POR: FRANK OWER CURO ZAPANA
Hay preguntas que aparecen sin avisar: cuál es nuestra razón para vivir, cuál es nuestra esperanza para seguir adelante. ¿Pero cuándo ocurre esto? Tengo la sensación vaga de que nos vienen estas preguntas en nuestros momentos de incertidumbre o tal vez, solo tal vez, en cualquier momento de nuestro día a día. Entre todas ellas hay una que pesa más que las demás, y quiero hacerte una pregunta en forma personal para cada uno: “¿Quién soy?”.
Querido lector, si te preguntas qué respondería yo, diría: “¿Quién soy?” no es una pregunta que no quisiera responder, sino que es una pregunta que no quiero temer, porque, por ser adolescente, me da miedo pensar en la respuesta que, tenlo por seguro, voy a contestar: que no sé. No lo sé, es lo único que puedo responder, y a nadie culpo. Entiendo que el temor acaba, pero simplemente ya no quiero cargar con esto. Sé quién es él, quién es ella, incluso ellos, pero yo, ¿quién soy yo? La verdad, estoy cansado de la respuesta que voy a contestar, pero antes de hacerlo… iré por un café.
UNA CARTA DE VAN GOGH
Encontré una carta escrita por Vincent van Gogh a su hermano Theo van Gogh, donde el pintor sufría una crisis de identidad, tal vez donde muchos de nosotros nos pusimos a pensar, e incluso yo. La carta dice: “¿Quién soy yo? A los ojos de la mayoría de las personas, un don nadie, una no entidad existente, una persona desagradable, alguien que no tiene y que nunca va a tener una posición en la sociedad. En resumen, lo más bajo de lo bajo; empero, aunque eso sea absolutamente verdad, entonces un día quisiera mostrar mediante mi obra lo que este don nadie, esta no entidad, tiene en el corazón”.
Asimismo, podemos ver con más profundidad este tema con el personaje principal de la película “Rango”. Rango se encuentra perdido y comienza a cuestionar quién es y cuál es su propósito. Es un ser que, al principio, no sabe quién es ni cómo encajar en el mundo que lo rodea. A lo largo de su viaje, sin embargo, va descubriendo que la clave no es encontrar una respuesta fija a esa pregunta, sino entender que la vida misma es un proceso de autodescubrimiento.
EL CAMINO DE LA IDENTIDAD
Al final, lo que lo define es el valor de ser auténtico, de no tener miedo a no saber quién eres, sino de seguir adelante en la búsqueda y tener la osadía de crear tu propia identidad. A menudo nos encontramos perdidos, buscando nuestro propósito o nuestra identidad. Pero es que el simple hecho de cuestionarnos quiénes somos es una de las primeras señales de que estamos en el camino correcto para encontrarnos.
Entonces, ¿qué responderías si te pregunto quién eres tú? No me refiero a tu nombre, ni a tu edad, ni a qué te dedicas, sino a quién eres de verdad. Es normal que en algún momento de tu vida te quedes en blanco al intentar responderla, porque no tienes una respuesta clara, porque sientes que no tienes un rumbo, ni algo que te defina, ni un propósito que te sostenga como a otros.
Sientes que te mueves por la vida simplemente sobreviviendo, pero sin sentir que caminas hacia algo tuyo. Y es entonces cuando empiezas a cuestionarte: ¿soy bueno para algo? ¿Qué sentido tiene mi vida? Pero lo que nadie te dice es que absolutamente nadie nace con una identidad clara, y eso es justamente lo que nos hace humanos, porque la verdad nunca tendrás una identidad fija. Las experiencias de la vida nos hacen cambiar y eso no significa que no seas nadie, significa que todavía estás en proceso de convertirte en esa nueva versión.
Tal vez la pregunta “¿quién soy?” no existe para ser respondida de una vez y para siempre. Tal vez existe para recordarnos que estamos vivos, creciendo y convirtiéndonos, día tras día, en alguien nuevo.

