POR: OMAHAR TORRES MENDOZA
Cuando en las redes sociales o cualquier otro medio de comunicación empiezan a difundir información que no puede ser corroborada o validada en su certeza o veracidad, empieza a cumplir la función de alterar la autenticidad, orientando los pensamientos, con un público cautivo y conformista, mucho más cuando se realiza en época electoral. La manipulación mediática está en proceso.
Desde hace muchos años extrañamos las campañas políticas en las que se exponían planes de gobierno, proyectos viables de obras e infraestructuras, se utilizaba el debate alturado para confrontar ideologías. Ahora es más fácil hacer proselitismo de quien pinta más paredes o piedras a lo largo de las vías con el nombre del candidato, y que durante varios lustros seguirán allí sin que nadie cumpla el compromiso de borrarlas o retirarlas.
Noam Chomsky, lingüista y filósofo norteamericano, ha planteado que primero se da la estrategia de la distracción. Entre más distraído esté el elector con temas intrascendentes, más fácil será direccionar por quién votar, sin valorar a quién se elija para lograr un futuro más auspicioso para un país, región, provincia o distrito. Para ello, es muy difundido el decálogo de estrategias sobre cómo se distorsiona para tener el control de masas, para generar un voto sentimental o emotivo que no se sustenta en el análisis o evaluación de las propuestas.
Luego se crean problemas para ofrecer soluciones, para que salgan los cuasi futuros gobernantes a predicar los milagros que harán en caso de ser ganadores. Después se inicia la estrategia de la gradualidad: hacer obras o acciones poco a poco para no generar una reacción general. Después, diferir el sacrificio, porque entre más tiempo estén las autoridades en el cargo, más distantes son los plazos de cumplir promesas, y como rápido nos resignamos, aceptamos en silencio la inoperancia.
Y el que se dirijan al público como menores de edad es muy repetitivo entre los postulantes que buscan que no seamos críticos o analíticos, para pasar a la etapa de utilizar el aspecto emocional más que la reflexión, con sentimentalismos, porque tu esperanza, temor, alegría, enojo vale un triunfo electoral. Porque, para lograr ello, entre más tiempo se mantenga al ciudadano en la ignorancia de los temas de gobierno, la manipulación mediática cumple sus fines.
Los tres pasos finales del direccionamiento son la estimulación a ser complacientes con lo mediocre, haciéndote creer que no necesitas capacitarte, aprender; para eso están tus salvadores electoreros, para pasar a hacerte sentir culpable de que no salimos del atraso económico, social o de ciudad, y finalmente hacer creer que nos conocen mejor de lo que cada ciudadano se conoce, para aplicar el convencimiento de que el aspirante a un cargo de autoridad es mejor que los otros.
Si tan solo ya han sido utilizadas la mitad de estas tácticas, debes empezar a preocuparte, porque sigues siendo parte del problema y no de la solución. El voto es secreto, pero también debe ser crítico, analítico, comparado. Son cuatro años los que dura un periodo de gobierno regional o municipal y, si creemos que es tiempo de cambiar, aún estamos a tiempo de leer más, averiguar quiénes son los candidatos, lo bueno y lo malo de sus antecedentes, la factibilidad de sus planes de gobierno, porque una vez efectuado el voto, ya no hay marcha atrás. No vaya a ser que te vendan gato por liebre.

