Redactor: Valeria Coca
2026-09-18
Pascual Romaina recuerda que temblaba y lloraba durante su primer enfrentamiento como militar. Se había refugiado detrás de una piedra y todavía no había disparado. Cuando sus compañeros le preguntaron si ya lo había hecho y respondió que no, recuerda que le advirtieron: “entonces vas a comer pólvora”.
Años después, durante una operación de reconocimiento en Juanjuí, San Martín, su vida cambió. Romaina relata que viajaba en la primera camioneta cuando divisó a tres hombres que parecían militares, pero algo en su vestimenta le llamó la atención. “Ellos no son soldados”, recuerda haber advertido. Los hicieron bajar y entonces comenzaron los disparos. Había un explosivo colocado debajo del vehículo. “La carrocería me salvó a mí, pero al querer salir me voló la pierna”, cuenta.
Su historia está dentro del Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social (LUM).
Romaina es uno de los 18 protagonistas de la sala permanente ‘Una persona, todas las personas’, que reúne testimonios audiovisuales de ciudadanos afectados durante el periodo de violencia terrorista de 1980 a 2000. En la exposición, es presentado como un militar que quedó discapacitado tras un enfrentamiento con el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) en Juanjuí.

Su testimonio no es el único. En esa misma sala aparecen relatos de personas afectadas por distintas formas de violencia ocurridas durante esas dos décadas. Según explica el propio LUM, las narraciones muestran sus luchas por conocer la verdad, conseguir justicia y alcanzar una vida más digna. Estos testimonios también pueden consultarse a través del recorrido virtual de la exposición.
Pese a ello, la diputada de Fuerza Popular Rosangella Barbarán afirmó recientemente, durante una entrevista en el programa ‘Prueba de Fuego’ de RPP, que las víctimas del terrorismo no han tenido espacio en el museo.
Pero basta continuar el recorrido en el LUM para encontrar más historias.
Teodosio Valenzuela Quispe desapareció el 14 de mayo de 1988 en Cayara, Ayacucho. Su rostro permanece en el LUM, entre las fotografías que forman parte del espacio dedicado a las personas desaparecidas.
Miguel Ángel Quispe Conde desapareció en julio de 1984 en Santa Rosa, provincia de La Mar, también en Ayacucho. De él queda, entre otros recuerdos, un certificado de estudios que hoy forma parte de la muestra.

Un poco más adelante, las fotografías dejan paso a los objetos. Un pañal de tela. Una chompa de lana. Un pequeño chullo.

Las prendas pertenecieron a un niño y fueron recuperadas durante las exhumaciones realizadas en 2008 en la fosa clandestina de Putis, donde fueron hallados restos de víctimas de la masacre ocurrida en esa comunidad de Ayacucho en 1984. Posteriormente fueron donadas al LUM por el presidente de la Asociación de Víctimas de Putis y hoy permanecen en el primer nivel del museo.
No todas estas historias tienen el mismo responsable. El LUM reconstruye un periodo en el que la población sufrió tanto la violencia de las organizaciones terroristas como graves violaciones de derechos humanos perpetradas por agentes del Estado. Por ello, la presencia de los desaparecidos de Ayacucho o de las prendas recuperadas en Putis no basta para responder específicamente a la afirmación de Barbarán sobre las víctimas del terrorismo.
Para hacerlo hay que continuar recorriendo el museo.
Y volver a Tarata.
Tarata tampoco está ausente
El 16 de julio de 1992, un comando del Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso hizo detonar un coche bomba en la calle Tarata, en Miraflores.
El LUM cuenta esa historia.
Su Centro de Documentación e Investigación conserva una fotografía de aquel atentado acompañada por una descripción que identifica expresamente a Sendero Luminoso como autor. Según las cifras de la Comisión de la Verdad y Reconciliación recogidas en la ficha, 25 personas murieron y otras 155 resultaron heridas.
Entre ellas estaba Graciela Martínez. Ella sobrevivió. Su hija, no.
Su historia acompaña una fotografía de la colección del reportero gráfico Óscar Medrano Pérez. La imagen fue publicada años después con un título de una sola palabra: ‘Sobreviviente’. Hoy también forma parte del archivo documental del LUM.

