La educación en agenda: una oportunidad que no puede convertirse en un retroceso

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POR: FREDDY ROQUE OROVILLA   

Que la educación vuelva a ocupar un lugar central en la agenda política nacional debe ser, antes que un motivo de rechazo, una oportunidad que el país tiene que aprovechar. El Perú necesita discutir seriamente qué educación queremos, cómo cerrar las brechas de infraestructura y conectividad, cómo fortalecer a nuestros directivos y docentes y, sobre todo, cómo garantizar aprendizajes pertinentes y de calidad. El Plan Nacional de Educación 2026 – 2031 -aunque políticamente se presente como una nueva hoja de ruta- coloca varios de estos conocidos problemas sobre la mesa.

UN PLAN QUE NO DEBERÍA CONVERTIRSE EN REFUNDACIÓN

El problema aparece cuando una legítima preocupación nacional, dados los resultados de PISA y la ENLA 2025, se convierte en una narrativa de “volver a empezar”. La propuesta de Keiko Fujimori y José Antonio Chang corre ese riesgo. Su discurso reivindica la necesidad de “recuperar el rumbo”, mientras presenta como una solución una combinación de infraestructura, una hora diaria de lectura, mayor énfasis en contenidos, evaluación docente, conectividad, entrega de kits escolares. Varias de estas medidas pueden ser necesarias; lo cuestionable es presentarlas como si el sistema educativo peruano hubiera estado detenido o equivocado durante los últimos años.

CHANG, UNA GESTIÓN CON LUCES Y SOMBRAS

Más preocupante resulta la afirmación de Fujimori de que Chang habría sido “el mejor ministro de educación de las últimas décadas”. Esa valoración desconoce que su gestión durante el segundo gobierno de Alan García tuvo luces y sombras. Hubo avances que deben reconocerse, como la apuesta por la meritocracia docente con la Carrera Pública Magisterial, el Colegio Mayor. Pero también existieron cuestionamiento relacionados con la confrontación con el magisterio, programas de resultados discutibles y negativos como el Plan Piloto de Municipalización de la Gestión Educativa, el programa de alfabetización e inversiones cuestionadas (Laptop XO adquiridas sin licitación, la construcción de colegios emblemáticos mediante Decreto de Urgencia con empresas vinculadas a la USMP).

CONTINUIDAD POLÍTICA FRENTE A CONFRONTACIÓN POLÍTICA

Por ello, resulta paradójico que quienes hoy hablan de continuidad de políticas públicas hayan participado, desde 2016, en un escenario político marcado por el bloqueo y la confrontación con gobiernos elegidos democráticamente, mientras el Ministerio de Educación ha sufrido una elevada rotación de ministros. La continuidad educativa no puede ser una consigna selectiva: debe convertirse en una política de estado.

CULPAR AL PASADO, UNA NARRATIVA POLÍTICA A DISCUTIR

También debemos discutir la retórica de culpar permanentemente a los gobiernos anteriores. Este mecanismo forma parte de una narrativa política de corte libertario que viene instalándose en la memoria colectiva de algunos países sudamericanos gobernados actualmente por la derecha y extrema derecha: todo lo anterior se presenta como fracaso y el nuevo gobierno como el único capaz de “ordenar” y “salvar” al país.

LA EDUCACIÓN QUE NECESITAMOS

El Perú no necesita otra refundación educativa. Necesita acumular aprendizajes institucionales, evaluar lo que funcionó, corregir lo que fracasó y profundizar las reformas pertinentes. La conectividad, por ejemplo, es indispensable, pero no basta con llenar escuelas de tecnología sino existe mediación pedagógica y formación docente. Del mismo modo, leer mas no significa necesariamente comprender mejor: la lectura debe estar vinculada con oralidad, pensamiento crítico, dialogo y experiencias significativas.

Debemos aprovechar que la educación vuelve a estar en agenda, pero impedir que esa agenda sea capturada por la nostalgia de los kits escolares, el clientelismo, la confrontación política inútil o las recetas caducas. Tampoco debería reducirse a una disputa entre “contenidos” y “competencias”, “evaluación” y “derechos docentes”, “tecnología” y “pedagogía”.

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