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La lucha por las ocho horas

POR: GERMÁN ARIAS HERRERA   

¿Qué pensarían Manuel Caracciolo Lévano, Delfín Lévano, Julio Portocarrero, Carlos Barba, Nicolás Gutarra, Adalberto Fonkén y tantos otros legendarios dirigentes del movimiento obrero peruano, que el Perú del 2022, hay jornadas de doce o más horas? Debemos recordar que fueron ellos los principales protagonistas que encabezaron la lucha y la conquista del derecho a las ocho horas de trabajo en 1919. Siendo el Perú, el primer país de América Latina en obtenerlo. Desde aquella época hasta nuestros días ha corrido mucha agua bajo el puente. Entre avances y retrocesos. No obstante, las viejas consignas de un siglo atrás, cobran inexorablemente renovada actualidad: ¡Queremos trabajo digno!

¿En qué momento surge el movimiento obrero peruano? Es necesario que nos remontemos hacia mediados del siglo XIX. En Lima, nacería la Sociedad de Artesanos y Auxilios Mutuos, conocidas también como agrupaciones mutuales, que se caracterizaron en la ayuda económica entre los artesanos, especialmente quienes sufrían accidentes, enfermedad, muerte u otro mal que no les permitía ejercer su labor.

Sin embargo, las mutuales carecían de la capacidad de poder enfrentar los problemas sociales, lo cual iba en aumento. Es por ello que, se crea en 1886, a través de un esfuerzo organizativo de los trabajadores la Confederación de Artesanos Unión Universal que, tuvo una importante acogida y donde confluyeron diversos gremios como carpinteros, sastres, peluqueros, gasfiteros, panaderos y otros. Aunque no tardaría en ser cuestionado por los radicales por su carácter reformista y conservador.

La huelga de 1896, lo protagonizaron los obreros textiles de Vitarte. Este fue el primer gran conflicto industrial de la época. Luego, acontecieron diversas protestas de los trabajadores portuarios del Callao, la más representativa fue en 1904 que se prolongaría por veinte días. En dicha huelga, las fuerzas represivas del Estado apagaron la vida de Florencio Aliaga, primer mártir del movimiento obrero peruano. Por otro lado, la Federación de Obreros Panaderos “Estrella del Perú” romperá con la Federación de Artesanos. De este modo, se convertiría en el principal eje articulador de las luchas obreras urbanas.

Al año siguiente, la Federación de Panaderos convocó el 1 de mayo a un acto para conmemorar el día internacional de los trabajadores. A este evento asistieron aproximadamente cinco mil personas. Los oradores principales fueron el dirigente panadero Manuel Caracciolo Lévano y Manuel Gonzáles Prada. El acuerdo unánime fue iniciar una lucha común por la jornada de las ocho horas.

Se debe resaltar que, el desarrollo de la conciencia de los trabajadores fue estimulada por las ideas anarquistas. Entre sus más brillantes promotores se encuentra el ya mencionado González Prada que, fue uno de los primeros intelectuales en trabar relaciones con los obreros. En concreto, los anarquistas explicaban que la culpa de la situación de los trabajadores era por la explotación de los capitalistas. Y que, era necesario combatirlo mediante huelgas y otras medidas de lucha obrera. En este sentido, se reconoció la importancia de la organización de los trabajadores en sindicatos, es así que, pasarían a constituirse como anarcosindicalistas. Además, iniciarían la prensa obrera: El Oprimido, Los Parias, La Verdad, La Protesta, etc. Un principio que más destacaría a este movimiento sería la solidaridad de clase.

En 1911, se produjo la huelga de los obreros de la Textil Vitarte. Que pedían aumento de salarios y supresión del trabajo nocturno. La respuesta de la patronal fue desalojarlos de las viviendas en que habitaban y que era propiedad de la empresa. Esta situación provocó gestos de solidaridad de los gremios obreros y de la población. En consecuencia, se gestaría el primer paro general que fue un rotundo éxito. Los obreros textiles no solo retornaron a su trabajo, sino que también obtuvieron mejoras laborales.

En 1913, los jornaleros portuarios presentaron su pliego de reclamos en donde precisaban dos puntos centrales: 8 horas de trabajo y aumento salarial. Ante la respuesta negativa del gobierno de Billinghurst, entraron en huelga. La medida que adoptaron contó con la solidaridad de otros gremios del Callao. Posteriormente, el gobierno otorgó las ocho horas a los trabajadores del Callao y un incremento salarial.

La conciencia y la organización acumulada del movimiento obrero que se traduce en huelgas, paros, despidos colectivos, prisiones, torturas y listas negras, desembocó en el paro general de enero de 1919. Fueron varios días consecutivos de lucha. La consigna era las tres ocho: 8 horas de trabajo, 8 horas de sueño y 8 horas de descanso. Los estudiantes sanmarquinos respaldaron el paro y tuvieron un papel de intermediarios entre los sindicatos y el gobierno de José Pardo. Se ha pretendido hacer figurar a Haya de la Torre como el gran arquitecto de las ocho horas. Pero es mentira. De hecho, fue una “actitud generosa” del estudiantado en palabras del textilero Julio Portocarrero, pero de ninguna manera les otorga el mérito de la conquista. Más bien, fue la más importante victoria del anarcosindicalismo.

Finalmente, la reflexión del dirigente zapatero Carlos Barba, después del triunfo de las ocho horas es un claro ejemplo de abnegación y consecuencia de esta clase trabajadora: “a estas alturas es bueno recordar el espíritu de lucha, la identificación total y la sólida unidad de los trabajadores que nos habíamos propuesto llevar adelante nuestras justas y revolucionarias luchas. Y ello explica, porque no estábamos podridos, teníamos una moral revolucionaria (…) éramos enemigos de toda verticalidad, de toda argolla o camarilla”.

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