POR: FERNANDO VALDIVIA CORREA
Es irrefutable que el 7 de diciembre de 2022 Pedro Castillo cometió un golpe de Estado o, dicho de manera correcta, conspiración para la rebelión, delito por el que fue sentenciado a más de 11 años de cárcel cerca de tres años después, purgando condena en el penal de Barbadillo. A partir del día siguiente, una constante campaña ha intentado sacarlo de los barrotes.
Así, durante el breve periodo de José María Balcázar (febrero a julio de 2026), continuaron presentándose pedidos de gracia presidencial a su favor. Hacia fines de julio, estos acumulaban cerca de quince desde 2023, varios de ellos rechazados, declarados inadmisibles o archivados por la Comisión de Gracias Presidenciales del Ministerio de Justicia, pese a la oposición pública inicial del octogenario exmandatario.
Asimismo, en la pasada lid electoral, el postulante Roberto Sánchez pretendió emularlo con el característico sombrero chotano. No lo logró. Como tampoco lo hizo el politizado exfiscal del desactivado Equipo Especial Lava Jato, José Domingo Pérez, reconvertido en su abogado, agitándose descontroladamente y balbuceando su liberación. En esa misma línea, no bastaron las palabras de aliento —o quizá de compasión— de su otrora padre político, Vladimir Cerrón. A ello hay que agregar —o restar, según el caso— la infinidad de demandas de habeas corpus exigiendo su salida de la cárcel, varias de ellas declaradas infundadas.
Pero, a pesar de estos reveses, la vida a Pedro Castillo sí que lo favorece. En el Congreso, específicamente en la Cámara de Diputados, Catherin Palomino preside la Comisión de Justicia y Derechos Humanos, en tanto que, en Energía y Minas, Yenifer Paredes es la titular. La primera es considerada por la prensa como la “amiguísima” del profesor Castillo, logrando ser una de sus más fieles seguidoras al visitarlo más de sesenta veces. Y la otra, llamada la “cuñija”, al ser la cuñada del expresidente y haber sido criada por este como una hija. Ambas, sin experiencia previa como autoridades electas.
A ello se suma José Mercedes Castillo Terrones, vocero de Juntos por el Perú en el Senado. Y todo esto, ante el asombro casi generalizado de sus demás compañeros de bancada.
Paralelamente, Sánchez Palomino está fuera del radar político —hoy mendiga, perdón, apoya a Verónika Mendoza para el Gobierno Regional del Cusco—; Ricardo Belmont, dizque, anda atareado en la campaña a la Alcaldía de Lima; y Jorge Nieto no tiene mayor relevancia al acabársele el doble discurso; vale decir, gesticula mucho, aunque no profundiza en ideas verificables. Hasta Cerrón Rojas está inubicable. Aparecía seguidamente en la pantalla cuando era “buscado” por el comandante general de la PNP, Óscar Arriola. El único que conserva cierto capital político es Alfonso López Chau, dada su posición de senador.
Con este panorama sombrío —o alicaído— de la izquierda, Pedro Castillo es el perdedor que cosecha importantes victorias.

