POR: DR. PHD JAVIER FLORES AROCUTIPA
La estructura productiva de Moquegua confirma una dependencia minera extraordinariamente elevada. En 2025, la extracción de minerales representó el 48,4 % del valor agregado bruto regional y la manufactura minera, principalmente fundición y refinación, otro 30,7 %.
Ambas actividades concentraron directamente el 79,1 % del VAB; si se incorpora parte de la electricidad y de los servicios vinculados, la dependencia supera razonablemente el 80 %. En contraste, la agricultura y los restaurantes participaron con el 0,8 % cada uno; el comercio, con el 1,8 %; el transporte, con el 1,4 %; y las telecomunicaciones, con el 1,0 %.
CRECIMIENTO CON ALTA DEPENDENCIA
Esta especialización genera producción, exportaciones, canon, regalías y empleos bien remunerados, pero también expone a Moquegua a los precios internacionales del cobre, a las decisiones de Southern y Anglo American, a las paralizaciones y al agotamiento futuro de los yacimientos. La minería puede producir crecimiento sin generar necesariamente diversificación ni bienestar territorial.
LA IMPORTANCIA DE LOS ENCADENAMIENTOS PRODUCTIVOS
La evidencia peruana es ambivalente. Un estudio publicado en World Development encontró que los distritos mineros presentan mayor consumo y menor pobreza, pero también mayor desigualdad y escasos beneficios para los distritos vecinos (Loayza y Rigolini, 2016).
Otra investigación concluyó que las compras locales de Yanacocha elevaron los ingresos y el bienestar mediante encadenamientos productivos (Aragón y Rud). Por tanto, importa más la articulación con proveedores regionales que la extracción aislada.
LAS EXPERIENCIAS DE ANTOFAGASTA Y BOTSUANA
Antofagasta constituye una advertencia comparable: pese a su fuerte crecimiento cuprífero, conserva características de enclave antes que de verdadero clúster regional (Arias et al.). Botsuana logró progresar mediante los diamantes, pero su dependencia actual demuestra la vulnerabilidad de una diversificación incompleta.
En conclusión, la minería puede financiar el desarrollo de Moquegua, pero no lo garantiza. El canon y las regalías deben convertirse en educación, innovación, infraestructura hídrica, agricultura tecnológica, turismo y proveedores mineros exportadores.
Sin esta transformación, Moquegua seguirá siendo una economía rica en producción, pero vulnerable, concentrada y dependiente, donde los que sí ganan son los accionistas de las empresas mineras.