Tarata tampoco permanece únicamente dentro de un archivo digital.
Al cumplirse 30 años del atentado, en julio de 2022, el LUM realizó un recorrido conmemorativo por su exposición permanente. La actividad recordó las acciones de Sendero Luminoso en Lima y terminó en la sala Ofrenda, donde se colocó una pizarra en memoria de las víctimas del atentado.
Tres años después, en julio de 2025, el museo volvió a dedicar un recorrido al episodio. Esta vez lo llamó ‘Memoria y homenaje: Calle Tarata y sus víctimas’.
Precisamente Tarata fue el caso que Barbarán escogió para sustentar su afirmación.
Y dentro de esa historia mencionó un nombre: Vanessa.
La historia de Vanessa tampoco ha sido ajena al LUM
Vanessa Quiroga era una niña cuando ocurrió el atentado de Tarata. Sobrevivió a la explosión, pero perdió una pierna. “¿Alguien ha hablado de ella?”, preguntó Barbarán durante la entrevista.
Los registros del propio LUM muestran que sí.
En julio de 2017, cuando se cumplieron 25 años del atentado, el museo realizó una ceremonia de homenaje a sus víctimas y familiares. Participaron familiares de cinco personas fallecidas, autoridades y representantes del LUM. Vanessa también fue reconocida.
El registro institucional señala que, posteriormente, el entonces director del LUM participó junto con la Municipalidad de Miraflores en la entrega de un reconocimiento a Vanessa Quiroga Carvajal como sobreviviente del atentado.
Su historia también llegó al Centro de Documentación e Investigación del museo. Entre sus materiales existen trabajos que reconstruyen su experiencia, como ‘Mi historia…’, una historieta elaborada en 2019 sobre una niña que pierde una pierna como consecuencia del coche bomba de Sendero Luminoso en Miraflores.
Así, el mismo atentado y la misma sobreviviente que Barbarán mencionó para cuestionar al museo sí aparecen en los registros y actividades vinculados al LUM.
Y Tarata tampoco es la única historia de víctimas de organizaciones terroristas que puede encontrarse allí.
Al continuar el recorrido, aparecen también las organizaciones que durante décadas han reclamado justicia y reconocimiento. Un gran panel lleva por título ‘Las asociaciones de víctimas’ y recuerda el papel que estas agrupaciones han tenido durante y después del periodo de violencia.

El recorrido termina algunos metros más arriba.
PerúCheck solicitó precisiones a Rosangella Barbarán
PerúCheck consultó a Rosangella Barbarán sobre el sustento de su afirmación y qué entendía por que las víctimas del terrorismo no hubieran tenido “espacio” en el LUM. La diputada precisó que no se refería únicamente a que las víctimas fueran mencionadas dentro de la exposición, sino a que aquellas que han cuestionado públicamente el contenido del museo puedan contar su propia experiencia.
“Ese es el sentido de mi afirmación: no basta con que una víctima aparezca mencionada; debe poder ser escuchada y tener un espacio para contar su experiencia”, respondió. Según Barbarán, existen víctimas que han cuestionado la exposición e incluso se han manifestado en los exteriores del LUM para reclamar ser escuchadas.
Sobre Vanessa Quiroga, a quien mencionó durante la entrevista en RPP, Barbarán señaló que ha participado junto a ella en diferentes actividades y sostuvo que, después de que Quiroga fuera invitada a la colocación de la primera piedra del LUM, no habría sido consultada ni entrevistada respecto al contenido de la exposición. Añadió que la sobreviviente del atentado de Tarata ha sido una de las personas que ha cuestionado públicamente lo presentado por el museo.
Ante la evidencia recogida por PerúCheck sobre la presencia de testimonios de víctimas de organizaciones terroristas en el LUM, Barbarán sostuvo: “Mantengo mi posición de que ninguna de las víctimas que han reclamado han tenido espacio para exponer su verdad”.
La diputada agregó que, a su juicio, un espacio de memoria debe “condenar de manera clara y contundente al terrorismo” y reconocer a las organizaciones terroristas como responsables de los crímenes cometidos. También consideró que las propias víctimas que cuestionan al LUM deberían ser entrevistadas.
Conclusión
Rosangella Barbarán afirmó que ninguna víctima del terrorismo ha tenido espacio en el LUM. Como ejemplo, mencionó a Vanessa Quiroga y el atentado de Tarata. Sin embargo, PerúCheck constató en el propio LUM que el museo incluye testimonios de víctimas de organizaciones terroristas, como el militar Pascual Romaina, y verificó que el espacio ha documentado y realizado actividades sobre Tarata y sus víctimas, incluida Vanessa Quiroga. Por estos motivos, PerúCheck califica la afirmación de Rosangella Barbarán como falsa.

