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¿Parlamento constituyente?

En el contexto actual, restituir el Senado, pasa por ayudar a solventar la delicada crisis de representación que tenemos en el Perú y se propone como un remedio al descrédito de nuestra representación parlamentaria.

POR: VICENTE ANTONIO ZEBALLOS SALINAS     

Un voto impidió que el Congreso apruebe en una primera legislatura la reforma constitucional para restituir en nuestro sistema político la Bicameralidad y una vez más una reconsideración la deja en suspenso; algo similar ocurrió hace 11 meses, tampoco se logró la votación de dos tercios que exige el marco constitucional, aunque con cada una de las votaciones obtenidas era posible convocar a referéndum, para que decidan los ciudadanos. El Congreso centraliza la potestad de una reforma constitucional de envergadura, excluye la posibilidad de la participación ciudadana y persiste en una segunda cámara, sin dimensionar los impactos políticos.

Debe ser uno de los parlamentos de más baja aceptación ciudadana en el mundo, es ya insuficiente alegar que los indistintos parlamentos comparados o en nuestra historia política siempre son vapuleados, y honra su baja performance con los sucesos cotidianos que nos propone, apegados a su autonomía funcional blindan con descaro las graves inconductas funcionales de sus pares, instrumentaliza sus mecanismos de control político acosando la independencia de otros órganos constitucionales, rompe con todo síntoma de institucionalidad, mantiene subyugado al ejecutivo y sin reparo alguno frente a la ciudadanía, prepotencia como atributo; en este contexto, tiene legitimidad para acudir a estos cambios constitucionales?

Poco tiempo atrás, cuando se impulsaba la reforma para una nueva Constitución, sea con iniciativa legal o con el recojo de firmas para forzar un referéndum hacia una Asamblea Constituyente, la respuesta fue: no estamos inmersos en un momento constituyente, el país esta polarizado y con graves desencuentros, no se podían construir los consensos políticos básicos para acudir a un proceso constituyente. El tema quedo zanjado, con el archivo de las iniciativas de reformas propuestos y con la ley que establece que toda reforma constitucional deber ser aprobada previa e indispensablemente por el Congreso. No obstante, y apegados a diversas encuestas la aceptación ciudadana por un proceso constituyente gradualmente se viene incrementando.

Sin embargo, el Congreso ha venido legislando sobre materias constitucionales, cual, si poder constituyente lo fuera, allí está la ley que acota la cuestión de confianza, y que como correspondía el Tribunal Constitucional-elegido por este mismo Congreso- decidido sobre su constitucionalidad o recientemente la habilitación para la gestión remota de la presidenta, contraviniendo de forma manifiesta nuestra Constitución. Tremenda paradoja, no hay consensos políticos suficientes para impulsar una reforma constitucional integral, pero a cuenta gotas se va amoldando la Constitución a intereses políticos subalternos por un Parlamento inmerso en la más grave deslegitimidad.

¿Qué significa tener una segunda cámara? Siendo uno de los parlamentos con menor representación en el mundo, permitiría fortalecer la relación densidad poblacional-representantes parlamentarios; incidiría en la mejora de la calidad normativa, se tendría una cámara revisora; transparentaría los procesos nominativos de altos funcionarios, liberado de los sesgos políticos de una sola cámara; se recuperaría la necesidad de una cámara reflexiva, que no decida con inmediatez y ligereza, que acuda a decisiones cautas, ponderadas, facilitando la gobernabilidad. Un claro ejemplo, encontramos en el actuar del Senado, cuando en su primer gobierno Alan García tomó la decisión de la “estatización de la Banca”, proyecto que paso muy rápidamente en la Cámara de Diputados, con un debate político ligero en su argumentación, luego fue contenida en la Cámara de Senadores, mucho más reposada y reflexiva.

En el contexto actual, restituir el Senado, pasa por ayudar a solventar la delicada crisis de representación que tenemos en el Perú y se propone como un remedio al descrédito de nuestra representación parlamentaria, que cada día si en algo se esmera es en profundizar la brecha de desconfianza y desapego ciudadano. La pregunta de rigor: una segunda cámara de por si ayuda a superar la crisis de representación en que estamos inmersos. Los Senadores, estarán ajenos a denuncias o antecedentes negativos, gozarán de solvencia moral para ejercer esta función, tendrán las aptitudes necesarias en la relevancia que exige el cargo, no traerán consigo la representación de interés oscuros, encontraremos en ellos disposición política para fortalecer nuestra institucionalidad, marcarán distancia de las consignas partidarias o de grupo; nada garantiza que estos atributos vengan con los nuevos representantes. Aquí la respuesta es mayor, acudir a una reforma política integral, no parcial ni mucho menos sesgada, que no sólo ponga énfasis en una mejor representación sino en una mejor decisión por parte de los electores y aquí tiene un rol importante el propio Estado, en participar agresivamente de la formación de una cultura cívica que este encaminada a un ciudadano informado un ciudadano que elige con corrección, es decir despertar un auténtico ejercicio de ciudadanía.

Las prisas del Congreso no pasan por dejar huella sobre una reforma necesaria, sino oportunista en su mezquinó interés de dejar las ventanas abiertas para dar continuidad a su alicaída gestión de representación, estableciendo la posibilidad de reelección en caso postulen al Senado. Cuán importante significado tendría, que, desde la Comisión de Constitución, hábilmente tomada por el fujimorismo, se hubiera iniciado un proceso de revisión integral de la Constitución, en perspectiva de mejorar nuestra gobernabilidad y fortalecer nuestra institucionalidad democrática, dado que muchos de los traspiés políticos de estos tiempos se originan precisamente en la interpretación antojadiza y direccionada de nuestra propia Constitución.

La cura de nuestra enfermedades políticas no pasan por una segunda cámara o Senado, sino por mejorar nuestra representación política; el  intento de incrementar el número de parlamentarios, desdoblar funciones y acotar competencias poco ayudan en ese objetivo, el énfasis debe proponerse por establecer requisitos de insoslayable atención que coadyuven a una representación más solvente, más competente, lo que implica necesariamente la mejora de nuestro sistema de partidos, que es el filtro ineludible para las propuestas, más allá de las elecciones internas o primarias; la representación de la que renegamos, es consecuencia del caciquismo o autoritarismo partidario, del que no nos sacudimos.

Terminamos con la idea plasmada en el primer párrafo, cuanto temor tiene el congreso de someter a referéndum la consulta sobre la restitución del Senado, lo que es una muestra clara del desprecio que se tiene por la opinión-decisión ciudadana, la misma que permitió en su momento elegirlos; excluirlos de manera persistente de tan importante decisión, es menospreciar su inteligencia, su propia sabiduría y discernimiento. El poder constituyente y aún estos poderes constituidos, descansan en la soberanía de los ciudadanos que es el sustento básico de una democracia o acaso no lo somos.

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