos humanos.

DEFENSA DEMOCRÁTICA

Si bien el panorama se propone sombrío, alertados de las improntas, corresponde desde la democracia ir articulando los mecanismos que ella misma nos sugiere para poner en salvaguarda nuestra institucionalidad; lo primero es recuperar el derecho ciudadano a un activismo más efectivo, no caer seducidos por el “todo está consumado”, el fácil acomodo o la desafectación democrática.

Tenemos que mantener nuestra lealtad constitucional, que implica acudir a su defensa irrestricta; lo segundo es impulsar y reactivar nuestras viejas organizaciones sociales, que permitan empoderar a los ciudadanos, y aquí cuentan, de sobremanera, sindicatos, gremios, colegios profesionales, etc.; y lo tercero, y no menos importante, preparar los instrumentos legales necesarios, sostenidos en una mayor cohesión y legitimidad ciudadana.

Ante las amenazas y temores autoritarios, no cabe el silencio cómplice ni menos la complacencia oportunista; solo corresponde dignidad y carácter, particularidades de un pueblo organizado.

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