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Rol de los padres en la educación remota y clases virtuales

Escribe: Wilfredo Mendoza Flores.

Definitivamente nuestro estilo de vida cambiará tan luego se normalice la emergencia nacional; pues, las actividades cotidianas, a que estábamos acostumbrados. Ya no más reuniones sociales, asambleas, viajes, aglomeraciones en las ferias, mercados, bancos, tribunas con aficionados de fútbol, básquet; pero sobre todo las clásicas formaciones y desfiles escolares en las instituciones educativas, hasta que el coronavirus desaparezca de la faz del planeta.

Han trascurrido 63 días desde que el Gobierno declaró el estado de emergencia nacional por la aparición del primer caso de contagio de coronavirus en nuestro país, dictándose las medidas preventivas de salud, así como el aislamiento e inmovilización social obligatoria.  El lado positivo de esta decisión es que, sin duda, se pudo prevenir y evitar que más personas se infecten. Sin embargo, a estas alturas, el lado negativo está reluciendo. Se está haciendo evidente que manejar un problema desconocido no ha sido ni es fácil y que se han tomado decisiones centralizadas y con poca visión. Además, se ha develado lo que ya era bastante obvio: el país no tiene una infraestructura hospitalaria y sanitaria aceptable. Algo más. Se ha hecho evidente de que la corrupción sigue vivita y coleando en estos tiempos de pandemia.

Si bien es cierto que las acciones iniciales fueron oportunas, pues así se evitó que haya demasiados enfermos infectados y fallecidos, también hay el apoyo económico a los que más necesitan con los bonos para todos en general, que momentáneamente son paliativos eventuales para aliviar la pobreza; pero ese apoyo no llega a los que más necesitan por la burocracia ineficiente e ineficaz y falta de decisiones en momentos cruciales.

Este panorama, lamentablemente, comenzó a cambiar a las pocas semanas de la cuarentena. Y las cosas se agudizaron en los sectores de la población que no respetaban la cuarentena y el toque de queda responsablemente; pues, se descuidaron temas más importantes como: el control y la organización de aglomeraciones que se presentaron al momento de entregar los bonos o cuando las personas realizaban sus compras produciendo desorden y caos en las ferias y mercados, pese a las prohibiciones y medidas impuestas por el Gobierno. Pero ni así disminuyeron el número de personas contagiadas, hospitalizadas y muerte de personas que en nuestro país pasan de dos mil. La salud y la vida requieren atención oportuna y la muerte, respeto.

CLASES VIRTUALES

En edición anterior abordamos brevemente el tema de las clases virtuales que vienen recibiendo los escolares y es necesario enfatizar que el aislamiento social o la cuarentena nos tomaron por sorpresa a todos; pero los más sorprendidos ha sido el profesor, que ha tenido que ingresar a los hogares mediante las aulas virtuales.

También se ha generado un desencuentro entre instituciones educativas y padres de familia que  impide aprovechar la oportunidad que nos da la naturaleza para cuestionar nuestros paradigmas y salir fortalecidos con el avance de la tecnología. Ante la incertidumbre ocasionada por el coronavirus es natural que la reacción o respuesta sea la preocupación o que tengamos miedo, angustia y frustración. Buscamos desplazar estos sentimientos hacia algo que sí podemos controlar con mesura, en este caso, la educación de nuestros hijos. Es necesario reflexionar para esclarecer el rol de los padres y madres de familia durante el desarrollo  del aprendizaje virtual en el hogar con las herramientas que se tiene a la mano.

Ahora son los padres, los que se han convertido en el hogar los principales conductores, tutores, administradores, compañeros de clase de sus hijos, aunque siempre han cumplido ese rol, no todos; pues hay padres que no viven con sus hijos. Por eso, hoy debemos hacer una revisión honesta de nuestros comportamientos y actitudes para seguir siendo el ejemplo que queremos que nuestros hijos imiten.

Uno de los problemas más frecuentes es la desconfianza de los padres hacia la educación a distancia manifestada cuando rondamos y fiscalizamos las clases virtuales.  El efecto se agrava cuando frente a nuestros hijos criticamos a sus maestros. El aprendizaje es un acto de fe, pues no se aprende de quien no se admira. Si desacreditamos a los profesores, a nuestros hijos les costará más abrir sus mentes para recibir conocimientos y aprender de ellos.

Otro problema es el control de los padres sobre el aprendizaje de sus hijos, cuando hacen las tareas por ellos y las cosas que deberían hacer o aprender a hacer por sí mismos. Esto genera en los niños inseguridad y disminuye su autoestima. Los padres tenemos la responsabilidad de enseñar a nuestros hijos el uso de herramientas tecnológicas que les permita salir adelante en situaciones difíciles y hacerse cargo de sus propias responsabilidades, asumir las consecuencias de sus actos, y aprender de sus errores tanto como de sus aciertos. No vaya a ser que el ocuparnos tanto en fiscalizar a los colegios y cuestionar a los profesores nos distraiga del rol que realmente corresponde a los padres.

Por tanto, es muy necesario que los alumnos, padres de familia y las instituciones educativas de Educación Básica Regular se adapten a la realidad para batallar en la educación remota o a las clases virtuales. Sigamos delegando a los profesores la formación y la enseñanza de nuestros hijos. Apoyémosle en su misión de instruir y ampliación de los conocimientos sin necesidad de cuestionar y criticar por criticar en estas circunstancias. Corresponde a los padres de familia y a las autoridades educativas hacer del aula virtual en el hogar lo más parecido al ambiente escolar. Recuerde que con el ejemplo se enseña y que el aprendizaje de los hijos es para siempre.

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